Assad habla, Rusia actúa

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Al neocolonialismo energético estadunidense y de otras potencias en Oriente Medio, disfrazado de fomento a la democracia, Rusia responde con un discurso y una acción política tendiente a posicionarla como defensor de la no injerencia y del respeto del derecho internacional y la soberanía de los intereses de los países del Tercer Mundo. En el ajedrez político de la región, Rusia parece detener el avance de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia

Pepe Escobar/Red Voltaire
 
 
Así que Bashar al-Assad –presidente de Siria– ha hablado, exclusivamente, con el periódico argentino Clarín (hay una inmensa diáspora siria en Argentina, así como en el vecino Brasil).
 
Viendo a través de la niebla de la histeria occidental, hizo algunas observaciones valiosas. El historial muestra que sí, que el régimen ha aceptado varias veces hablar con la oposición, pero la miríada de grupos “rebeldes” sin una dirigencia creíble y unificada siempre se ha negado. Por lo tanto, no existe un camino hacia el cese del fuego que pueda finalmente acordarse en una cumbre –como la próxima conferencia en Ginebra– de Estados Unidos y Rusia.
 
Assad tiene algo de sentido cuando dice: “Nosotros no podemos discutir una hoja de ruta con una parte si no sabemos quiénes son”.
 
A estas alturas, cualquiera que observe la tragedia siria sabe quiénes son en su mayoría. Se sabe que el Ejército de Caníbales Sirios No-Libres, perdón, el Ejército Libre Sirio (ELS) es una colección variopinta de señores de la guerra, gánsteres y oportunistas de todo tipo cruzados con yihadistas de la línea dura del tipo de Jabhat al-Nusra (pero también con otros grupos vinculados a Al Qaeda o inspirados en él).
 
Reuters tardó meses en admitir finalmente que los yihadistas dominan el show sobre el terreno. Un comandante “rebelde” incluso se quejó ante Reuters, “Nusra es ahora dos Nusras. Uno que sigue la agenda de Al Qaeda, de una gran nación islámica, y otro que es sirio, con una agenda nacional para ayudarnos a combatir a Assad”. Lo que no dijo es que el grupo realmente efectivo está vinculado a Al Qaeda.
 
Siria es ahora el infierno de las milicias; muy parecido a Irak a mediados de la década de 2000, y similar al “liberado” Estado fracasado libio. Esta afganización/somalización es una consecuencia directa de la interferencia del eje Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)/Consejo de Cooperación del Golfo (CCG)/Israel. Por lo tanto Assad también tiene razón cuando dice que Occidente está avivando el fuego y que sólo está interesado en el cambio de régimen, sea cual sea el costo.
 

Lo que no dijo Assad

 
No se puede decir que Assad sea exactamente un político brillante, por lo tanto desperdició una excelente oportunidad para explicar a la opinión pública occidental, aunque sea brevemente, por qué las petromonarquías del CCG, Arabia Saudí y Catar, más Turquía, están interesados en incendiar Siria. Pudo hablar de que Catar quiere entregar Siria a la Hermandad Musulmana y Arabia Saudí sueña con una colonia que sea un “cripto-emirato”. Pudo hablar de que ambos están aterrorizados por los chiítas del Golfo Pérsico que albergan legítimos ideales de la Primavera Árabe.
 
Pudo señalar la ruina absoluta de la política exterior turca de “cero problemas con nuestros vecinos”: un día hay una tríada de colaboración Ankara-Damasco-Bagdad, y al día siguiente Ankara quiere cambio de régimen en Damasco y se pone enfrente de Bagdad. Y para colmo Turquía se desconcierta al ver que los kurdos se sienten alentados desde el Norte de Irak hasta el Norte de Siria.
 
Pudo detallar que de la OTAN, Gran Bretaña y Francia –para no mencionar a Estados Unidos– y sus petromonarcas marionetas están utilizando la desintegración de Siria para perjudicar a Irán y que a ninguno de estos actores que suministran las armas y mucho dinero les interesan los sufrimientos del “pueblo sirio”. Lo único que importa son sus objetivos estratégicos.
 
Mientras hablaba Bashar al-Assad, Rusia actuaba. El presidente Vladimir Putin –perfectamente consciente de que las conversaciones de Ginebra están siendo descarriladas por diversos actores incluso antes de que tengan lugar– envió barcos de la armada rusa al Mediterráneo oriental y ofreció a Siria una cantidad de ultramodernos misiles Yakhont tierra-mar, más una cantidad de misiles antiaéreos S-300, el equivalente ruso del Patriot estadunidense. Además Siria ya tiene misiles antiaéreos rusos SA-17.
 
Entonces, tratar, cualquiera de ustedes, miembros de la banda OTAN-CCG, incluso dejando de lado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de lanzar una mini-conmoción y pavor contra Damasco, o de instalar una zona de exclusión aérea: Catar y la Casa de Saud son un chiste desde el punto de vista militar. Los británicos y Francia están seriamente tentados, pero no tienen los medios o las agallas. Washington tiene los medios, pero no las agallas. Putin estaba perfectamente seguro de que el Pentágono comprendería su mensaje claramente.
 

Y no hay que olvidar el “Oleoductistán”

 
Bashar al-Assad también pudo hablar de –¿qué más?– el “Oleoductistán”. Le hubieran bastado 2 minutos para explicar el significado del acuerdo del gasoducto Irán-Irak-Siria por 10 mil millones de dólares que se firmó en julio de 2012. Este nodo crucial del “Oleoductistán” exportará gas desde el campo South Pars de Irán (el mayor del mundo, compartido con Catar), a través de Irak hacia Siria, con una posible extensión al Líbano, con clientes confirmados en Europa occidental. Es lo que los chinos llaman una situación en la que no se puede perder.
 
Pero no para –¿quién será?– Catar y Turquía. Catar sueña con un gasoducto rival desde su campo North (contiguo al campo South Pars de Irán), pasando por Arabia Saudí, Jordania, Siria y finalmente Turquía (que se presenta como el centro privilegiado de tránsito de energía entre Oriente y Occidente). Destino final, una vez más: Europa occidental.
 
Como en todo lo que tiene que ver con “Oleoductistán”, el punto crucial del juego es dejar de lado a Irán y Rusia. Es lo que pasa con el gasoducto catarí, frenéticamente apoyado por Estados Unidos. Pero en el caso del gasoducto Irán-Irak-Siria, la ruta de exportación no puede originarse en otro sitio que en Tartus, el puerto sirio en el Mediterráneo oriental que alberga la marina rusa. Obviamente Gazprom formaría parte de todo el asunto, desde la inversión hasta la distribución.
 
Que no quepa duda: el “Oleoductistán” –nuevamente vinculado a circunvalar Rusia e Irán– explica muchas cosas sobre la destrucción de Siria.
 

Artilugio petrolero de la UE para Al Qaeda

 
Mientras tanto el verdadero ejército sirio –respaldado por Hezbollah– está recuperando metódicamente Al-Qusayr del control “rebelde”. Su próximo paso será mirar hacia el Este, donde Jabhat al-Nusra se está beneficiando alegremente de otra metedura de pata típica de la Unión Europea: la decisión de levantar las sanciones petroleras contra Siria.
 
El bloguero de Syria Comment, Joshua Landis, sacó las conclusiones necesarias: quienquiera que se apodere del petróleo, el agua y la agricultura tendrá en sus manos a la Siria suní. Por el momento es al-Nusra. El hecho de que Europa abriera el mercado al petróleo impuso esta situación. De ahí la conclusión de esta demencia de que Europa esté financiando a Al Qaeda”. Llamémoslo el artilugio petrolero de la Unión Europea para Al Qaeda.
 
El Suroeste de Asia –lo que Occidente llama Oriente Medio– seguirá siendo un campo privilegiado de irracionalidad. Tal como están las cosas en Siria, en lugar de una zona de exclusión aérea lo que en realidad debería establecerse es “todos vuelan por la paz”, y cada cual y su vecino debería estar involucrado: Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y también Hezbollah, Israel y por cierto Irán, como ha subrayado con entusiasmo el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov.
 
Mucho más allá de la obsesión occidental con el cambio de régimen, lo que la ya problemática conferencia de Ginebra podría producir es un acuerdo según la constitución siria que, a propósito, es absolutamente legítima, adoptada en 2012 por una mayoría de votos del verdadero y sufriente “pueblo sirio”. Eso incluso podría significar que Bashar al-Assad no fuera candidato a presidente en las elecciones programadas para 2014. Cambio de régimen, sí. Pero por medios pacíficos. ¿Permitirán la OTAN, el CCG e Israel que ocurra? No.
 
 
 
Fuente: Contralínea 339 / junio 2013
 
 
 
 

 

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