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De entre mis libros, apenas tengo 20 textos con la calidad insuperable de las creaciones de George Steiner, el todavía biológicamente vivo escritor con la más lograda maestría para la crítica literaria en cuanto a divulgación de la cultura que nació entre los griegos de la Atenas –todavía maravillosa– de las recreaciones históricas. Nada le ha sido ajeno a este persistente e incansable trabajador del conocimiento de las aportaciones en los principales idiomas a los que recurrieron los inmortales de las letras. Las obras de Steiner han estado traduciéndose al español sin un orden cronológico, como por ejemplo La muerte de la tragedia, un cortísimo ensayo de 250 páginas con una prosa grandiosa, del francés al inglés y de éste a nuestro idioma. Esto a pesar –con las mismas palabras de Steiner– de que toda traducción es apenas una “aproximación cuando existe el traslado a otro idioma”.

 

No se puede uno dar a la lectura de este libro sin dedicarse con todos los sentidos, en cuerpo y pensamiento, hasta agotar la escritura de quien ya nos ofreció un adelanto de su autobiografía (El examen de una vida, en ediciones Siruela). Es nuestro autor un laico en vida privada y su voz, pública, a través de sus escritos y sus 55 años de magisterio; sin decir de dónde o si por cuenta propia dedujo que “enseñar es enseñar a crear” (un postulado desde Immanuel Kant a Hermann Cohen, Pablo Natorp y todos los integrantes de la Escuela de Marburgo, a cuyas clases asistió, por ejemplo, Boris Pasternak, como se registra en su biografía de Gerd Rube, ediciones Destino). Profesor, pues, ha dicho: “Toda mi vida he sido profesor de literatura”.

 

Su ensayo La muerte de la tragedia nos dice, con un manejo de acopio cultural-literario, que de Eurípides, Sófocles y Esquilo (están las obras completas en ediciones Cátedra, segunda edición, 2008) a Shakespeare y Racine, el tratamiento trágico, la tragedia, parece estar muerta como manifestación teatral. Los escenarios están de luto a la espera de que de las creaciones de los grandes trágicos nazcan los nuevos creadores, “tratadistas de la representación del sufrimiento y el heroísmo personales”, como lo han hecho los Sófocles, los Eurípides, los Esquilo, los Racine y los Shakespeare…

 

Steiner hace una revisión crítica de los grandes trágicos y de quienes rozaron o intentaron el tratamiento, por cuyos textos “ha cristalizado el sentido de lo trágico durante casi 3 mil años de poesía occidental: la brevedad de la vida heroica, el sometimiento del hombre a la ferocidad y el capricho de lo inhumano”. Ha sido bellísimamente traducido por E L Revol. Y esto, adicionado a la calidad inmensa del texto, hace que su lectura adquiera proporciones de un ensayo trágico sobre la tragedia, a la que Steiner considera, como expresión teatral, muerta, pero no enterrada, ya que dice: “Aunque lo juzgo remoto, existe la posibilidad de que el teatro trágico pueda tener ante sí una nueva vida y un futuro” (obra publicada en 1961, apenas fue traducida en 2000).

 

Ficha bibliográfica:

 

Autor: George Steiner

Título: La muerte de la tragedia

Editorial: Siruela, 2011

 

 Fuente: Contralínea 335 / mayo 2013

 

 

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