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⇒ Parte VIII: Jacobo Silva: El Charco, error y masacre

En El Charco, Costa Chica de Guerrero, a finales de junio de 1998, combatientes erpistas pernoctaron en una escuela con civiles. Cuando el Ejército llegó, arrasó parejo. A pesar de la rendición de dos combatientes y de la salida de los campesinos con los brazos en alto, se registraron 11 muertes; la mayoría de civiles

Octava parte
 
La población mexicana y las agencias gubernamentales no se enteraron del ERPI por un comunicado o por una acción de propaganda o de combate de la organización, sino por la serie de hechos que se conocen como la Masacre de El Charco.
 
La madrugada del 7 de junio de 1998, militares rodearon la escuela Caritino Maldonado Pérez, ubicada en la paupérrima comunidad na’saavi de El Charco, municipio de Ayutla, de la Costa Chica de Guerrero. Al frente de los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional se encontraba el comandante de la 27 Zona Militar, el general Alfredo Oropeza Garnica. Una hora y media duró la balacera. Hasta después de 2 días, el Ejército Mexicano permitió la entrada de periodistas a la zona. Murieron 11 personas, cinco resultaron heridas –entre ellas un niño de 13 años de edad– y se detuvo a otras 22.
 
Las autoridades militares refirieron que tuvieron un “enfrentamiento casual” con guerrilleros y que, en la refriega, fueron abatidos 11 rebeldes. Incluso el documento Grupos armados, elaborado por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) como respuesta a una solicitud de información ciudadana presentada por medio de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, señaló que en el “enfrentamiento” entre milicianos y elementos del Ejército Mexicano “resultaron muertos 11 de sus integrantes [del ERPI], uno de ellos Ricardo Zavala Tapia, (a) comandante Daniel, estudiante de la FCPS [Facultad de Ciencias Políticas y Sociales] de la UNAM [Universidad Nacional Autónoma de México], cinco más resultaron heridos, y fueron detenidas 22 personas, entre ellas Efrén Cortés Chávez (a) Ernesto y Érika Zamora Pardo (a) Rosario” (sic).
 
Las versiones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, de los sobrevivientes, de las organizaciones no gubernamentales de defensa y promoción de los derechos humanos y del ERPI son muy distintas a las presentadas por los militares.
 
El ERPI reconoció que en la escuela se encontraba una de sus unidades, integrada por cuatro combatientes encabezados por el Capitán José. Los guerrilleros sabían de la reunión de comunidades para gestionar proyectos productivos y habían acudido a escuchar las demandas y la problemática de los pobladores. Luego de la reunión, los campesinos decidieron pernoctar en la escuela, pues la discusión continuaría al día siguiente. Los milicianos también decidieron dormir en la escuela.
 
“Los 11 cadáveres que el Ejército presentó como resultado de un enfrentamiento corresponden en realidad a un combatiente caído en combate, un visitante voluntario caído en combate, dos combatientes temporales o dispersos ejecutados cuando estaban rendidos y desarmados y a siete campesinos asesinados cuando se encontraban totalmente indefensos (cinco en el aula y dos más en la cancha).”
 
En el comunicado 3 de la Dirección Nacional del ERPI, fechado el 7 de julio de 1998, se agrega: “Los heridos en su totalidad son población civil que también estaban desarmados; de las seis personas que aún se encuentran presas, ninguna milita en nuestras filas […]”.
 

Los testimonios y las evidencias recabadas por defensores de derechos humanos dan cuenta de torturas y ejecuciones extrajudiciales que habrían cometido elementos del Ejército Mexicano contra personas indefensas.
El Ejército encontró, entre las ropas y mochilas de los guerrilleros, documentos básicos del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente e, incluso, escritos que daban cuenta de las diferencias con el EPR y de la escisión de ese grupo rebelde.
 
 
 
Al respecto, Jacobo Silva Nogales, entonces el Comandante Antonio del ERPI, reconoce que “fue un golpe muy importante, tanto por los combatientes que ahí murieron como por la población civil que ahí fue masacrada; y también, por otro lado, por la información que surgió a partir de eso: salió a la luz pública que hay una escisión en la guerrilla y que era el ERPI el que tenía esa columna. Y también se conocen cuáles son las razones de esa escisión”.
 
—¿Fue un error de la guerrilla lo que desembocó en la matanza?
 
—Fue un exceso de confianza de los compañeros que ahí se encontraban. No debieron de haber pernoctado en la escuela. Como andaban en una etapa de formación, no debieron de haber pernoctado ahí. Fue un exceso de confianza.
 
—¿Fue fortuito que el Ejército llegara a la comunidad y se encontrara, además de con población civil, con una columna guerrillera?
 
—Es posible que haya habido una delación, por la forma en que estaban ellos moviéndose y por el tipo de reunión que allí tenían: era del conocimiento de mucha gente. No era del conocimiento de unos cuantos; era del conocimiento de toda la población del lugar y todos estaban en la escuela. Así es como ha de haber llegado la información al Ejército [Mexicano].
 
 
⇒ Parte VIII: Jacobo Silva: El Charco, error y masacre
 

 

 

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