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Brianda Carmona Castro, fotografías /Juan Carlos G Alarcón, texto
 
Tixtla, Guerrero. La cuna del consumador de la Independencia de México, Vicente Guerrero, y del periodista, escritor, militar y jurisconsulto decimonónico, Ignacio Manuel Altamirano, se encuentra ahogada por la insensibilidad de gobernantes municipales, estatales y federales.
 
Priístas y perredistas han gobernado este municipio bajo la tutela de gobiernos estatales también priístas y perredistas, y nunca, desde la fundación de Tixtla, hace más de 2 siglos, un presidente municipal o gobernador se ha preocupado por atender –y menos por resolver de una vez y para siempre– el problema que representa la llamada “Laguna Negra”, cuyo volumen se nutre cada día, cada hora, cada minuto, por carecer de drenaje para aguas negras y demás desechos arrojados de las casas de todos los barrios y colonias.
 
Adicionalmente los alcaldes, desde hace lustros, han autorizado licencias de construcción en las zonas inundables y han permitido la construcción en los terrenos de la Laguna de edificaciones de toda índole.
 
La tormenta tropical Manuel –que devastara a su paso a mediados de septiembre pasado los pueblos de las siete regiones de Guerrero– evidenció el peligro que acecha permanentemente a los cerca de 30 mil habitantes de la cabecera municipal tixtleca, y seguirá latente si los gobiernos federal, estatal y municipal no construyen un drenaje funcional, una obra que permita el desfogue controlado del agua –ya tratada– con destino hacia el Norte (al Río Balsas) hacia el Sur (al Río Azul) y de ahí al Océano Pacífico.
 
Cada año miles de peregrinos de diversas partes del estado y del país visitan esta región para las fiestas de celebración de la Virgen de la Natividad, el 31 de mayo y el 8 de septiembre; el santuario está hoy rodeado por el agua contaminada.
 
El panorama luce desolador: a más de un mes, unas 2 mil casas habitación permanecen inundadas en los barrios Santuario, San Isidro, Cantarranas, Camposanto, San Lucas, Texcaltzin, San Antonio, y las colonias Margarito Damián Vargas y Niños Héroes; unas 4 mil personas tienen que vivir en tres albergues o en casas de familiares; 3 mil hectáreas con siembras de maíz y otros cultivos han sido afectadas; la presa de El Molino, ubicada a unos 8 kilómetros, cuya agua es aprovechable en labores de siembra de hortalizas, legumbres, frutas y flores, continúa representando una constante amenaza de inundación –de toda la ciudad– si llegara a reventar por exceder su capacidad de almacenaje.
 
Aunado a lo anterior, existe el riesgo de brotes de cólera, dengue hemorrágico, enfermedades gastrointestinales, de la piel y de los ojos.
 
El desfogue del agua de la Laguna Negra, hasta sus límites naturales, demorará 1 mes más, y para que vuelva a la normalidad la ciudad, quizá 3 meses más.
 
Por ahora es posible recorrer muchas de sus calles sólo en lancha, como las ocho que facilita de manera gratuita la Sociedad Cooperativa de Lancheros Siglo XXI, de la comunidad de San Pedro de las Playas, ubicada junto a la Laguna de Tres Palos, municipio de Acapulco de Juárez, dirigida por el señor Gerardo Jacinto Carvajal.
 
Los miles de afectados que perdieron sus enseres domésticos, algunos incluso sus casas al desmoronarse por el agua, están desesperados, porque no reciben los apoyos prometidos por los gobiernos federal, estatal y municipal; y porque éstos aún no se comprometen a crear, concluida la contingencia por los efectos devastadores que dejaron Manuel e Ingrid, además del drenaje, una obra de desfogue de la Laguna que ponga fin al riesgo de inundación de la ciudad tixtleca.
 
 
 
 
 
 
 
 Contralínea 359 / Noviembre 2013

 

 

 

 

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