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El grupo de Los Cojolites nació hace 18 años, en los inicios de un proyecto de recuperación de las expresiones de la cultura de los pueblos del Sur de Veracruz, como la música, la danza, el telar de cintura y la alfarería.

Ricardo Perry, director artístico de Los Cojolites, explica que al llegar la industrialización “mucha gente trajo consigo nuevas formas de sociedades que fueron aplastando toda la cultura ancestral.

“Nosotros vivimos en una parte del estado que ha sufrido un proceso muy fuerte de industrialización, la industrialización del petróleo, y esto provocó un deterioro muy grave no sólo en el medio ambiente sino en todas las instituciones culturales que hemos heredado de muchos siglos; somos herederos de los olmecas en nuestra región, cuya cultura ha sido arrasada por las empresas asentadas” allí, asevera.

Durante muchos años, Ricardo Perry hizo periodismo cultural y obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en 1987, pero decidió regresar a su tierra en 1993 para iniciar un proyecto cultural.

En 1995 nació el taller de Los Cojolites en el municipio de Cosoleacaque, que significa “en el cerro de cojolites”.

El cojolite es un ave sagrada que adoraban los nahuas del Sur de Veracruz como “su dios del amanecer” y es una especie en peligro de extinción, que ya no existe en el estado y sólo quedan algunos ejemplares en ciertas reservas de Chiapas y de Yucatán.

El nombre del grupo, Los Cojolites, les fue adjudicado por una señora del pueblo que hacía referencia al lugar de donde procedían los músicos, explica Perry.

Noé González, quien muy joven se integró como maestro al taller, Arcadio Hidalgo y Antonio García de León hicieron las primeras grabaciones que hace 30 años inspiraron este movimiento de recuperación del son jarocho.

Fue así que, de repente, ya estaban trabajando en conformar una agrupación musical. De ese taller cultural surgieron muchos jaraneros y representantes de esta música originaria del Sur de Veracruz, entre ellos Los Cojolites, narra Ricardo Perry en entrevista con Contralínea.

Este grupo, integrado por cinco músicos, ha grabado tres discos: El conejo, que forma parte de la banda sonora de la película Frida y que ganó el Oscar a la Mejor Banda Sonora en 2002; No tiene fin, producido por Greg Landau, en San Francisco, California; y Sembrando flores, producida también por Landau y Héctor Pérez, y que fue nominado en 2013, en la 55 edición de los Premios Grammy, como “mejor álbum de música regional mexicana”. Acaba de grabar su cuarta producción que se llama Zapateando y que está próxima a salir este mismo año.

El álbum No tiene fin incluye nueve temas, entre ellos: “Balajú”, “Coco” y “Señor presidente”. Mientras que en Sembrando Flores, también con nueve melodías, están: “El palomo”, “El celoso” y “La iguana”.

Muchas de las interpretaciones son sones populares, tradicionales, pero algunas piezas son nuevas, de la autoría de Noé González, director musical del grupo, quien proviene de una familia de músicos de la región.

Noé, guitarra de son, comenta que fueron recreando la música y sin darse cuenta, al paso de los años, ya eran un grupo que promueve esta cultura milenaria.

La música siempre se recrea, dice el jaranero Benito Cortés, y para darle un sonido armónico y melódico, en ocasiones se hacen acompañar por el bajo eléctrico.

Los Cojolites se han presentado con gran éxito en Alemania, Francia, España, Estados Unidos y Brasil, donde han transmitido la alegría de este ritmo armónico, característico por sus versos y su zapateado.

Ricardo Perry comenta que reciben apoyo del gobierno estatal para acudir a algunos eventos, como recientemente para ir a Brasil, pero afirma que necesitan apoyo permanente y no sólo esporádico, porque realizan actividades culturales permanentes.

Un ejemplo de ello es el Centro de Documentación del Son Jarocho, una organización no gubernamental que desde hace 15 años ofrece distintas actividades, como zapateado, jarana, canto, telar de cintura, pintura, talleres de diferentes expresiones culturales del pueblo, seminario de estudios del son jarocho, alfarería, cestería, medicina tradicional… Además, desde hace 20 años realiza el Festival del Son Jarocho, que se lleva a cabo los últimos días de cada diciembre. Todo con el propósito de revitalizar la cultura del Sur de Veracruz, sostiene Perry.

Benito Cortés, jarana tercera, afirma que la mayoría de los recursos proviene de lo que obtienen de sus presentaciones y de sus producciones musicales. Explica que ahora también ofrecen talleres de video para realizar documentales culturales.

El son jarocho está en un momento de difusión muy grande. A pesar de no contar con el acceso a los grandes medios de comunicación, niños y jóvenes están muy interesados en conocer las tradiciones y esto ha sido un pretexto para que en el taller no sólo se enseñe la música sino también los valores sociales, morales y democráticos. El taller ha servido para hacer que niños y jóvenes tengan un buen cauce en su vida, dice Benito.

Integrantes:

Benito Cortés Padúa (jarana tercera), Nora Lara Gómez (percusiones sobre la tarima), Gonzalo Vega Hernández (jarana segunda), Joel Cruz Castellanos (leona) y Noé González (guitarra de son y director musical). Dos invitados: Julio de la Cruz en las percusiones, y Alberto de Jesús Nazario en el bajo eléctrico

 

 

Contralínea 358 / 28 de octubre – 2 noviembre 2013