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Más de la cuarta parte de los ciudadanos del Reino de España son pobres y 700 mil hogares carecen de cualquier ingreso. El hambre llega a España. Los niños desnutridos ya se cuentan por decenas de miles; tan sólo en la desarrollada Barcelona, su ayuntamiento reconoce más de 2 mil 600 niños desnutridos. Es una situación general de derechos sociales vulnerados.

 

¿Hablamos de violaciones de derechos sociales en la Unión Europea? Podemos enumerar el sufrimiento creciente de tantas personas en Grecia, Portugal, Irlanda, Bulgaria, Rumania, Italia… Incluso en la (¿)próspera(?) Alemania, más de 5 millones de trabajadores precisan ayuda social porque ganan tan poco que no les alcanza para vivir.

En Europa retroceden también los derechos civiles; antes con el pretexto de la lucha antiterrorista y hoy para frenar el movimiento global de la ciudadanía indignada. Vamos hacia atrás. Porque nunca hay democracia de verdad si no se respetan los derechos de todos.

Y, por si fuera poco, ahora sabemos algo peor que el hecho de que la Agencia Nacional de Seguridad estadunidense (NSA, por su sigla en inglés) espíe a millones de personas en todo el mundo, incluidas Europa y el mismo Estados Unidos. El diario The New York Times ha divulgado que 11 magistrados, nombrados a dedo, componen un tribunal de vigilancia de inteligencia extranjera, convertido sigilosamente en una especie de “tribunal supremo” paralelo. El gobierno de Estados Unidos ha creado un tribunal secreto que, con el paraguas de la lucha antiterrorista, aprueba clandestinamente medidas de “seguridad”, al margen de cualquier control democrático, para perseguir a quien amenace los intereses de Estados Unidos; por no hablar de los drones (naves aéreas teledirigidas no tripuladas), que ya han asesinado a más de 4 mil 700 personas teóricamente sospechosas de terrorismo –y civiles que estaban cerca– sin juicio ni defensa alguna.

Ya lo profetizaba, tras el atentado del 11 de septiembre de 2001, Sandra Day O’Connor, jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos: “Conoceremos las peores restricciones a nuestras libertades de toda nuestra historia”. Como así ha sido y así es.

En ese escenario de agresiones sistemáticas a los derechos civiles y políticos, los Estados ceden poder a instituciones económicas internacionales sin legitimidad democrática (Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio, Comunidad Europea…) que imponen recetas neoliberales. Para acabar con el Estado de bienestar y que la minoría rica sea aún más rica en un mundo cada vez más desigual.

Mientras el poder se concentra en pocas manos nada democráticas, empresas trasnacionales, la gran banca internacional, grandes especuladores financieros y grandes fortunas, promueven el asalto final contra los derechos económicos y sociales de la ciudadanía. Una agresión que no pueden justificar en nombre de la lucha contra el terrorismo, pero perpetran en el del equilibrio presupuestario y la presunta lucha contra el déficit público. Y así hacen retroceder a los países a la situación social de la década de 1950.

Al ataque sistemático contra los derechos de la ciudadanía cabe añadir que la división de poderes, consustancial con el sistema democrático, se disuelve por la absoluta hegemonía del Poder Ejecutivo sobre el Legislativo y Judicial. Los parlamentos, subordinados a los gobiernos, en lugar de controlarlos, sólo aprueban las leyes que éstos deciden, en tanto que el Poder Judicial no contradice al gobierno, salvo de modo muy excepcional. Como ha escrito Eduardo Subirats: “el poder financiero del mundo se concentra en manos de un puñado de corporaciones […] y el autoritarismo del Estado a su servicio se impone con la naturalidad de una voluntad divina”.

Los medios de comunicación rematan el panorama con la ocultación y manipulación de la información que la ciudadanía precisa, excluyendo hechos, contenidos y opiniones opositoras o divergentes. Propiedad de unos pocos, los medios ocultan o maquillan los problemas y niegan las canalladas, al tiempo que esconden a sus responsables falseando la realidad.

El actual autoritarismo, camuflado como democracia formal reducida a un caro ritual electoral, es una violación sistemática de derechos de la ciudadanía. Porque fascismo es toda doctrina, sistema o práctica política que se pase los derechos humanos por el arco del triunfo. Y eso ocurre hoy en Europa. El capitalismo neoliberal arruina la democracia, porque no casa con su codicia. La democracia es, ante todo, un sistema ético de derechos, valores sociales y morales, en el que las personas ocupan el primer lugar. Y hoy, en Europa, las personas pintan cada vez menos.

Tiene razón Jürgen Habermas cuando reitera que desmantelan la democracia en Europa. Hasta que la gente común consiga cada vez más poder para cambiar la situación y que sus derechos y necesidades sean la prioridad. Se puede. Más crudo lo tenían con el régimen absoluto y fue expulsado.

*Periodista y escritor

 

Fuente: Contralínea 345 / julio 2013

 

 

 

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