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En los 2 sexenios panistas 41 elementos del Cisen perdieron la vida “en cumplimiento de su deber”. Los integrantes del organismo de inteligencia civil del Estado mexicano fueron muertos mientras se desempeñaban profesionalmente en acciones y operativos de seguridad nacional

 
Durante los 12 años en que el Partido Acción Nacional (PAN) estuvo a cargo de la Presidencia de la República, 41 elementos del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) perdieron la vida “en cumplimiento de su deber”.
 
En dos respuestas a solicitudes de información presentadas por medio de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental (LFTAIPG), el organismo descentralizado de la Secretaría de Gobernación informa que entre los años 2000 y 2012 fueron 41 de sus elementos los que resultaron muertos por su trabajo: 19 entre 2000 y 2006, y 22 entre 2006 y 2012.
 
En el documento entregado a Contralínea –como respuesta a la solicitud de información 0410000004511 presentada por este semanario–, el servicio de inteligencia civil del Estado mexicano da cuenta de los elementos caídos entre el 1 de enero de 2000 y el 8 de marzo de 2011: 36. En el mismo oficio descarta informar de los otros puntos contenidos en la petición:
 
“[…] Por lo que respecta al día en que ocurrieron los decesos es importante señalar  que las circunstancias de tiempo, modo y lugar del fallecimiento de las personas que alguna vez estuvieron adscritas a este [órgano] desconcentrado están reservados […]”.
 
El Cisen argumenta que “en el caso de los servidores públicos fallecidos en el cumplimiento de su deber, la divulgación de las circunstancias de su muerte podrían revelar líneas de investigación, metodología o estrategias de trabajo de este [organismo] desconcentrado [de la Secretaría de Gobernación]”.
 
Otra solicitud de información, presentada por un ciudadano, motivó la intervención del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (Ifai) para que el Cisen diera cuenta de los “agentes” muertos entre 2006 y 2012: 24. La información fue publicada en el diario La Jornada por el periodista Jesús Aranda el 20 de mayo de 2013.
 
 
Los 41 decesos ocurridos entre 2000 y 2012 –dato obtenido del cruce de la información contenida en las dos respuestas de la Unidad de Enlace del Cisen a las solicitudes de información mencionadas– ocurrieron mientras los directores del organismo de inteligencia eran Eduardo Medina-Mora Icaza (2000-2005), Jaime Domingo López Buitrón (2005-2006), Guillermo Valdés Castellanos (2006-2011), Alejandro Poiré Romero (2011) y, de nueva cuenta, Jaime Domingo López Buitrón (2011-2012).
 
 
Desde el 1 de diciembre de 2012, cuando Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia de la República y Miguel Ángel Osorio Chong, la Secretaría de Gobernación, el director del Cisen es Eugenio Ímaz Gispert.
 
Los años que más decesos de integrantes del Cisen registraron fueron 2010, con seis casos; 2002, con cinco, y 2000, 2009 y 2011 con cuatro cada uno.
 
El Cisen fue fundado el 13 de febrero de 1989, a poco más de 2 meses del inicio del gobierno de Carlos Salinas de Gortari. El primer director del Centro fue el general Jorge Carrillo Olea. Oficialmente el organismo buscó inaugurar una nueva etapa en los servicios de inteligencia del Estado mexicano, hasta mediados de la década de 1980 a cargo de la Dirección Federal de Seguridad y la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales, cuyos métodos, técnicas y objetivos rayaban en la delincuencia y la obsolescencia. El tránsito entre estas dos direcciones y el Cisen ocurrió en un lapso de 4 años, tiempo en el cual el organismo se llamó Dirección General de Investigación y Seguridad Nacional.
 
De acuerdo con la Ley de Seguridad Nacional –en vigor desde el 1 de febrero de 2005–, el Cisen “es un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Gobernación con autonomía técnica, operativa y de gasto, adscrito directamente al titular de dicha Secretaría”.
 
 
Entre las atribuciones que la ley confiere al Cisen se encuentran: “operar tareas de inteligencia como parte del sistema de seguridad nacional que contribuyan a preservar la integridad, estabilidad y permanencia del Estado mexicano […]; preparar estudios de carácter político, económico, social […] así como aquellos que sean necesarios para alertar sobre los riesgos y amenazas a la seguridad nacional […]; proponer medidas de disuasión, contención y desactivación de riesgos y amenazas que pretendan vulnerar el territorio, la soberanía, las instituciones nacionales […]”.
 
La misma Ley de Seguridad Nacional determina los mecanismos mediante los cuales el Poder Judicial autoriza al Cisen a realizar intervención de comunicaciones electrónicas, llamadas telefónicas y a realizar operaciones encubiertas.
 
De acuerdo con la respuesta del Cisen a la solicitud de acceso a la información 041000025808, presentada por un ciudadano mediante la LFTAIPG, los “productos de inteligencia” elaborados por el organismo para consulta de sus “usuarios” son: la Agenda institucional de riesgos, documento de periodicidad anual cuya estructura se compone de “Antecedentes”, “Situación actual” y “Prospectiva”; la Agenda mensual de riesgos, que cuenta con la misma estructura; el Documento semanal, el cual “se trata de un inventario de actos programados, ordenados temáticamente”; los Documentos monográficos, cuya estructura es también de “Antecedentes”, “Situación actual” y “Prospectiva”, y la Carpeta de información periodística, compuesta de una “síntesis de la información publicada en los principales diarios de distribución nacional” y de “fotocopias de notas, editoriales, caricaturas, etcétera, ordenadas temáticamente”.
 
A decir del Centro, los “productos de inteligencia” señalados persiguen los siguientes objetivos: “diagnosticar una situación actual; identificar la dinámica del actor o problemática; establecer futuros posibles (escenarios); prever contingencias (riesgos o amenazas); [y] determinar líneas de acción para un futuro deseable”.
 
Al final de su respuesta, el Cisen sentencia: “el análisis de la información agrega valor, significado, sentido y prospectiva”.
 
 
 
 
 
 
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Fuente: Contralínea 336 / mayo 2013
 
 
 

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