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Espesas nubes rojizas se alzan entre la multitud… Segundos después viene la ceguera, el ardor cutáneo, el flujo nasal. Todo sucede de manera involuntaria: los ojos se empapan, la piel se irrita, las fosas se descargan.
 
Con los efectos del arma química –cuyo debut data de la Primera Guerra Mundial– los uniformados buscan controlar a los manifestantes. No obstante el agudo malestar físico que provoca, su blanco primordial es sicológico: “El factor miedo por lanzar gases lacrimógenos es un medio mucho más eficaz para el desmantelamiento de una manifestación que las propias lágrimas y la sensación de ahogo”, se lee en Gases lacrimógenos. Una pequeña guía para hacerles frente, documento consultado en la página Indymedia Barcelona.
 
Cuando Enrique Peña Nieto asumió el cargo de presidente de México, nubes rojas enmarcaron las imágenes de violencia. Hoy, las nubes tintas reaparecen; se mezclan con las más comunes, las de color blanco. Juntas, hacen de las suyas.
 
¿Por qué los policías del Distrito Federal utilizan el químico en color rojo en vez del tradicional blanco? No hay una respuesta oficial. De acuerdo con las personas que han sido víctimas de esta solución –cuyo uso en guerra es prohibido por la Convención sobre Armas Químicas–, sus efectos son más intensos y prolongados.
 
Miriam Pascual Jiménez comenta que la organización a la que pertenece (la Asociación Nacional de Abogados Democráticos) ha documentado casos en los que este tipo de tintura que se impregna a la ropa sirve para marcar, y así detener a los activistas una vez concluida la protesta en la que participan. Esto ocurrió el 10 de junio pasado, asegura.
 
Es 2 de octubre de 2013. Hace 45 años, en la Plaza de las Tres Culturas, integrantes y simpatizantes del Consejo Nacional de Huelga fueron asesinados a manos de elementos del Ejército mexicano y del grupo paramilitar Batallón Olimpia. Por eso, reza la consigna, “2 de octubre, no se olvida”. A la llaga aún abierta se suman las tiernas heridas: los nuevos y miles de muertos, desaparecidos, ejecutados, torturados, reprimidos… Producto del actuar u omisión de los gobiernos mexicanos.
 
En los albores de esta fecha, Femen, grupo internacional feminista que se caracteriza por sus protestas a tórax desnudo, se manifestó frente a la embajada de México en París, Francia. A través de su pronunciamiento expresó: “Ataque tras ataque, el tiempo nos hace ver que nos encontramos en la misma situación de hace 45 años: silenciados y bajo un dictado del terror por parte de oligarcas corruptos, respaldados por los medios y la pasividad global”.
 
Minutos después de las 4 de la tarde, la tradicional marcha convocada por los sobrevivientes de 1968 y las organizaciones sociales avanza sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas. No sólo participan activistas, sino defensores de derechos humanos y organizaciones civiles que se han propuesto monitorear la protesta.
 
El foco de atención, desde un principio, es el bloque negro que se cuela detrás de los contingentes estudiantiles. Los reflectores están ahí: en las caras primordialmente juveniles, en los peinados excéntricos, en las banderas de Anarquía.
 
Las actividades por la conmemoración número 45 de la masacre de Tlatelolco confluirían en una marcha con recorrido incierto. Los carteles anunciaban que el destino sería el Zócalo capitalino (del que 19 días antes habían sido desalojados los profesores que se oponen a la reforma educativa), pero un imponente blindaje impediría el arribo a la histórica plaza: vallas metálicas de 2.5 metros de altura; miles de elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, un montón de la policía montada.
 
 
Las filas policiales empiezan a hacerse visibles a la altura de la Plaza de Garibaldi, lugar en el que los medios libres (Regeneración Radio) detectan la presencia del primer dron conducido por la Policía Federal. “Los policías no son trabajadores, son el brazo armado de los explotadores”, corean al unísono los contingentes que no creen más que los uniformados son parte del pueblo.
 
Apenas unos minutos después de las 5 de la tarde, la paciencia se agota. Un cohetón: el tamborazo de guerra. En la esquina de Eje Central y Tacuba, de frente al espejo de policías, el incomprendido (incluso por el grueso del movimiento social mexicano) bloque negro se agita, descarga su furia. Piedras, cohetones, globos con pintura se alzan por encima de las cabezas, se impregnan en la atmósfera.
 
“Somos hijos de las márgenes; los que crecimos entre comida enlatada y cancerígena, en casas asfixiantes y carentes, entre publicidad saturada de imágenes y de mentiras, y rodeados de valores opresivos y degradantes. Somos de los millones de las cifras escandalosas; somos de los llamados ‘ninis’; también de esos millones que estudian y no encuentran trabajo, o que trabajan/estudian mientras se llenan los bolsillos de migajas, frustraciones y rencores…
 
“Somos datos duros en las cifras; somos nombres pequeños en la nota roja; somos esos que sólo han empezado a existir cuando taparon su rostro y escupieron su odio. Somos orgullos por reconocernos como la punta de lanza de la nueva subversión planetaria. No queremos saber ya nada de sus enredadas estructuras, y nuestra guerra parte de violentar los valores que sustentan sus laberintos simbólicos”, expresan los anarquistas en un comunicado posterior a los hechos.
 
Las constantes y condensadas dosis de violencia ocurridas en el corazón económico y político de la Ciudad de México, así como las detenciones indiscriminadas de manifestantes por parte de uniformados y de hombres vestidos de civil, se extienden hasta pasadas las 7 de la noche, cuando la brutalidad policiaca de toletazos y patadas alcanza a un grupo desarmado: los defensores de derechos humanos.
 
Sobre el Paseo de la Reforma, a la altura de la Glorieta de Colón, integrantes del Centro de de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez y de la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos son agredidos en ejercicio de su labor, cuando documentaban la detención arbitraria y golpiza de un joven. El más afectado es Víctor Hugo Carlos Banda, del área de educación del Centro Prodh, quien presenta “lesiones graves”. De nada le valió su llamativo chaleco amarillo que lo identifica como observador de la protesta.
 
Las imágenes, videos, crónicas y notas periodísticas que circulan en redes sociales revelan uso excesivo de la fuerza pública; detenciones arbitrarias; participación ilegal de personas vestidas de civil en el operativo policial; uso de gas lacrimógeno blanco y de color, así como de balas de goma, proyectil “menos letal”, que según los tratados internacionales debe empelarse sólo como último recurso.
 
En 1982, después de que 12 personas murieran en Irlanda del Norte como consecuencia de impacto por proyectil de bala de goma, el Parlamento Europeo instó a que todos los estados miembro prohibieran el uso de este tipo de armamento contra civiles. La petición de los líderes europeos sería reiterada al menos en otras dos ocasiones: en 1984 y1997.
 
Para el caso mexicano, las balas de goma estuvieron presentes el 15 de octubre de 2012, en Michoacán, durante el operativo policial de desalojo de la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga, de Tiripetío, que arrojara decenas de estudiantes heridos. También el 1 de diciembre del mismo año, durante las protestas ciudadanas en contra de la toma de posesión de Peña Nieto, en las que perdiera un ojo Uriel Sandoval Díaz, estudiante de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
 
Este 2 de octubre, los uniformados volvieron a emplear balas de gomas. Dos personas con severas escoriaciones en la piel, a la altura del pecho, recibieron los primeros auxilios por parte de la asociación civil Marabunta. Se trata de José Alberto Gómez, profesor de Chipas, y Omar Taboada, originario de Ecatepec.
 
Miriam Pascual, abogada de la ANAD, explica que los daños causados por las balas de goma no derivan sólo del impacto del proyectil, sino del ácido que éste contiene, mismo que puede llegar a deshacer la ropa y el tejido de la piel.
 
¿Cuáles son los saldos de la violencia registrada el 2 de octubre en el primer cuadro de la ciudad? Como siempre, las cifras oficiales y las de las organizaciones sociales y civiles distan.
 
A decir de Héctor Serrano, secretario de gobierno del Distrito Federal, hubo 32 policías heridos. En tanto, la Cruz Roja, informó que tras los enfrentamientos en la marcha, atendió a 51 personas por lesiones.
 
De acuerdo con el conteo del Comité Cerezo, actualizado la tarde del 3 de octubre, 108 personas habrían sido detenidas. En contraste, la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal reportó que 27 personas fueron puestas a disposición de las autoridades ministeriales.
 
Respecto de los comunicadores violentados, el recuento gremial apunta a que son más de 30. Detención, golpes, lesiones, robos y daño de equipo, las principales agresiones contra periodistas.

 

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