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Se acerca el 8 de septiembre. La juventud mexicana se prepara para unirse al resto del pueblo en la movilización de ese día en el Zócalo de la Ciudad de México, en defensa de los derechos del pueblo y sus recursos. Y no es para menos. El 12 de agosto, Día Mundial de la Juventud, se anunció en el Salón Adolfo López Mateos de Los Pinos la iniciativa para cerrar el futuro de la juventud mexicana, contraria al interés de las nuevas generaciones que requieren de un México con independencia económica, financiera y energética para tener acceso al empleo y el bienestar. Lo que propuso Peña fue abrir las puertas a la explotación, por parte de los extranjeros, de nuestros recursos y nuestra gente, alentando el saqueo de nuestras riquezas y el uso de técnicas de comprobada devastación ambiental. El lugar en el que se dio a conocer la iniciativa es simbólico, pues el mexiquense López Mateos nacionalizó la electricidad en el siglo XX, y en su período se aprobó la prohibición de concesiones y contratos a empresas privadas. Ahora, 50 años después, otro mexiquense (Peña), en pleno siglo XXI, trata de revertir la historia para instalarnos de vuelta en el siglo XIX, en pleno porfiriato, abriendo al ciento por ciento la electricidad a la inversión extranjera; y la exploración, perforación, extracción, distribución, almacenaje y refinación petroquímica, para entregar el más grande negocio a corporaciones extranjeras y nacionales.

 

Peña, que juró “guardar y hacer guardar la Constitución [Política de los Estados Unidos Mexicanos]”, la pisotea y la mutila al proponer la existencia de “contratos de utilidad compartida” con las grandes corporaciones privadas, extranjeras y nacionales, modificando el sexto párrafo del Artículo 27 y el cuarto del Artículo 28 de la Carta Magna, negando el derecho de México a mantener la propiedad exclusiva y el control de sus sectores estratégicos que deben ser monopolio del Estado. La Iniciativa de Reforma energética ha sido calificada por Andrés Manuel López Obrador como el “atraco del siglo”, y es que se abre la posibilidad de que queden en manos extranjeras cientos de miles de millones de dólares que le pertenecen al pueblo de México y deben usarse para el bienestar y el desarrollo de nuestra patria, para darle oportunidades a los jóvenes y a las futuras generaciones y no para engordar a las siempre nefastas corporaciones depredadoras e injerencistas, las mismas que estuvieron detrás del asesinato –hace 100 años– de los entonces presidentes Francisco I Madero y Venustiano Carranza, cuando se dispusieron a cobrarles impuestos.

La Iniciativa, calificada como “mentirosa, tramposa y cínica” por Martí Batres, lleva el fin de entregar nuestra riqueza y soberanía energética; y de forma perversa se presenta invocando hasta el cansancio la figura del expresidente Lázaro Cárdenas del Río (quien se distinguió por su política patriótica y por expropiar de manos extranjeras nuestra industria petrolera) para justificar la que ha sido calificada por Cuauhtémoc Cárdenas como una propuesta “entreguista y antipatriótica”. Vemos pues a personajes de la escoria escudándose en personajes de la historia para desmantelar las bases económicas de nuestro México, pues ahora pretenden bajo su manto devolver a los extranjeros nuestra riqueza petrolera y el sector energético en general.

Las corporaciones andan como zopilotes tras su presa y es un despropósito abrirles las puertas de la empresa que genera más utilidades en el país, ya que Petróleos Mexicanos (Pemex) tiene más ganancias que las seis más grandes empresas que operan en México que le siguen, juntas. Pemex es la cuarta productora mundial de petróleo, la empresa numero 13 de todo el Continente Americano y la 34 a nivel mundial. Es un gigante y una empresa muy rentable a pesar de la mala administración, la corrupción y el saqueo de las administraciones del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN). Pemex y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) son las dos empresas más importantes y con mejores resultados económicos en México y juntas producen el 55 por ciento del ingreso gubernamental, y por eso despiertan el apetito de los grandes tiburones extranjeros. Desgraciadamente, en vez de defender nuestra riqueza, el actual gobierno actúa como el coyote que busca quedarse con la gallina de los huevos de oro.

Los propagandistas de las corporaciones extranjeras y nacionales han desatado una gran campaña en televisión y radio hablando de la necesidad de “abrir” Pemex y la industria eléctrica. ¿Abriría usted su casa para que entren familiares, vecinos y extraños compartiendo su propiedad? ¿Abriría usted su cartera donde guarda la quincena para que otros “compartan” sus utilidades? Nunca.

Los energéticos son propiedad exclusiva de la nación y monopolio del Estado porque son estratégicos, por lo tanto deben cuidarse del robo y el saqueo de los extraños. Pemex obtuvo en 2012 1 billón 646 mil millones de pesos y tuvo utilidades (antes de impuestos) por 905 mil millones de dólares; de impuestos pagó 902 mil millones (según informe oficial de Pemex); entonces, ¿cómo se atreven a decir que no hay dinero? ¿Cómo se les ocurre querer “compartir” las utilidades con intereses privados? En 2011 obtuvo por ventas por 1 billón 558 mil millones y obtuvo 767 mil millones antes de impuestos, pagando 874 mil millones de pesos. ¡Que no nos digan que no hay dinero! Recordemos que en el último año el gobierno federal ha guardado en las reservas más de 25 mil millones de dólares, y éstas suman ya 169 mil millones de dólares; y el año pasado le donaron al Fondo Monetario Internacional (FMI) 14 mil 400 millones de dólares y 4 mil 400 al Banco Interamericano de Desarrollo. ¿No hay dinero? Pero le devolvieron 1 billón de pesos de impuestos a las grandes empresas, y de las Afores (Administradoras de Fondos para el Retiro) tienen 2 billones de pesos en Cetes (Certificados de la Tesorería).

Es claro que sí hay dinero y lo lógico es invertir lo necesario para levantar refinerías, a la industria petroquímica y que sean de la nación; fortalecer estas empresas públicas para dejar de exportar petróleo crudo para producir y exportar gasolinas y petroquímicos que nos cuestan 30 mil millones de dólares cada año. Hay dinero para construir las cinco refinerías que hacen falta. Pero éste, que es el gran negocio, quieren entregarlo a las trasnacionales petroleras. Calderón dispuso de 10 mil millones de dólares para construir la refinería de Tula ¿y qué sucedió? ¡Ni siquiera han terminado de construir la barda perimetral! Que no nos engañen. En México hay capacidad técnica y dinero para hacer crecer nuestra industria petrolera, las refinerías y la industria petroquímica. Pero los gobiernos del PRI y el PAN trabajan al servicio de Washington y sus organismos financieros: FMI y el Banco Mundial, al servicio de las grandes corporaciones nacionales y extranjeras que quieren los negocios y las ganancias para ellos e imponen a sus peleles en el gobierno de México.

Por eso nos oponemos a la reforma peñista y proponemos el combate a la corrupción y al entreguismo. ¡Quieren engañar al pueblo hablando de creación de empleos, baja de precios en luz, gasolina y gas! Cuando con Peña, que prometió eso mismo en la campaña, sólo hemos tenido desempleo y aumentos las tarifas de luz, gas y gasolina. Hoy repite las mismas promesas mentirosas.

Pero ya nadie le cree, porque también Carlos Salinas de Gortari prometía lo mismo para impulsar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte: la televisión y la radio, medios de desinformación, prometían empleos, mejores salarios, progreso y bienestar, ¿y qué aconteció?: la destrucción de la economía nacional, de la industria, la agricultura, el comercio del país, los despidos masivos, el desempleo, la caída salarial, el aumento del crimen organizado y la sujeción a Estados Unidos. Los gobiernos del PRI y el PAN han prometido y engañado.

Quieren darle nuestras riquezas a los extranjeros y aumentar el IVA y aplicarlo en alimentos y medicinas para que el pueblo tape el hoyo. Para favorecer a las grandes corporaciones no les cobran impuestos, mientras a Pemex le quitan el 70 por ciento de sus utilidades y a nosotros nos quitan más del 30 por ciento de nuestros ingresos con el ISR (Impuesto sobre la Renta), nos cobran IVA por todo lo que compramos, pero a la Coca Cola le cobran el 3.3 por ciento, a Walmart el 2.3 por ciento, a América Móvil, de Slim, el 6 por ciento… Ya ni la burla perdonan. Es necesario que las grandes corporaciones se sujeten a un régimen fiscal progresivo para que pague más quien más tiene. La recaudación puede aumentar mucho si se hace justicia a este respecto.

Hay dinero y capacidad técnica para levantar nuestra industria, hay miles de jóvenes capaces, de técnicos e ingenieros mexicanos bien adiestrados. Toda esa riqueza debe invertirse en el desarrollo de México, para que nuestra economía despegue y exista un futuro de bienestar para la juventud.

Hay que mantener el carácter público del sector energético. La mayoría del pueblo lo sabe, por eso con desparpajo, en una campaña insidiosa, nos prometen que “no se privatizará” Pemex. Al mismo tiempo abren puertas y ventanas al capital privado. Es como si alguien dijera: “No habrá matrimonio, tan sólo los invito a mi boda el sábado en la noche, al banquete nupcial en casa de la novia y les participo que de luna de miel nos iremos a Acapulco…” Su campaña no habrá de engañarnos. En particular a los jóvenes que, gracias a las redes sociales, pueden acceder a la información real, formarse sus propias conclusiones y pasar a la acción.

Exigimos que se cumpla la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y que no se mutilen los artículos 27 y 28; que se rescate la empresa pública en el sector energético. Estos días cruciales movámonos para informar a la población la realidad detrás de la reforma energética de Peña y apoyemos las actividades que se están planteando.

El sector energético es exclusivo de la nación, también las riquezas que genera. Asistamos el domingo 8 de septiembre al Zócalo de la capital de la República a la manifestación que convoca Morena [Movimiento Regeneración Nacional]. ¡Es la hora de la acción! El pueblo manda, es tiempo que diga su palabra.

*Politólogo y urbanista. Dirigente de Mexteki y vocero del Congreso de la Soberanía

 

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 Fuente: Contralínea 349  / agosto 2013

 

 

 

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