De la cólera al cólera

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Luego del aparente mundo idílico que prefiguraba el famoso Pacto por México, donde se proponen reformas para modificar el rostro nacional, hemos llegado a un estado de incertidumbre en el cual las catástrofes han mostrado lo ruinoso de nuestro país y hasta una enfermedad que puede transformarse en epidemia.

Vamos del enfado de millones al cólera, que ya ha causado algunas muertes y ha dejado centenas de víctimas.

El mencionado Pacto, dicen columnistas (Ricardo Alemán y Joaquín López-Dóriga, distantes de la izquierda), tiene contados sus días. Quizá a finales de octubre se dé por concluido. Nadie sabe bien a bien qué resultados serios dé, pero eso sí, habrá mostrado, como siempre, que a los políticos les importa muy poco que el país vaya a la deriva y, sobre todo, que la inmensa mayoría de la población continúe viviendo con enormes carencias y sin posibilidades de futuro cierto.

De las muchas reformas que se propusieron los tres partidos que dieron el campanazo respecto a que habría una mejor situación, todas están truncas, y algunas realmente no son más que nuevos parches en un tejido que requiere un cambio de fondo.

La reforma laboral, por ejemplo, lejos de aumentar el empleo, lo que ha traído es una mayor desocupación, el aumento de los despidos y que el trabajo sea algo sin reglas, al dar incluso los elementos para que los empresarios puedan despedir sin mayores obstáculos a sus trabajadores.

La tan mentada reforma educativa, que se suponía el pivote para la transformación social, continúa empantanada y ha sido rechazada cada vez por más sectores. No sólo los maestros, sino estudiantes de normales, universitarios y hasta padres de familia.

Las protestas aumentan no sólo en los estados donde la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación tenía implantación, sino en otros como Veracruz, con sus grandes manifestaciones, y Quintana Roo, en la cual recientemente hubo un enfrentamiento de pronóstico reservado entre docentes y policías.

Las modificaciones en telecomunicaciones, que supuestamente iban a evitar que el duopolio televisivo y el oligopolio radiofónico hicieran de las suyas, son letra muerta. El Instituto Federal de Telecomunicaciones , organismo para regular las nuevas situaciones, nació impugnado en la mayoría de sus integrantes y no ha podido dictaminar nada. Los mandones en la pantalla chica hacen de las suyas.

Televisa, por ejemplo, continúa adquiriendo empresas de televisión de paga, ya que entiende que allí está el negocio mayor. Pero se decía que nadie podía acaparar los mercados y las audiencias. Eso no importó al señor Emilio Azcárraga. Y Tv Azteca se dio el lujo de impugnar que el Estado pudiera utilizar sus tiempos oficiales, aunque la Suprema Corte de Justicia de la Nación le negó que hiciera lo que le viniera en gana, como es su práctica frecuente.

La reforma fiscal ha sido puesta en entredicho por muchos: grupos empresariales, partidos políticos, dueños de mascotas, representantes de universidades privadas, los que manejan a los equipos de futbol, que son millonarios en serio –a decir de la Federación Mexicana de Futbol que los agrupa–, y hasta los que participan en el negocio de los toros.

Lo que tendremos, más que una reforma, es nuevamente un Frankestein que estará dotado de muchas partes inconexas y causará horror a todos los que somos causantes ineludibles. Mientras tanto no se tocó a los evasores, a los informales y a muchos otros que utilizan a sus abogados para evitar la ley.

En el caso de Petróleos Mexicanos, si bien hay una oposición sistemática no sólo de la izquierda sino de muchos grupos nacionalistas, a quienes lejos de ganárselos el gobierno los agredió y los movilizó, la situación es problemática. Ya se sabe que intentará sacar esta modificación a como dé lugar, pero también debemos recordar que el Congreso de la Unión puede aprobar lo que sea, pero las calles, las redes, las presiones harán que muchos paguen a fin de cuentas esta forma de conducir un país que ya está lejos del “callar y obedecer”.

La reforma política es una interrogante. El Partido Revolucionario Institucional está dispuesto a ceder en el Instituto Nacional Electoral (INE), no obstante que se le quite poder a sus gobernadores y en la reelección de autoridades y legisladores, pero no querrá ceder en la segunda vuelta, en que el gabinete sea refrendado en las cámaras y en que el presidente sea un verdadero servidor público.

Así pues, habrá avances en la forma pero no en el contenido, por lo que otra vez se anunciará en unos años, o a final de sexenio, que nuevamente tendremos que “ajustar” las cosas para que los abusos, desde el conteo de sufragios hasta las tarjetas Monex, pasando por la inequidad en medios, no hagan que millones desconfíen de los resultados.

Y si ya tuvimos las desgracias de los fenómenos Manuel e Ingrid, ahora resurgió el cólera, la enfermedad que se ceba en los pobres. El asunto no es nuevo según la Organización Panamericana de la Salud: se fue incubando entre el 17 de agosto y el 17 de septiembre pasados. ¿Por qué no se hizo nada a tiempo? Interrogante siempre conocida pero jamás contestada por las autoridades.

Curiosamente, las entidades con más personas dañadas son Hidalgo, con 145 casos, y el Estado de México, con nueve (Miguel Ángel Osorio Chong y Enrique Peña Nieto en el imaginario). Aunque también hay problemas en Veracruz, San Luis Potosí y el Distrito Federal.

No es todavía una epidemia pero hay preocupación oficial; tanta, que se empezarán a utilizar los tiempos oficiales (berrinche de Ricardo Salinas Pliego) en los medios para llamar a la prevención y a que acudan los que se sienten con síntomas (diarrea, vómito, etcétera) a las clínicas.

Así pues, tenemos lo mismo la cólera de los mexicanos por la ineptitud oficial, que el cólera, enfermedad que si hubiera buenos servicios sanitarios no se hubiera propagado (recado a Mercedes Juan y anteriores titulares de la Secretaría de Salud).

*Periodista

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Contralínea 358 / 28 de octubre – 2 noviembre 2013
 

 

 

 

 

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