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Para mayo de 2013, Petróleos Mexicanos (Pemex) aún no publica el informe oficial sobre los resultados del año anterior. En una situación inédita, no quiere reconocer las dificultades por las que atraviesa, ni siquiera en el voluminoso Informe de casi 800 páginas entregado al Consejo de Administración de la paraestatal que, formalmente, continúa siendo de la nación mexicana.
 
 
Así, el ciudadano de a pie sólo recibe propaganda que asegura el descubrimiento de “gigantescos” yacimientos que garantizan la reposición de las reservas extraídas y la continuidad del abasto para varias décadas más. Desde septiembre de 2012, diversos analistas impugnamos las falsedades de Felipe Calderón al anunciar el potencial de los pozos Trión y Supremus, en el Golfo de México, cerca de la frontera con Estados Unidos.
La verdad es que en 2012 la geología mexicana ofreció los más pobres resultados en la década. En el cuadro 1, Descubrimientos en 2012, se muestran los datos de 21 pozos descubridores de hidrocarburos, con datos del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, que desde luego son distintos tanto a los difundidos el 18 de marzo pasado, como al informe entregado al Consejo de Administración de Pemex. Se ordenan separando los cuatro éxitos en formaciones de lutitas.
 
En resumen, de los 21 pozos exitosos del año pasado, sólo en cinco se encontró el codiciado aceite: uno en Tamaulipas, dos en Tabasco y dos chiapanecos, pero como se sabe, estos cuatro últimos son extensiones de campos ya conocidos y fueron descubiertos, algunos, desde la década de 1970.
 
Por primera vez no se descubre nada en el Golfo de México.
 
Con respecto de los cuatro pozos reportados en lutitas –del que destaca Anhélido, anunciado como aceitero–, ver el cuadro 2: Pozos con objetivo en formaciones de lutitas (shale gas/oil).
 
Del total de los 21 descubrimientos, la gran mayoría (más del 70 por ciento) son de gas. Si bien es cierto que los veracruzanos exhiben muy importantes volúmenes de condensados respecto al gas seco, sus bajos precios hacen poco rentable, por ahora, su explotación.
 
Esta situación confirma la pertinencia de alertar que cada año es más difícil el descubrimiento de crudo, que la producción está disminuyendo desde hace 1 década y que es remota la posibilidad de revertir esa tendencia. México es ya, definitivamente, un país post peack oil.
 
El balance debe incluir los grandes fracasos de 2012, entre ellos, el pozo petrolero exploratorio Bricol, en Comalcalco, Tabasco, su perforación se prolongó casi 2 años porque se profundizó a más de 7 kilómetros. Otros casos son el Rabasa, en Agua Dulce, Veracruz, en el Presal de México, y Costero 1001, Cárdenas 901 y La Venta 1001, los tres últimos en Tabasco; así como el Ku 301, que hubiera permitido extender el área del complejo Ku-Zaap-Maloob, que aunque mantiene el viejo nombre, ahora integra cinco campos (pequeña maniobra que explica que se mantenga arriba de 800 mil barriles diarios).
 
Finalmente en aguas profundas, en 2012, fracasaron Talipau, Caxa y Hux y están en riesgo Trión y Supremus, porque sus formaciones muy complejas no permitieron concluir las pruebas de producción, aunque hay evidencia de que existe crudo y gas. Sobre este caso es necesario un examen, a condición de que sea bien informado.
 
La ubicación de los pozos nos muestra las áreas privilegiadas: 1) el Sureste, donde se descubrió Navegante con casi 2 mil barriles diarios y extensiones de Teotleco, Sunuapa y Jolote, 2) las aguas profundas y 3) las formaciones de lutitas.
 

La sobreexplotación

 
En 2012, las reservas descubiertas de aceite apenas alcanzarían, en un estimado muy optimista, unos 150 millones de barriles de crudo como reservas probadas, pero la extracción ascendió a 2 millones 548 mil barriles diarios, esto es a poco más de 930 millones de barriles al año; es decir, en el mejor de los casos, se repuso una sexta parte de las reservas probadas.
 
Es una política no sostenible. La publicidad repite que se ha alcanzado a reponer más del ciento por ciento de reservas, porque presenta las reservas “posibles” como algo seguro de extraer, pero esa categoría agrupa recursos con sólo el 10 por ciento de probabilidad de recuperase.
 
Pemex espera corregir este desequilibrio entre reservas disminuidas y excesiva extracción con la reforma energética. Espera que la inversión extranjera que aplicará nuevas tecnologías mejore la tasa de éxitos, intensifique el número de pozos perforados y eleve la producción. Abriga grandes esperanzas en shale oil; el éxito de Anhélido, que descubrió aceite, asegura que en el futuro esa zona será explotada, independientemente de los problemas de escasez de agua y las repercusiones ambientales, porque se impondrá la petroadicción que padecemos.
 
La perforación de Anhélido se prolongó 7 meses, casi 20 veces más que los pozos gringos similares. ¿Lograrán las empresas extranjeras abatir esas diferencias y obtener costos competitivos? Hoy la producción mexicana depende de KZM (el proyecto Ku-Zaap-Maloob). Aún en el escenario más alegre, suponiendo que no colapse como Cantarell, en 2 años iniciará su declinación natural. ¿Alcanzarán nuevos campos a reponer ese declive? La sociedad mexicana necesita exámenes de distintos escenarios, conocer previsiones y estudios prospectivos.
 
 
 
*Investigador en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México 
 
Fuente: Contralínea 334 / mayo 2013