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⇒ Parte VII: Jacobo Silva: el nacimiento del ERPI
 

El contacto con los pueblos indígenas modificó la manera de “hacer la Revolución” y también profundizó las diferencias al interior del PDPR-EPR. A decir de Jacobo Silva Nogales, las comunidades na’saavi, me’phaa, nahuas y amuzgas “aportaron el compromiso con la verdad, el valor de la palabra, el respeto a los acuerdos y la democracia directa”: sí al marxismo, pero no burocrático ni exclusivista. La separación de la estructura de Guerrero del EPR, concluida en enero de 1998, estuvo a punto de haber sido violenta

Séptima parte

“Fue un proceso gradual, lento, pero que acabó por reafirmar las diferencias de método, visión política y estrategia; es decir, de todo”, dice Jacobo Silva Nogales al referirse a su ruptura –y de toda la estructura guerrillera de Guerrero– con el Ejército Popular Revolucionario (EPR).
 
La escisión, ocurrida formalmente el 8 de enero de 1998, le significó al EPR la pérdida de más del 70 por ciento de sus combatientes, a decir de Jacobo Silva. Fue el nacimiento del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI). A Jacobo le valió una sentencia de muerte, de la que el EPR, según su comunicado del 1 de julio de 2009, sólo ha dicho públicamente: “Con respecto a la supuesta beligerancia de nuestro partido para con ustedes [ERPI], compañeros, es una falsa apreciación; no existe porque uno de nuestros principios es respetar todo esfuerzo que se impulse desde cualquier forma de lucha que contribuya a liberar al pueblo y transformar a la sociedad”.
 
En entrevista con Contralínea, Jacobo Silva explica que los cuestionamientos iniciaron por el desigual crecimiento de la guerrilla en los estados de la República. Mientras en Guerrero se había crecido vertiginosamente, en otras entidades con regiones y características similares no había desarrollo alguno.
 
—Sí cuestionamos por qué no se crecía en otras partes y planteamos que todos deberíamos ayudarnos en todos lados –explica Jacobo–. En Guerrero comenzamos la elaboración de una propuesta que se llamó Metodología de construcción. Se hizo un folletito de 30 páginas, que acabó siendo de más de 130. Y no se terminó. Aún así, inconcluso, lo presenté ante los demás responsables de la Comandancia General para que lo analizaran y vieran que era factible crecer en grande y estar en condiciones de empezar una guerra de verdad.
 
Explica que el grupo de compañeros con el que se identificaba propuso que los dirigentes se incorporaran a las columnas armadas: “Los jefes vámonos allá a donde están los hechos; no vamos a dirigir de lejos; vámonos adonde está la acción; asumamos el riesgo; de qué sirve que estemos vivos y nunca nos pase nada si no hacemos la gran cosa”. Jacobo lo decía con la autoridad moral de quien sí se encontraba entre los milicianos.
 
A las discusiones sobre el método de crecimiento guerrillero se sumaron las de “estrategia y ataque”. Así, “se fueron diferenciando dos posiciones antagónicas en cuanto a las cuestiones política y militar”.
 
Señala que entonces se le acusó a él de cismático y de que había amasado “mucho poder” en la estructura guerrillera de Guerrero.
 
—Se fue agudizando la situación. Ya era un poco riesgoso… Hasta que optamos mejor por separarnos. Vimos que la relación ya no era saludable y, como iban las cosas, no quedaría todo en pura discusión…
 
La separación pudo haber sido violenta, como se desprende de las cartas y los comunicados que ambos epeerres se enviaron.
 
En el comunicado del 17 de febrero de 1997 –considerado el primero del ERPI y que fue titulado “Ustedes y nosotros: dos EPR”–, Aurora, Antonio, Santiago, Emiliano, Cuauhtémoc y Hermenegildo formalizan ante el EPR su salida de esa organización.
 
En el texto se puede leer: “Sí, llegamos a temer que el no comprender o el no aceptar que prácticamente toda la estructura de Guerrero tomó unida esta decisión [de separarse], pudiera llevarles a revivir la idea de la posible ejecución como solución viable. Por eso optamos por mantenernos, durante un tiempo al menos, fuera de su alcance [EPR] y por eso mismo hemos estado atentos a sus reacciones”.
 
 
Vendrían más cartas en las que ambas organizaciones se hacen reproches. En los comunicados del ERPI se señala que, por seguridad, no habrá intercambios personalmente.
 
—La separación de ustedes, como estructura estatal de Guerrero, ocurrió de manera casi simultánea con otras. ¿Las otras corrientes que se escindieron eran de su grupo?
 
—Nuestra separación fue el detonante para que ocurrieran otras, dado que las divergencias al interior del EPR habían permanecido ocultas por muchos años. Y cuando sucede la escisión del ERPI es cuando salen a flote todas las diferencias acumuladas.
 
Una serie de escisiones del EPR ocurrirían entre 1999 y 2001, entre las que destacan la de la Tendencia Democrática Revolucionaria (TDR), las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo y el Comando Clandestino Revolucionario de los Pobres-Comando Justiciero 28 de Junio.
 
“Otros compañeros ponen de manifiesto también sus divergencias y salen a formar otras agrupaciones. El proceso concreto de ellos no lo conozco. Lo que sé es que se separaron en un proceso parecido al nuestro: se tuvieron que ir porque se estaban intensificando cada vez más las contradicciones y estaban adquiriendo [las confrontaciones] un matiz más peligroso; y no fueron salidas de muy ‘buena’ forma, de que ‘me salgo y a’i quedamos en paz’, sino con grandes divergencias y problemas.”
 
—¿La escisión de ustedes fue la más grande?
 
—En ese momento éramos el 70 por ciento de la fuerza que tenía el EPR. En aquel tiempo yo expresé que éramos el 60 por ciento por ser conservador, para no caer en una exageración, por más leve que fuera.
 
—¿Las divergencias que finalmente llevaron a la ruptura fueron entre quienes venían del PROCUP y quienes venían del PDLP? No sería la primera vez que los campesinos de Lucio Cabañas rompieran con los intelectuales de la Liga Comunista 23 de Septiembre o de la propia Unión del Pueblo (luego de un intento de alianza durante los primeros años de la década de 1970).
 
—Fue muy parecido porque la divergencia empezó con los fundadores de Guerrero, que eran la base de la guerrilla de Lucio [Cabañas]. Esos combatientes que apoyaron a Lucio son los que se quedan en el ERPI; pero también hubieron algunos ya de lo construido como EPR que se quedaron en el ERPI. Y también en el EPR quedaron varios que venían del PDLP. En general el componente PROCUP-PDLP es el que se va quedando con las filas del EPR.
 
Jacobo Silva se muestra serio. Le interesa abundar en la diferencia.
 
“En Guerrero, poco a poco fuimos descubriendo métodos y fuimos llegando a conclusiones diferentes de las que se tenían en el EPR. Una de ellas es la cuestión ética. Llegamos a la conclusión de que era necesario poner en primer lugar la ética revolucionaria. Era necesario que hubiera una congruencia total entre el decir y el hacer.”
 
—¿Hubo algún hecho que los motivara a exigir que se colocara en primer lugar de sus actividades la “ética revolucionaria”?
 
—La relación con los indígenas –responde inmediatamente–. Aprendimos el respeto total a la palabra. Vimos que puede resultar difícil convencer a un indígena de algo. Pero una vez que se convence y se compromete no anda con vacilaciones ni con doble cara. Al irnos moviendo en el medio indígena fuimos adquiriendo valores como el de que la palabra debe cumplirse y de que la ética debe estar antes que cualquier otra cosa. El compromiso con la lucha es un compromiso con la verdad, con la fidelidad a los principios.
 
—¿La verdad antes que la lucha?
 
—Es que la verdad es parte de la lucha. Incluso aunque haya riesgos, posibilidades de conflicto; no hay que ocultar los problemas ni las diferencias. En Guerrero hicimos una serie [de textos] que le llamamos Tesis para el cambio, cuyos planteamientos fueron la base para constituirnos ya como ERPI. Entre esos planteamientos destaca: ya no más a las sentencias de muerte de los movimientos armados. Y al menos el ERPI asume el compromiso de no ajusticiar a nadie por diferencias políticas. De forma contundente renunciamos a esa forma de “dirimir” las diferencias.
 
“Incluso, ya en la cárcel nunca dudé de mis compañeros. Sabía que estaban dolidos por mi captura, pero sabía que a la persona que me entregó no la ajusticiarían, no se le ejecutaría. No dudé de ellos porque ésa era la convicción de todos.”
 
Deja atrás el tono grave y, con satisfacción, sonríe. “Me dio mucho gusto que no ocurriera eso; teníamos claro que una pena de muerte no era justa para nadie y que valía más la muerte política. Antes de eso, en nuestro conflicto con el EPR, rechazamos ejercer alguna acción contra ellos; y tuvimos varias oportunidades. Pasamos esas dos pruebas de fuego, en lo que ser fieles a nuestras convicciones se refiere”.
 
—¿La traición no se penaliza entre la guerrilla?
 
—Sí, pero nosotros rechazamos la pena de muerte. Lo que hacemos es que quien actúa como quien me entregó, deja de existir para nosotros; se convierte en una persona totalmente ajena y deja de ser lo que era. Y ya nunca más volverá a serlo.
 
Reflexiona. Continúa pausadamente: “Esa persona fue torturada y pudo haber sido obligada, para salvar su vida o su libertad… Pues que aproveche esa vida que salvó… Tal vez lo hizo para poder cuidar a su hija… Yo quise mucho a esa niña. La tuve entre mis brazos. La apreciaba. Y de ninguna manera hubiera deseado que se quedara huérfana. Actuar de otra manera es venganza. Justicia es dejar claro lo que en verdad sucedió: mostrar quién es quién. Y al final, salimos ganando en todos los aspectos”.
 
El documento Tesis para el cambio, disponible en la página electrónica del ERPI (www.enlace-erpi.org), se integra de una introducción, 27 tesis y las explicaciones de cada una. La tesis 25 señala: “La lucha política al interior de las organizaciones armadas ha desembocado, muchas veces, en el asesinato de disidentes bajo el argumento de supuestas traiciones o conjuras. En muchos casos el asesinato ha sido también el medio con el cual se han pretendido resolver las contradicciones entre organizaciones políticas. Es hora de renunciar definitivamente a tales métodos.
 
Ajusticiamientos se les ha llamado eufemísticamente y se han inventado traiciones y conjuras para intentar justificarlos, o bien, simplemente se ha negado el haberlos realizado –señala la explicación de la tesis–. Sin embargo, algunas veces, cuando las evidencias son abrumadoras o cuando ha surgido un mínimo de conciencia autocrítica, se ha llegado a admitirlo, y se les ha dado el nombre de ‘errores’. Sí, errores, pero que no se pueden corregir porque ningún reconocimiento puede devolver la vida a nadie.”
La explicación concluye: “Nunca, ¡nunca más!, ni un solo muerto por problemas internos o por diferencias políticas”.
 
—Por lo que se advierte de los comunicados que se hicieron públicos del proceso de separación, hubo cierto nerviosismo de que se ejecutara una agresión por parte del EPR. Incluso se habla de una sentencia de muerte que el EPR habría “decretado” en tu contra…
 
—De parte nuestra, la forma de actuar durante ese proceso fue replegarnos e, incluso, ceder terreno. Dejamos de actuar en algunas partes donde podría haber confrontación. Es parte de la política que aplicamos en Guerrero desde hace mucho tiempo: cero confrontación entre gente de izquierda o que lucha. Fue una buena decisión porque disminuyó la posibilidad de enfrentamiento entre quienes estamos del mismo bando aunque tengamos diferencias.
 
—¿Y de parte del EPR?
 
—No fue igual. Se puede ver la sentencia (de muerte) que hubo en ese momento y de la que no sabemos la situación ahora. Pero es cierto que en ese momento hubo la sentencia. Supongo que los compañeros ya tuvieron tiempo para reflexionar. Me gustaría que, en efecto, hubieran reflexionado al respecto. Pero eso ya depende de ellos.
 
—¿Experimentaron un proceso parecido al del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)? Ellos también han dicho que llegaron a las comunidades indígenas con la idea de enseñarles a luchar y se dieron cuenta que quienes tenían que aprender eran ellos.
 
—Hay muchas cosas similares en el proceso del ERPI con lo que he leído del EZLN. Para nosotros, el contacto con los pueblos indios vino a fortalecer y un poco a cambiar la idea de hacer la revolución. El propio subcomandante Marcos [del EZLN] ha explicado que la primera derrota que tuvieron fue con las comunidades indígenas, a las que querían decirles lo que tenían que hacer. Además, el EZLN también se desprendió de las Fuerzas de Liberación Nacional. Tal vez no con el mismo tipo de roces que ocurrieron cuando el Comité de Guerrero se separó del EPR, pero hubo un desprendimiento por la serie de cambios aportados por las comunidades indígenas. En el caso del ERPI, los pueblos indígenas nos aportaron el compromiso con la verdad, el valor de la palabra, el respeto a los acuerdos y la democracia directa.
 
“Se puede decir que sí fue un proceso muy parecido al del EZLN porque llegamos a conclusiones similares, aunque nosotros les llamáramos de manera diferente. Por ejemplo, a lo que ellos llaman autonomía, nosotros le llamamos poder popular. Nosotros no tuvimos la claridad, la inteligencia, la capacidad, de Marcos para sintetizar en dos palabras una idea profunda: ‘mandar obedeciendo’. Nosotros no tuvimos esa visión. Era más limitada: más militar que política, quizá menos mediática.”
 
 
Jacobo Silva Nogales explica que, al principio, fue difícil el proceso de consultar a las comunidades y acatar los resultados, pues “veníamos de un movimiento muy cerrado”. Finalmente las comunidades se impusieron y la organización armada creció.
 
“Nosotros proponíamos, consultábamos y acatábamos: desde si nos podíamos mover en su territorio o no; si nos desplazábamos para otra área o no; y si debíamos realizar una emboscada o no.”
 
—¿Alguna comunidad les prohibió algo?
 
—No es que nos prohibieran. Actuábamos con ellas. Una vez había la orden de hacer unas emboscadas. Ya estaba todo preparado. Y llegó el representante de la comunidad y me dijo: “Mire, compañero, no quisiéramos que aquí se atacara al Ejército, porque se nos va a venir encima; y no estamos listos para la represión que va a llegar. Ustedes van a atacar; está bien, pero que sea en otra área”.
 
Como Comandante Antonio, y todavía integrante del EPR, ordenó la suspensión de la emboscada aunque sabía que tendría problemas con sus superiores. Los pobladores incluso se mostraban apenados. Jacobo les habría dicho:
 
“No tienen por qué preocuparse. Si les piden explicaciones, digan que yo decidí. No se hará. Bien, ahora propongan dónde sí se puede hacer”. Jacobo Silva sonríe, abre más los ojos y agrega: “Y entonces veías la alegría de la gente”.
 
Reconoce que al consultar con las comunidades las decisiones aumentaba el riesgo militar; “pero aumentaba la cohesión política y la confianza de la gente”.
 
—¿Ser menos herméticos no pone en riesgo a la organización?
 
—Vale la pena aumentar el riesgo. Porque podemos tener todo cerrado, pero nunca avanzamos y, lo peor, el grupo que combate se separa del pueblo. No queremos eso. Nosotros nos sentimos muy a gusto en el pueblo, donde la gente nos brinda la seguridad y la comida, porque somos los mismos. No hay diferencia. Y no estamos de acuerdo con esa visión de otras guerrillas, en la que al pueblo le prometen todo… Pero para cuando ganen; y mientras, se vale todo. Eso no lo compartimos.
 
—¿Y desde el punto de vista teórico, político y social, el ERPI siguió siendo marxista?
 
—En el ERPI hay un núcleo teórico, que es el marxismo. Hay una raíz marxista, pero no es dominante ni exclusivista, ni es la tendencia burocrática que siempre ha prevalecido. No es, en absoluto, estalinista; eso no queremos para nuestro país. No renegamos de nuestra raíz marxista; por el contrario, nos enorgullecemos de ella, pero no estamos atados a las interpretaciones del marxismo de las décadas de 1970, 1960 o, incluso, del siglo antepasado. Estamos atentos a las nuevas discusiones y planteamientos, lo enriquecemos.
 
 
⇒ Parte VII: Jacobo Silva: el nacimiento del ERPI
 
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 Fuente: Contralínea 332 / mayo 2013

 

 

 

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