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A la memoria de Miguel Ángel Granados Chapa (1941-2011)
 

Dos volcanes se ciernen sobre los mexicanos. Uno, el Popocatépetl, el célebre Don Goyo entre las actuales generaciones que viven y sobreviven a sus alrededores y quienes sienten los constantes temblores por sus aún tímidas erupciones y fumarolas; y quienes desde lejos lo miramos y sabemos que ese milenario volcán se mantiene activo y amenazante desde el centro de nuestro planeta. Esto mientras la Julieta de ese Romeo, la Mujer Dormida, el Iztaccíhuatl, permanece aparentemente inactivo con su cobija de nieve.

El otro volcán es el social, en cuyo interior su lava es la mezcla de la pobreza, el desempleo, la inseguridad y el encarecimiento y escasez de los productos de primera necesidad. Un volcán a punto de estallar contra los malos gobiernos federales, municipales y de los estados, incluyendo la jefatura defeña; contra la impunidad, el abuso del poder y la pésima administración de la justicia (desde los ministerios públicos, pasando por los jueces y culminando en una Suprema Corte de Justicia de la Nación con sus palos de ciego en sus resoluciones, que a veces son atinadas y otras, cuando no regresivas, abiertamente absurdas).
 
“Ésa es, señores [lectores], mi convicción profunda: creo que estamos durmiéndonos sobre un volcán, estoy profundamente convencido de ello”, advirtió Alexis de Tocqueville 1 mes antes de la Revolución de 1848 en su discurso en la Cámara de Diputados de Francia, el 29 de enero de ese año. Una Revolución que buscó rescatar los principios de la Revolución de 1789, contra el resurgimiento de un gobierno antidemocrático. No son ahora las mismas causas sociales, económicas y políticas las que atizan al volcán social de nuestro país que, como los griegos, los españoles, los brasileños, sufre la traición a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, a punto de ser víctima de la embestida privatizadora del petróleo en los términos del peñismo, con la complicidad de los partidos electoreros y de los ricos, millonarios y multimillonarios que suman no más de 150 mil en una población de 114 millones de mexicanos (según consigna el informe que hace el seguimiento de las personas acaudaladas publicado por La Jornada el 19 de junio de 2013).
 
En ese contexto, el periodismo crítico –no el de Televisa, Tv Azteca y complacientes medios escritos y radiofónicos– es el que ha estado siendo atacado a sangre y fuego por funcionarios delincuentes que quisieran silenciar a la prensa que informa verazmente, que exhibe los abusos del gobierno, de los sicarios del narcotráfico y todas las delincuencias, dándole tribuna a los asuntos sociales del hambre, el empobrecimiento, el desempleo y que no titubea en informar sobre los rateros en los cargos públicos, el reparto del botín y los panistas desgarrándose las vestiduras blanquiazules –entre calderonistas y no– con los más de 400 mil pesos en las bolsas, al estilo del Granier priísta con sus cajas de millones de pesos.
 
Contra esa prensa escrita, sobre todo, es que gobernantes y delincuentes han enfocado sus constantes y graves ataques, al grado de que tenemos ya más de 60 periodistas asesinados, más de 40 asilados fuera de sus lugares de origen, otros desaparecidos y muchos más amenazados. Gobernantes y delincuentes son vasos comunicantes de la corrupción, al grado de que ya no tenemos políticos, sino rateros que, por encubrir sus abusos, son capaces de todo.
 
En el Museo Memoria y Tolerancia, frente al Hemiciclo a Juárez, en el Centro Histórico de la capital del país, se abrió la exposición ¡No nos callarán! Las batallas por la libertad de expresión. Se trata de una exposición creada por la asociación civil Propuesta Cívica, que está presidida por el periodista Sergio Aguayo y en colaboración con organizaciones que dan la cara por la lucha constitucional de tener una prensa libre, crítica, veraz y de servicio democrático.
 
Asistir a esa muestra por las libertades de prensa, aunado a la lectura de la crónica de Mónica Mateos-Vega (La Jornada, 20 de junio de 2013), es unirse incondicionalmente a lo que la exposición representa: mantenerse  alertas contra los funcionarios que en su doble personalidad sangrienta, autoritaria y represiva actúan como delincuentes. Y también en alerta contra las delincuencias encabezadas por los narcotraficantes. Ambos están más que dispuestos a combatir esas libertades, duramente conquistadas y ratificadas contra viento y marea, de quienes quisieran verlas zozobrar en el mar de sus homicidios, resoluciones judiciales, amenazas cumplidas y todo tipo de agresiones de las que se valen para amedrentar.
 
*Periodista
 
 
 
 
 
Fuente: Contralínea 347 / agosto 2013