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El diccionario Milenios de México, de Humberto Musacchio, nos presenta la ficha biográfica del ilustre maestro Guillermo Héctor Rodríguez (1910-1988); y nadie como él se ocupó en las facultades de Derecho y Filosofía de enseñar a pensar críticamente conforme a los principios filosóficos de Immanuel Kant y Hans Kelsen, dos pensadores que, por la novedad de sus respuestas a los problemas fundamentales del conocimiento (la lógica), el sentimiento (la estética) y la voluntad (el derecho positivo) rebasaron la coyuntura de su tiempo, y que  permanecen como fuente de la cultura universal que partió de los presocráticos, los sofistas y la ilustración de Atenas, Grecia, que llegaron a su apogeo con Tucídides, Eurípides, Pericles y Sócrates (el Sócrates histórico, no la versión platónica).
 
No hay obra de Kant que no sea estudiada y consultada como piedra de toque o punto de partida de las creaciones de la ciencia natural de fundamento matemático y de las ciencias sociales de fundamento jurídico; de la creación literaria, de la pintura, de la música (¡oh, Mozart, Beethoven, Verdi, etcétera!) y de todas las bellas artes. Kant fue y es el parteaguas histórico que consolidó la divisa del sofista Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas” (consultar, de Protágoras de Abdera: Dissoi logoi. Textos relativistas, editorial Akal; de Alfredo Llanos: Los viejos sofistas y el humanismo griego, editorial Juárez; y de Jacqueline de Romilly: Los grandes sofistas en la Atenas de Pericles, editorial Seix Barral).
 
El brillante especialista en Kant, Félix Duque Pajuelo, preparó el deslumbrante trabajo de cientos de páginas que dejó el pensador nacido en Königsberg en 1724, ciudad entonces perteneciente a la Prusia oriental, tras la Primera Guerra Mundial a Alemania y después de la Segunda Guerra Mundial a la otrora Unión Soviética. El texto se titula Transición de los principios metafísicos de la ciencia natural a la física, en lo que se ocupó Kant entre 1795 y 1798 para decirle adiós, definitivamente, a la metafísica, y afianzar las hipótesis del método propuesto en la Crítica de la razón pura (1781), cuando Kant abre a la Ilustración la obra de Isaac Newton (consultar el ensayo de Thornton Page, “Leyes de Newton”, en la Enciclopedia de la física, Alianza Diccionarios).
 
La transición de los principios metafísicos de la ciencia natural a la física, con el análisis de Félix Duque, inicia con el establecimiento sistemático de la física y después nos lleva Kant al problema de la experiencia y al regreso de la filosofía trascendental o propiamente kantiana, que ha seguido corrigiéndose y enriqueciéndose conforme a su obra a través de la Escuela de Marburgo (Hermann Cohen, Pablo Natorp, Ernest Cassirer, Carlos Vorländer), por Karl Popper en sus obras de física, y por los rendimientos del maestro Guillermo Héctor Rodríguez. Este libro da luz (“¡luz, más luz!”, exclamaría Johann Wolfgang vonGoethe) a la máxima de Kant de que todo lo crea el conocimiento, o como expresó Schiller: “No está fuera, ahí lo busca el loco; está dentro de ti, tú lo produces eternamente”.
Ficha bibliográfica:
 
Autor: Immanuel Kant
Título: Transición de los principios metafísicos de la ciencia natural a la física
Editorial: Anthropos, 1991
 
*Periodista
 
 
 
 
Fuente: Contralínea 330 / abril 2013
 
 
 

 

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