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Según los cálculos más conservadores, alrededor de 12 mil personas marcharon el pasado 18 de septiembre en apoyo a los maestros que cinco días antes habían sido desalojados del zócalo capitalino. Cerca del medio día, los manifestantes arribaron a la Plaza de las Tres Culturas y sus calles aledañas. El cambio de ruta de la marcha generó encono entre los asistentes que pedían retomar el trazo original. Finalmente, un sector del magisterio oaxaqueño se encaminó junto con los estudiantes en dirección hacia el zócalo. Sólo pudieron llegar a la esquina de Eje Central y Tacuba; Policías los esperaban. En tanto, la dirigencia del magisterio disidente y otros grupos de docentes decidieron volver a su campamento. “Queremos dejar bien claro que esto no es una ruptura, sino que simplemente nosotros decidimos venir acá con los estudiantes. No es por estar en contra de los dirigentes, sino a favor de toda la gente que se movilizó este día”, dice Isabel García, representante del sector Pinotepa del magisterio oaxaqueño

La Plaza de las Tres Culturas le quedó chica al contingente magisterial, estudiantil y social que la mañana del 18 de septiembre marchó en este rumbo. Sólo la vanguardia de la movilización pudo arribar al histórico lugar. Los demás, quedaron varados en las calles aledañas: del Eje Central Lázaro Cárdenas hasta la avenida Reforma.

De acuerdo con los cálculos más conservadores, los del gobierno capitalino, 12 mil personas se habrían movilizado. Profesores de Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Michoacán, Puebla, Tlaxcala, Estado de México y Distrito Federal; alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México, de Escuela Nacional de Antropología e Historia, de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, de la Escuela Superior de Educación Física, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, de la Universidad Autónoma Metropolitana, del Instituto Politécnico Nacional, de la Coordinadora Estudiantil Normalista del Estado de Oaxaca; trabajadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia; integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas; del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, del Frente Popular Francisco Villa, del Partido Comunista…

La ruta original era hacia el Zócalo capitalino. Los profesores disidentes, acompañados de las organizaciones sociales, saldrían del campamento ubicado en el Monumento a la Revolución para recuperar la plaza que les fue arrebatada. El resolutivo del segundo encuentro nacional magisterial popular así lo mandataba.

Llegó la madrugada del 18 de septiembre y con ello un nuevo acuerdo. La Asamblea Nacional Representativa de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) revaloró y decidió, debido al cerco policial montado en la periferia de la plaza de la Constitución, que el rumbo sería otro.

Un día antes, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal, había advertido que no permitiría a los maestros volver al Zócalo; pedía a la dirigencia magisterial acatar el supuesto acuerdo que los comprometía a no volver a pisar ese lugar.

Cuando la movilización se organizaba para partir, reporteros increparon a Juan José Ortega Madrigal, secretario general de la sección 18 de Michoacán. El líder manifestó que aunque la CNTE no descartaba plantarse nuevamente en el corazón de la ciudad, ese día los contingentes no marcharían hacia allá pues “no vale la pena arriesgar la integridad de los maestros”. Aseguró, asimismo, que entre la dirigencia magisterial y el Gobierno del Distrito Federal no había acuerdo al respecto: “No hay acuerdo con Mancera. Se dicen y aseguran muchas cosas que han sido falsas”.

El nuevo destino de la marcha empezó a difundirse entre los asistentes a escasos minutos que ésta diera sus primeros pasos. Algunos, entre el éxtasis que produce el colectivo, iniciaron el andar sin saber que el trazo original había sido desechado.

Cuando el cambio de ruta se hacía evidente entre los despistados y la motivación de los profesores aumentaba debido al gran apoyo recibido por los estudiantes (cientos de jóvenes nutrían la retaguardia de la marcha; otros realizaban paros de labores en universidades y bachilleratos), surgió el primer grito: “Zócalo, zócalo, zócalo”. Las bases magisteriales pedían virar y retomar el rumbo original.

Los que lograron arribar a la plaza de las Tres Culturas, en su mayoría integrantes del magisterio oaxaqueño, increparon a sus dirigentes. “Zócalo, zócalo, zócalo”; el grito cobraba fuerza. Con el micrófono en mano, Rubén Núnez Ginés, secretario de general de la sección 22, llamaba a sus bases disciplinarse a los acuerdos de la Asamblea Nacional Representativa.

El clímax llegó cuando la dirigencia pidió entonar el Himno Venceremos. Entre abucheos, rechiflas y la algarabía de la resistencia docente, el cantar que llevara a la presidencia de Chile al socialista Salvador Allende, resultó casi imperceptible.

Núñez salió del lugar rodeado de su personal de seguridad y de los medios de comunicación. Las bases lo habrían acusado incluso de “vendido”.

—¿Tratarán de consensar un próximo día para regresar al zócalo?

—Claro. Está sobre la agenda. Eso se dio a conocer a la comunidad.

—¿La dirigencia se vendió?

—De ninguna manera. Al contrario, estamos más fortalecidos que nunca.

—¿Cuándo regresaran al zócalo?

—Será la determinación de la Asamblea Nacional. Nosotros no podemos definir en este momento ni como líderes ni como nada.

—¿Qué opina de lo que le gritan los profesores?

—Que tienen que ser disciplinados con la Asamblea Nacional. Nosotros como líderes tenemos que disciplinarnos a la Asamblea Nacional.

Juan José Ortega, dirigente del magisterio michoacano, permaneció por más tiempo en la plaza de Tlatelolco. Cuestionado sobre los abucheos y rechiflas de que fue objeto la dirigencia de la CNTE, dijo: “Recordemos que hay mucha participación de organizaciones sociales. Yo creo que hay muchos jóvenes que no han hecho una evaluación de lo que representaría para la sociedad una confrontación, una afectación a terceros detenidos, golpeados, etcétera, porque hay un planteamiento muy preciso del gobierno federal de hacer uso de la represión para negarnos un espacio que es de todos.

 “Creo yo que los líderes, con todo, estamos obligados a tomar las mejores decisiones aunque se interpreten de otra manera. Coincido en que no era el momento propicio para ir a la plancha del zócalo; esto no quiere decir que desistimos, tendremos que revisar de acuerdo con las condiciones cuál es el mejor momento”.

—¿Está diciendo que las personas que les gritaron no eran integrantes del magisterio, sino de las organizaciones sociales?

—No lo puedo garantizar, pero sí percibí algunos elementos que reconozco que no son de Michoacán y que creo que no son de Oaxaca.

Profesores y estudiantes, de cara a los uniformados

La dirigencia magisterial se retiró, toda, de la Plaza de las Tres Culturas. Algunos maestros también regresaron al campamento montado en el Monumento a la Revolución. Pero los gritos de “Zócalo, zócalo, zócalo” no cesaban. En pequeñas células, los contingentes de maestros y estudiantiles valoraban la posibilidad de dirigirse al lugar prohibido.

Finalmente, un contingente encabezado por profesores se enfiló, sobre eje central, hacia el corazón de la Ciudad. Organizaciones estudiantiles les siguieron el paso.

A la altura de la calle de Tacuba, los contingentes se detuvieron; los profesores se tomaron de los brazos y formaron una valla humana. “Solución, solución, no queremos represión”; “Oaxaca vive, la lucha sigue”; “Ojo por ojo, diente por diente, Enrique Peña Nieto, la cuenta está pendiente”. Conglomerados de policías del Distrito Federal ya los esperaban.

Después de unos siete minutos de consignas de cara a los uniformados, los profesores doblaron a la derecha, hacia su campamento. Antes, uno de ellos explicó: “Es de esta manera cómo le decimos al pueblo de México que los maestros organizamos, que los maestros no fuimos los que provocamos a los policías el viernes pasado. Fueron ellos quienes nos agredieron. Fueron ellos quienes empezaron a quemar nuestras casas de campaña, pero desgraciadamente los medios como Televisa y Tv Azteca estuvieron metiéndole toda esa podredumbre en la cabeza de la sociedad”.

 “La CNTE no está dividida”

En entrevista con Contralínea, Isabel García Velasco, representante del sector Pinotepa Nacional del magisterio oaxaqueño, y quien decidió marchar hacia el zócalo capitalino, rechaza, tajante, que la CNTE esté dividida. “Al contrario, estamos agarrando más fuerza”, sentencia.

—¿Por qué entonces la dirigencia magisterial y algunos profesores decidieron volver al campamento y otro bloque, en cambio, marchar en esta dirección?

—En la Asamblea Nacional Representativa determinaron realizar una marcha del Monumento a la Revolución a la Plaza de las Tres Culturas, considerando el número de profesores que teníamos plantados en ese momento. Sin embargo, nunca imaginamos que toda esa multitud que nos acompañó el 15 de septiembre en el grito popular, vendría otra vez con la idea de ir al zócalo.

 “Es así que termina la marcha; se da el grito de nuestros dirigentes; se van; pero nunca voltearon a ver cuántas personas estaban: organizaciones sociales, estudiantes”.

 “Entonces, tampoco es abandonar la marcha, sino como Coordinadora tenemos que estar con el pueblo. En ese sentido, nosotros nos venimos a acá, en una marcha organizada, nunca a querer enfrentarnos con el cuerpo policiaco porque sabemos que tenemos que cuidar la integridad física de los maestros, de los estudiantes”.

 “Queremos dejar bien claro que esto no es una ruptura, sino que simplemente nosotros decidimos venir acá con los estudiantes. No es por estar en contra de los dirigentes, sino simplemente a favor de toda la gente que se movilizó este día, que dejaron sus escuelas para estar aquí, que están en paros o que están por sumarse a ellos”.

 “Eso es lo que tenemos que decirles a nuestros dirigentes: que se detengan a ver a esa multitud. Pero también queremos que las organizaciones, así como se agregaron a la marcha estén plantados con nosotros. Esa es la fuerza que nosotros queremos tener”.

 

 

 

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