Es la hora de las Fuerzas Armadas

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En México, para opinar de soberanía y seguridad nacional no hay mayor autoridad que las Fuerzas Armadas. Hace tiempo que en ningún sexenio se aprovecha los conocimientos de jefes y generales diplomados de Estado Mayor graduados en la Escuela Superior de Guerra.

Afortunadamente cada día que pasa se empiezan a escuchar las voces de los militares que llevan en el alma cumplir su convicción: “¿protestáis defender esta bandera, emblema de nuestra patria, hasta alcanzar la victoria o perder la vida?” Y el juramento: “cumplir y hacer cumplir la Constitución [Política de los Estados Unidos Mexicanos] y las leyes que de ella emanen”, pronunciados frente a su tropa formada.

El Ejército Mexicano es el pueblo en armas que se sacudió a un tirano: el general Porfirio Díaz. Aunque gran soldado, éste renegó de su ideología liberal para perpetuarse en el poder. Nuestro Ejército, que está cumpliendo 100 años, tiene su origen en la insurrección, su pie veterano fue el Ejército Constitucionalista que derrotó al Ejército Federal del tirano. Su primer jefe fue Venustiano Carranza, que se negó a aceptar grados castrenses, expulsó al general Victoriano Huerta del poder después de que asesinó al precursor de la Revolución Francisco I Madero. El pueblo lo había elegido para el cargo de presidente de la República.

Este obligado recordatorio surge en momentos en los que la patria peligra: los reaccionarios enemigos del pueblo están de regreso, apoyados por el imperio del Norte que odia los derechos sociales alcanzados por los mexicanos en la Constitución de 1917, de ahí las reformas perversas. Suponen que lo harán impunemente.

Pero el pueblo está de vuelta: los maestros, a pesar del linchamiento mediático al que fueron sometidos, están dando a la nación una lección formidable de coraje y patriotismo, amparados en la razón que les asiste contra las reformas del PRIAN [contracción de las siglas del Partido Revolucionario Institucional y del Partido Acción Nacional], enemigo de los derechos del trabajador establecidos en la Constitución de 1917. Indigna a la gente pensante la burla de la que fueron objeto, las mentiras y la cerrazón al diálogo de parte del gobierno. Los mexicanos con sentido común se levantan en apoyo.

Los soldados no olvidamos los principios históricos del Ejército Mexicano, no podemos ser simples observadores cuando la corrupción, la impunidad, la falsedad, la traición y la desvergüenza de los poderes Legislativo y Ejecutivo montan un pacto contra México. Validos del maridaje PRI-PAN, de sus partiditos satélites y de los Chuchos del Partido de la Revolución Democrática usan esa mayoría aplastante en el Congreso de la Unión para imponer reformas estructurales a la Constitución que les permitirán continuar con la privatización de México, facilitar la intervención del imperio del Norte y cumplir las acciones impuestas por la estrategia estadunidense contra el renacimiento del bolivarismo al Sur del Continente Americano.

Generales, jefes, oficiales, cadetes y tropa, gracias al reclutamiento voluntario, conservan en los escalones de mando a hombres y mujeres procedentes de diversos estratos sociales, imperando la clase media baja, campesinos, obreros, estudiantes, artesanos y de todos los oficios. Esta forma de reclutamiento garantiza que nuestras Fuerzas Armadas sigan siendo el pueblo en armas.

El Ejército Mexicano, al igual que la educación, el laicismo, la reforma agraria, el sindicalismo, el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, la Universidad Nacional Autónoma de México, en fin, todo lo que tuviera contenido revolucionario en la Constitución Política promulgada el 5 de febrero de 1917, de reconocimiento universal, fue blanco del acecho, del acoso de una campaña reaccionaria dirigida desde el exterior para corromperlo, desprestigiarlo, destruirlo o modificarlo a su conveniencia.

Sería muy largo reseñar los efectos de esa campaña contra el Ejército. Baste por el momento observar que la ciudadanía le ha retirado la confianza que le guardaba y el aprecio por los Juanes (soldados). Los mexicanos tienen que saber que su Ejército nunca apuntará las armas del pueblo contra ellos, jamás podrá ocurrir eso, menos aún para salvar a un gobernante ilegítimo, impopular, figurero, corrupto e imperdonable instrumento del odiado Tío Sam.

En esta oportunidad la pregunta es para los diplomados de Estado Mayor: ¿podemos contar con su “estimación de situación”? Quizá ya hay una “decisión”, y hasta la “orden de operaciones” tal vez ya se esté elaborando. No olviden a los militares retirados, para algo tienen que servir.

Muy mexicano, significativo, muy grande y esencialmente patriótico tendrá que ser lo que hagan las Fuerzas Armadas para salvar a México en esta encrucijada de su historia, pero sabremos cumplir. Los militares, sin olvidar a los que están en situación de retiro, aprendimos a amar la patria, a defenderla. No olvidamos el juramento ante el lábaro tricolor ni la protesta ante la tropa formada. Cumpliremos y haremos cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen.

La hora llegó: generales, jefes, oficiales y tropa. Se alertan al llamado de los altos mandos. La patria es primero.

*General brigadier retirado; presidente de la Federación de Militares Retirados Francisco J Múgica, AC

 

 Contralínea 353 / 23 septiembre de 2013