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La mayoría de estadunidenses asegura que no existe el cambio climático y que las actividades humanas no representan afectaciones al medio ambiente. Las afirmaciones, dichas cómodamente desde automóviles de ocho cilindros o casas con decenas de focos, pronto podrían convertirse en un problema financiero. El gobierno de Obama no sabe cómo educar a su población sin que pierda popularidad ni se convierta en enemigo de los empresarios de los sectores agropecuario y energético. Mientras, Estados Unidos se mantiene como el mayor contaminador del planeta

Luis Beatón/Prensa Latina

 
 
Políticamente, en términos de apoyo, el presidente estadunidense Barack Obama pudiera desentenderse de las afectaciones del cambio climático para los agricultores en Estados Unidos.
 
Según cifras oficiales de los últimos comicios presidenciales celebrados en noviembre de 2012, el mandatario perdió el voto rural por más de un 20 por ciento.
 
Asimismo la mayoría de los agricultores, sobre todo los productores de cereales, conforman una parte importante de quienes niegan el consenso científico de que los seres humanos han alterado el clima de la tierra, comenta la prensa estadunidense.
 
Si bien reconocen que el clima parece estar cambiando para peor, la mayoría de los agricultores no cree que sea causado por el hombre, de acuerdo con varias encuestas, aunque son ellos quienes tienen más que perder en un mundo de caos meteorológico.
 
Recientes evaluaciones gubernamentales de Estados Unidos lanzaron la alarma por los efectos de lo que representa la anomalía para la economía del país y el mundo. Las exportaciones estadunidenses suministran más del 30 por ciento de todo el trigo, el maíz y el arroz al mercado mundial.
 
Los informes sostienen que muchos en la zona productora de granos de Estados Unidos saltaron de alegría por la llegada de las lluvias a inicios de marzo, para ayudar a que los suelos de la región recuperen lentamente la humedad tras la peor sequía en varias décadas, que afectó a aquel país el año pasado.
 
Meteorólogos agrícolas pronosticaron en marzo un clima lluvioso para los estados de Iowa, Illinois, Minnesota y Wisconsin, el Este de Nebraska, el Norte de Kansas y el Norte de Colorado, algo que pudiera ser una noticia de poca monta para algunos lectores. Sin embargo, una extensa sequía el año pasado, la peor en 50 años, recortó fuertemente la cosecha de maíz, hasta reducir el suministro en Estados Unidos a su menor nivel actual en 17 años, para algunos, indicativo de que “algo está mal” en el ambiente.
 
A causa de los efectos del clima –o del cambio climático, como lo denominan algunos–, ocho estados del país enfrentan el peor nivel de sequía.
 
Esto es clasificado como excepcional en el Seguimiento de sequías, un informe publicado cada semana por un conjunto de expertos.
 
La alarma que suena desde hace muchos años forma parte de la agenda de Obama en su segundo mandato. Los efectos del cambio climático para el país están incluidos dentro de los temas prioritarios del gobierno, pero algunos consideran difícil la tarea de convencer a los productores de alimentos que ponen en peligro su futuro.
 
Este sector utiliza una cantidad desproporcionada de fertilizantes, productos químicos y combustibles fósiles para alimentar la máquina agrícola estadunidense, y es probable que puedan enfrentar una mayor regulación, lo cual ya mueve a cabilderos opositores a dar la batalla.
 
Ya desde la época del gobierno de Franklin Roosevelt (1933-1945) había advertencias que no terminan de calar, como la de Hugh Bennett, quien dijo que “de todos los países del mundo, los estadunidenses han sido los mayores destructores de la tierra entre cualquier raza de personas”.
 
Ahora, los efectos del cambio climático toman otra dimensión, luego de que, por primera vez, agencias del gobierno estimaran las “rarezas” del clima como una de las grandes amenazas financieras para las que el país no está preparado.
 
Los impactos y los costos del desastre climático incrementarán en importancia, conforme los eventos que se consideren extraños se hagan más comunes e intensos, indica un informe presentado el 14 de febrero pasado por la estadunidense Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno.
 
 
Estimaciones de esa Oficina indican que las declaraciones de desastres aumentaron sostenidamente en los últimos años hasta alcanzar un récord de 98 en 2011 (contra 65 en 2004), al requerir un total de 80 mil millones de dólares para atenuar los daños.
 
En 2012, sólo el desastre natural causado por la tormenta Sandy –que abatió el Noreste del país– causó erogaciones por más de 60 mil millones de dólares del presupuesto federal para recuperar las zonas afectadas.
 
Esa brutalidad atmosférica, la severa sequía del verano boreal pasado y las menciones al cambio climático hechas por Obama en su último discurso del estado de la Unión pusieron el cambio climático en el tapete en ese país.
 
Para algunos científicos y organizaciones ambientalistas, como Sierra Club, la vulnerabilidad de la nación se puede reducir si se limita la magnitud del cambio climático a través de acciones, a fin de restringir las emisiones de gases efecto invernadero.
 
En momentos en que demócratas y republicanos se enfrentan en Washington para buscar una salida al déficit fiscal y la crisis de la deuda pública, el tema del cambio climático pudiera avanzar.
 
Algunos expertos consideran que la colocación del tema en la palestra no significa que estén luchando contra eso y sostienen que no modifican su postura básica sobre el cambio climático, sino que están involucrándose en el tema de una forma que podría permitir un avance en las conversaciones, dadas sus potenciales afectaciones económicas.
 
El tratamiento del problema es complicado y su solución enfrentará escabrosos caminos, en los cuales se mezclan disímiles intereses.
 
Por ejemplo, está el caso de las centrales eléctricas que utilizan combustibles fósiles, los cuales representan el 40 por ciento de las emisiones de carbono del país, y la agencia de protección ambiental pudiera proponer normas más estrictas para capturar sus emanaciones con tecnologías aún no probadas.
 
El mayor problema es qué hacer con las plantas existentes, las cuales proporcionan una gran parte de la electricidad de Estados Unidos y que no pueden ser apagadas rápidamente o por decreto.
 
La elaboración de un cese gradual enfrentará fuertes desafíos legales y políticos de la industria, algo que valora la Casa Blanca, estiman comentaristas políticos.
 
Todo esto se suma y hace del cambio climático un asunto controversial, por la incidencia de sectores como el agrícola, el industrial y el petrolero, utilizadores de grandes cabildos y de una conocida influencia en la política estadunidense al momento de tomar decisiones que afecten sus intereses.
 
 
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 Fuente: Contralínea 329 / abril 2013
 

 

 

 

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