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Me refiero a que las relaciones de poder suscitan necesariamente, exigen a cada instante, que se abran las posibilidades de resistencia, y porque hay posibilidad de resistencia y resistencia real, el poder de quien domina trata de mantenerse con mucho más fuerza, con mucho más astucia cuanto más grande es esa resistencia

Michael Foucault, El poder, una bestia magnífica

Los conservadores, la extrema derecha y los liberales ortodoxos, como el intelectual orgánico Enrique Krauze, afilan las armas de la irracionalidad para combatir las conquistas históricas de la democracia directa, la democracia creada por el pueblo de Atenas, queriéndose ir a la yugular de una de sus libertades fundamentales para defenderse, incluso de la democracia indirecta o representativa, cuando ésta, a través de los poderes del Estado ejercidos por funcionarios-autoridades desde las instituciones, aplican reglamentaciones autocráticamente para disminuir o incluso suprimir esas libertades.

De esta manera irrumpen los regímenes que desde Esparta se han ido transformando en dictaduras, tiranías, monarquías preconstitucionales o golpes de Estado nazifascistas-stalinianos que, en América Latina, llegaron al videlismo-pinochetista. La democracia directa es el único medio político-jurídico moderno y contemporáneo para salir al paso de toda barbarie y sus nuevos portavoces que buscan no la paz democrática que tiene a la democracia directa e indirecta como vasos comunicantes, sino la “paz perpetua” de las cárceles y de los sepulcros (Immanuel Kant, La paz perpetua).

Los seudoliberales se presentan como adalides del liberalismo económico, sacrificando el liberalismo político o poniéndolo al servicio de aquel, con lo cual se ha dado origen al neoliberalismo económico, en los términos esclarecedores del análisis y revisión de esta ideología que sintetiza al capitalismo más salvaje con el individualismo-liberal que desprecia al demos: pueblo (Christian Laval y Pierre Dardot, Ensayo sobre la sociedad neoliberal. La nueva razón del mundo, Gedisa, 2013). Así nos encontramos con los falsos profetas como Krauze y su séquito, impregnado de religiosidad (liberales embriagados de lo que RC Zaehner tan bien explica en su ensayo “El instinto religioso”, volumen primero del libro Esquema del conocimiento contemporáneo, coordinado por Alan Pryce Jones, ediciones La Isla).

Éstos, junto con el peñismo y el mancerismo, se preparan para atacar los fines constitucionales de corte favorable a la democracia directa de los Artículos 1, 3, 6, 7 y 8, con su factor común, el Artículo 9, para impedir o disminuir que los mexicanos salgan a las calles para “hacer una petición o presentar una protesta, por algún acto, a una autoridad, si no se profieren injurias contra ésta, ni se hiciere uso de la violencia o amenazas para intimidarla u obligarla a resolver en el sentido que se desee”.

Historiador de tijeras y engrudo, Krauze se pregunta en su colaboración periodística con tufo a religiosidad titulada “El derecho natural de protestar” (Reforma, 13 de octubre de 2013): “¿protestar dentro y fuera de las instituciones y conforme a las leyes?”. Quiere que la voluntad soberana del pueblo se mida en votos, pero no en su capacidad de movilización, porque ignora o se hace el que no sabe que existe la democracia directa. Y ésta, que históricamente ha llegado a culminar en revueltas y revoluciones, debe manifestarse constantemente para ejercer el contrapoder cuando el poder de los gobernantes y las instituciones abusan o no acatan que se ha de gobernar en beneficio del pueblo, integrado por minorías y mayorías… Y no solamente por la tiranía de la minoría de las elites políticas, económicas y culturales. Ya Michelangelo Bovero, sustentando sus análisis en Norberto Bobbio y su propia cosecha, ha puntualizado la “libertad” de los seudoliberales en su texto: ¿Cuál libertad? Diccionario mínimo contra los falsos liberales, donde aparecen, con el suyo, nueve ensayos con extraordinaria traducción de Queale Aureli Sciarreta, para editorial Océano de México, 2010.

La cuestión es que en la forma a la Krauze no quiere llamar por su auténtico nombre a lo jurídico, como a su contenido o su fin, y es que las personas en general, individual y colectivamente, con arreglo a la democracia directa sustentada en los artículos 39 y 136, pueden y deben protestar dentro y fuera de las instituciones para la libre manifestación de las ideas, asociándose o reuniéndose –en la calle, que es el espacio para ejercer la democracia directa– para cualquier objeto lícito; para tomar parte en los asuntos políticos del país, para protestar y ejercer el derecho de petición y así lograr acuerdos que los diputados y senadores con los poderes ejecutivos e incluso judiciales no toman en cuenta.

Krauze y sus socios favorecen solamente una cara de la democracia, es decir, la indirecta y representativa, queriendo clausurar la democracia directa que siempre ha estado presente para resolver “con más democracia los problemas de la democracia” (Al Smith). La democracia directa para manifestarse contra instituciones y funcionarios es para desatar los nudos autoritarios que se oponen a realizar transacciones entre gobernados y gobernantes, “para posponer lo que estorba a la unión [que es diferente a la unidad], a favor de lo que contribuye a ella” (Hans Kelsen, Esencia y valor de la democracia). La respuesta a la pregunta de Krauze y los panistas es que el pueblo, a través de sus campesinos, maestros, obreros, estudiantes, etcétera, deben y pueden protestar dentro y fuera de las instituciones y leyes de contenidos autoritarios.

*Periodista

 

 

 

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