Explosiones en Michoacán

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Nunca ha estado en paz Michoacán. No obstante ser el programa prioritario y el lugar de nacimiento de Felipe Calderón, jamás se ha podido tranquilizar. El Ejército, la Marina y la Policía Federal juntos no han podido acabar con los pandilleros modernos, llamados antes La Familia Michoacana y hoy Los Caballeros Templarios.      
 
En ambos casos, las bandas han combinado el cobro del derecho de piso, alguna ayuda a la población, la siembra y tráfico de drogas y una supuesta doctrina religiosa. Pero lo más importante, han aceitado la maquinaria tanto de los policías locales como de todas las fuerzas del orden que llegan por esos terrenos, es decir, utilizan la corrupción sistemática.
 
En ocasiones, la autoridad dice que detuvo a uno de los líderes de los mafiosos, después que liquidó a otro, más adelante que acabó con varios cabecillas… Pero la realidad es que todo sigue igual y se impide que la población tenga una vida normal.
 
En la actualidad, se sabe, hay 20 grupos armados llamados “autodefensas comunitarias”. Varios columnistas dicen que son parte de los Templarios. Otros, aseguran que son comunidades organizadas y convenientemente armadas cuyo fin es impedir que Los Caballeros los sojuzguen.
 
Y en esa disputa tuvo lugar un hecho que ha traído infinidad de comentarios en las primeras planas de los diarios: la lucha por Apatzingán. A ese lugar asistieron personas de varias comunidades que llevaron a cabo un mitin. Iban armados en camionetas, pero los miembros del Ejército les impidieron manifestarse ostentando sus escupefuegos. Les pidieron a los habitantes que guardaran sus rifles. Éstos lo hicieron. Desgraciadamente recibieron la agresión de algunos desconocidos, los cuales quemaron 18 locales de la Comisión Federal de Electricidad, seis gasolineras y varios transportes.
 
La noticia se expandió como pólvora y la respuesta de la gente como de las fuerzas llamadas del orden se dio, especialmente por los primeros. El saldo, a decir de José María Mireles, del Consejo de Tepalcatepec, es que hubo 12 bajas de los Templarios y una de la población, junto con varios heridos de ésta.
 
La reunión en Apatzingán era muy importante. Ese sitio es el mercado natural de los michoacanos, allá están algunos de los hospitales más importantes, se posibilita la venta de productos de la región (en especial los cítricos) y es el punto de traslado a otros estados, como Jalisco y Colima. Por tanto, que esté en manos del crimen organizado hace que exista una dependencia mayúscula, definitiva de esa región purépecha.
 
El incidente se dio, además, con el regreso de Fausto Vallejo a la gubernatura de la entidad. El cual no estuvo exento de problemas, ya que su anterior secretario general y quien fungió como gobernador interino, Jesús Reyna, no aceptó continuar en la administración. Algunos dicen que debido a que Reyna tiene nexos con Servando Gómez Martínez, la Tuta.
 
Sea como fuere, Vallejo, aquejado por varias enfermedades, tardó 36 horas en reaccionar ante las balaceras. Y como era de esperarse en los políticos faltos de visión, dijo que la violencia se debía a que él estuvo ausente. Algo que es triste, conmovedor o parte del México cómico, ya que desde que ocupó la silla grande de su entidad jamás ha podido estar en paz y las cosas se le han complicado por una u otra razón.
 
Tanto así, que desde julio de este año Jesús Zambrano, presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), decía que Vallejo ya no debería regresar a simular que gobernaba. Ahora, varios panistas, entre ellos Roberto Gil Zuhart y Luisa María Calderón, (la Cocoa), pidieron asimismo que exista un cambio y hasta llaman a que, si no se va Fausto, pedirán la desaparición de poderes, algo que no se ha realizado en el país desde hace más de 3 décadas.
 
Frente a ese panorama, Manlio Fabio Beltrones señaló que era irresponsable pedir tal medida. Dijo que llegarían más Fuerzas Armadas y restablecerían el orden. Algo no sólo difícil, sino imposible, ya que llevamos, cuando menos, 7 años con acciones tan cruentas como las granadas lanzadas el 15 de septiembre de 2008, o las matazones a todas horas por parte de los narcos, quienes son entrevistados frecuentemente en radiodifusoras michoacanas y hasta nacionales.
 
Y es que la violencia no es sólo en la tierra de Lázaro Cárdenas. En todo el país no cesa, a pesar de las conferencias de prensa de Eduardo Sánchez, el vocero presidencial; las múltiples declaraciones de Miguel Osorio Chong, secretario de Gobernación; las medidas para acallar a periodistas que ponen el acento en la violencia desatada, o incluso comprando medios para que no den a conocer las cifras de los homicidios, secuestros, robos y demás acciones delincuenciales.
 
Frente al optimismo gubernamental, lo mismo el semanario Zeta, de Adela Navarro, como el organismo civil Insyde (Instituto para la Seguridad y la Democracia, AC), de Ernesto López Portillo, han dado a conocer que la violencia aumenta. Bueno, hasta la revista inglesa The Economist critica no sólo la ausencia de nuevos métodos para enfrentar al narco, sino que nadie pare la ola criminal.
 
Michoacán, pues, es un nuevo aviso de que las cosas siguen igual o empeoran.
Mientras Fausto Vallejo estaba en una degustación de mezcal, las muertes aumentaban. Él dice que van cinco y otras versiones aseguran que llegan a 23.
 
Pero el obispo de Apatzingán, Miguel Patiño, afirmó que Michoacán es un estado fallido. Y varios de sus colegas señalan que las cosas van de mal en peor, ya que no hay reposo para la vida normal.
 
El investigador Eduardo Buscaglia también refuta al gobierno de Peña Nieto. En un reciente libro (Vacíos de poder en México, Debate, 2013) dice: “sin la existencia de controles judiciales, patrimoniales, políticos y sociales, será imposible que el país transite hacia la seguridad humana en el sentido más amplio del término”.
 
*Periodista
 

Fuente: Contralinea 360 / 11 de noviembre 2013
 

 

 

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