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La dictadura católica que encabezó en España Francisco Franco durante más de 30 años (de 1939, hasta su muerte en 1975) ha sido uno de los paradigmas de la ultraderecha latinoamericana.       
 
Mientras en España se enfrentaba el bando progresista, republicano, contra el conservador franquista en una guerra civil que transcurrió de 1936 a 1939 y fue preludio de la Segunda Guerra Mundial, en México el franquismo encontraba sus principales admiradores en las dispersas bandas cristeras que se enfrentaban al gobierno de Lázaro Cárdenas y en organizaciones como la Unión Nacional Sinarquista.
 
Esos sectores querían implantar en México un gobierno como el que tenía entonces España, con una ideología basada en la hegemonía católica y en el anticomunismo.
 
A la llegada del franquismo al poder en España, se derogó el matrimonio civil y el divorcio; se restableció la intervención del clero en el Ejército; se implantó la enseñanza religiosa en los recintos universitarios y escuelas profesionales; se estableció la asesoría eclesiástica de los sindicatos y en 1953 se firmó un concordato con El Vaticano donde se prescribió que “la religión católica, apostólica y romana sigue siendo la única de la nación española y gozará de los derechos y prerrogativas que le corresponden en conformidad con la ley divina y el derecho canónico”.
 
En las décadas posteriores, en México el culto a Franco siguió floreciendo, lo mismo en las filas panistas que en sectores clericales y en escuelas confesionales, donde algunos fuimos educados con textos de “moral” (eufemismo para referirse a la enseñanza religiosa, supuestamente prohibida en aquel tiempo) provenientes de la España franquista, donde se enseñaba el catecismo y el miedo al demonio ataviado con tridente, cola y cuernos, o se repartían estampas con el adagio: “Dios cuenta tus lágrimas y no tus alegrías”.
 
Sin embargo, gracias al laicismo prevaleciente entonces en nuestro país, veíamos desde muy lejos el salvaje autoritarismo que se vivía en la España franquista, donde la propaganda oficial elogiaba hasta el cansancio las supuestas virtudes de Franco y del catolicismo militante a la vez que fomentaba el odio contra el librepensamiento y contra las corrientes progresistas.
 
Flechas y Pelayos
 
En su libro Flechas y Pelayos. Moral y estilo de los niños franquistas que soñaban imperios (Edaf, Madrid, 2000), el escritor y periodista español Luis Otero reproduce muchos documentos que ilustran la forma en que se educaba a los niños en la España franquista, al inculcarles el ideal de llegar a ser “mitad monjes y mitad soldados” para ponerse al servicio de la dictadura católica imperante en su país.
 
El título de la obra hace referencia a dos semanarios de la época franquista destinados a niños y jóvenes: Pelayos, editado por los carlistas (organización profranquista de corte monárquico) y Flecha, de los falangistas (versión española del fascismo italiano).
 
Posteriormente las dos publicaciones se fundieron en la titulada Flechas y Pelayos que duró hasta 1949.
 
Flechas y Pelayos correspondía también a sendas ramas del corporativismo franquista, donde “a los 8 años [los niños] tenían que ser balillas, luciendo sus camisitas azul y sus boinitas rojas, para pasar después a pelayos, flechas [14 años] y, antes de adquirir una militancia formada, cadetes [con 16]” (Daniel Arasa, Historias curiosas del franquismo, Robinbook, Barcelona, 2008, página 31, en books.google.com/books?isbn=8479279796).
 
Lo mismo en esas publicaciones periódicas que en historietas y libros de texto, se inculcaba a los niños la obediencia al dictador con lemas como: “el caudillo [Franco] sólo responde ante Dios y ante la historia” (citado en Luis Otero, Flechas y Pelayos, página 68); “¡Felices los españoles que hoy lo tenemos todo!: un Dios a quien adorar, una Patria [sic] que servir, un caudillo que obedecer…” (página 95); “los españoles tenemos la obligación de acostumbrarnos a la santa obediencia” (página 105); “Franco es el que más manda en España. Todos debemos obedecerle y respetarle” (página 113).
 
Junto con la obediencia y la fe católica se infundía en los niños de la época franquista el odio y la agresión contra los disidentes políticos o religiosos; se satanizaba a librepensadores, protestantes, masones, socialistas, etcétera.
Al comunismo se le definía así: “base satánica del mal, que corroe el cuerpo de los hombres y embrutece su alma…[sic]” (página 234); mientras que acerca del ateísmo se decía: “España, eternamente católica, siente sus entrañas mordidas por el monstruo del ateísmo [sic]” (página 153).
 
Se hacía apología de la Inquisición, que durante siglos ejerció la persecución religiosa: “este Santo Tribunal veló con solicitud de madre y entereza de padre […] Gracias a eso se conservó robusta la salud espiritual […] y corporal del pueblo español [sic]” (página 231).
 
En una historieta que organizaciones franquistas distribuían a los niños españoles, se acusaba a los republicanos y a los trabajadores de toda clase de fechorías durante la guerra, incluso la de asesinar a los curas y vender su carne en las carnicerías: “entre las muchísimas fechorías que entonces cometieron los mineros, sobresalió la de asesinar a un sacerdote y exponer su carne en la tienda, como para venderla” (página 208).
 
Las portadas de algunos números de la revista Pelayos exhibían caricaturas donde se mostraba a franquistas que infligían refinadas torturas y humillaciones a personajes identificados como republicanos, masones o marxistas. En una de ellas se exhortaba a un niño uniformado y armado con un fusil a llenar “el cesto de la basura con los nefandos gerifaltes del conglomerado marxista y judeomasónico” (página 101).
 
Otro tópico de la propaganda franquista era el pasado imperial de España y su voluntad de dominio sobre el resto del mundo. En sus libros de texto se enseñaban frases como éstas: “la vocación de España es propagar y defender la religión católica. Así lo ha venido realizando a través de su historia en los pueblos por ella descubiertos y aun luchando contra los enemigos de la Iglesia” (página 211); “España es madre de América, y la misión más augusta de una madre es enseñar a sus hijos a rezar. ¡España lo supo cumplir!” (página 211); “España es la nación de más personalidad del mundo entero. Es por ello la patria de los grandes caudillos, de los grandes navegantes, de los grandes artistas, de los grandes misioneros” (página 216).
 
Un libro escolar, publicado en 1951, explicaba así la conquista de América: “A España le dio mucha pena de aquellas pobres gentes de América. Y los mejores españoles se fueron allí a enseñarlos a hablar, a rezar y a vivir, como hablamos, rezamos y vivimos nosotros” (página 214).
 
Los niños del franquismo aprendían sus primeras letras escribiendo estas frases y otras similares: “A España le ha gustado siempre propagar la religión cristiana por el mundo” (página 230); “el soldado español es valiente e impetuoso”; “los españoles vencieron en la batalla de Otumba a los mejicanos [sic]” (página 211).
 
La propaganda franquista declaraba la guerra a los hábitos irreverentes o supuestamente inmorales, desde la blasfemia hasta la lectura de novelas. En la revista Pelayos se proclamaba: “¡guerra a las novelas, sean las que sean! […]. La novela, además de hacer perder el tiempo, excita las pasiones…” (página 105).
 
Pelayos en México
 
En la época de la Segunda Guerra Mundial operaba en México la llamada “Falange Exterior”, que pretendía extender las ideas y proyectos franquistas a otros países.
 
Contaba con 50 mil miembros, “militantes de camisa azul […] entrenados militarmente de acuerdo con las fórmulas de Falange […]” (Mario Gil, La década bárbara, México, 1970, página 76), que incluían la rama infantil de los Pelayos, las Escuadras, o grupos militarizados de jóvenes falangistas y las Margaritas, grupos femeninos militarizados.
 
Según Mario Gil, “el jefe de las milicias falangistas en México era José Enrique Carril Ontano, uno de los oficiales más brutales de los ejércitos fascistas que participaron en la Guerra Civil”.
 
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México
 
 
 

Fuente: Contralinea 360 / 11 de noviembre 2013