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La familia encabezada por Carlos Aguirre, cada vez que se le antoja, censura, agrede y condiciona a quienes, en su casi monopolio radiofónico Grupo Radio Centro, ejercen las libertades constitucionales de información, análisis y crítica. Constantemente les envían recados a muchos de sus comunicadores para llamarles la atención y exigirles no ventilar “ciertos temas” al aire y mucho menos cuestionar asuntos religiosos ni criticar al “señor presidente” en turno. Pero esto no lo hace con su testaferro Jesús Martín, locutorcillo de corte neofascista que amenaza y grita contra quienes expresan sus puntos de vista, y como hizo recientemente, recomienda “palo” para los maestros que discrepan de la reforma educativa.
 
Los Aguirre son proclives al fanatismo y al fundamentalismo, puntualmente serviles al poder político y no se diga empresarial de los banqueros y de cuanto huela a poder económico. Son otro poder fáctico… Y se han puesto al servicio de su iglesia y convocan a que cada mediodía los radioescuchas eleven sus oraciones y peticiones al más allá para dizque erradicar la violencia en el país.
 
En todas las frecuencias de Grupo Radio Centro (que son bastantes) sus convictos y confesos dueños implantan inquisiciones para censurar. Y si sus periodistas, comentaristas o analistas no aceptan la orden, de inmediato y arbitrariamente sus programas son cancelados. Los Aguirre saben que el presidencialismo (también en turno) los protege e impide, incluso, que se ejecuten resoluciones judiciales ¡hasta de tribunales internacionales! Como cuando Felipe Calderón se hizo cómplice de Radio Centro para que este poder fáctico no acatara una resolución definitiva en el caso de José Gutiérrez Vivó. Con todo este poder hacen y deshacen del servicio público para ajustarlo a sus propios intereses. Esa empresa radiofónica está dirigida por una secta confesional donde la mano negra de los Legionarios de Cristo, del Opus Dei, grupo guadalupano, etcétera, inclina sus programaciones para que obedezcan a su ética de a tanto más cuanto mejor y sujetar la publicidad a un corrupto intercambio de encubrimientos religiosos.
 
En los momentos que el peñismo embiste al Estado laico por su proclividad papal, Radio Centro y Carlos Aguirre se ha comprometido a censurar sus programas. Acaba de hacerlo contra el periodista, investigador, escritor y analista Bernardo Barranco. Con el abuso característico y prepotente del señor Aguirre, el programa “Religiones del mundo”, de Bernardo Barranco, fue cancelado. Ha sido un ataque a la manifestación de las ideas y un ataque al derecho de la audiencia radiofónica, que escuchó por 18 años las eruditas pláticas del investigador y cuya claridad, sencillez y magistral exposición de los temas le valieron una audiencia de gran calidad para Radio Centro. Esta empresa demostró, con su arrebatada decisión de inquisidores, que sus intereses y complicidades antilaicos están por encima de los derechos humanos, cuyo eje en materia de información y comunicación es la libertad para expresar ideas, difundirlas y comentarlas en el contexto de la legitimidad y legalidad constitucionales.
 
Lo que hizo Radio Centro contra Bernardo Barranco es un ataque a esas libertades. Al usar un poder fáctico, la empresa arremetió canallescamente abusando de la impunidad que ejerce para imponer la censura, además de hacerlo inquisitorialmente.
 
*Periodista
 
 
Fuente: Contralínea 331 / abril 2013