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[…] ante el peligro que no es ciertamente una intervención armada, está respondiendo el pueblo. La Revolución constituida en gobierno […] salvará el honor de México Lázaro Cárdenas: 23 de marzo de 1938

Como tesoros en bibliotecas públicas y privadas, hay colecciones de lo que fue la revista trimestral Problemas agrícolas e industriales de México, publicada de 1946 a 1956. La dirigía Manuel Marcué Pardiñas y en ella colaboraron eminentes escritores, políticos e investigadores que analizaron las cuestiones de la política económica y las inversiones empresariales en las más diversas actividades. En ella se ventilaron crítica y fundadamente los problemas nacionales, y abrevaron quienes se interesaron por la nación que entraba a la etapa de una posrevolución que se fue transformando en una contrarrevolución. Ahora el priísmo-empanizado quiere desterrar del nacionalismo democrático el último gran acto de la Revolución y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su amenazado Artículo 27; cuando sustentado en la democracia directa, el cardenismo expropió la riqueza natural no renovable del petróleo de manos de la voracidad inglesa, estadunidense y los propios que traicionaban esa conquista.

El historiador Merrill Rippy fue autor del número de esa revista dedicado al petróleo. En el prólogo escribió: “México desempeñó algo así como el papel de un David arrojando piedras durante una generación a un Goliat semejante al Ave Fénix: la industria petrolera internacional, que no se dejaba matar y que, cuando resultaba herida, recibía el socorro de las grandes potencias. Lo sorprendente fue que en esas circunstancias se asestara el golpe final a Goliat”. Lázaro Cárdenas [será necesario, contra el priísmo-empanizado, aquello de: ‘¡Lázaro, sal fuera!’] y la nación rescataron de las inversiones privadas lo que según López Velarde ‘nos escrituró el Diablo’”; pero hoy los panistas quieren escriturárselo a los empresarios de allá y de aquí. El ensayo de Rippy conserva su actualidad, y en 15 capítulos nos pone al tanto de esa Expropiación Petrolera; hoy en el filo de una contraexpropiación con nombre de modernización y apellidos de reaccionaria y contrarrevolucionaria.

Entre sus capítulos están: “La herencia española en la legislación minera mexicana. Evolución de la legislación sobre minas: 1884-1909”; “La Revolución y la legislación minera mexicana”; “Las reclamaciones internacionales y la política mexicana”; “El petróleo, la plata y la deuda mexicana”; “La huelga de los petroleros en 1937”; “Expropiación: meta alcanzada”; “La expropiación: repercusiones dentro y fuera de México”; una amplísima bibliografía y dos apéndices. Al consumarse la Expropiación se “consideró como el único acto en la lucha de vida o muerte contra el imperialismo petrolero”.

Este tratado nos permite comprender la hazaña que el 23 de marzo de 1938, ante una manifestación obrero-popular, “adquirió las proporciones de una declaración nacional con un desfile que duró todo el día ante Palacio Nacional, como prueba de apoyo al presidente Cárdenas”. Y en estos momentos, de estar en contra o a favor de la cuestión petrolera, es parte del debate entre las elites de los partidos, los intereses empresariales y un presidencialismo que busca, con la palanca petrolera, remover un estancado crecimiento económico atrapado en los enfrentamientos entre militares-marinos-policías, ciudadanos ajenos a la delincuencia y el creciente desempleo.

Ficha bibliográfica:

Autor: Merrill Rippy

Título: “El petróleo y la Revolución Mexicana”

Editorial: Revista Problemas agrícolas e industriales de México, volumen VI, número 3, julio-septiembre, 1954

*Periodista

 

 


Fuente: Contralínea 350 / septiembre 2013

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