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Libro. Los perros salvajes. Lo que comenzó como una inquietud creadora se fue convirtiendo paulatinamente en un oficio, en un espacio en el que caben, por un lado, la severa e inverosímil realidad, y por el otro, un toque de fantasía envolvente que propicia un distanciamiento, apreciación y análisis de esa misma realidad. He aquí la propuesta de Edgar Clement, quien desde los 8 años de edad se descubrió ilustrador, al utilizar las herramientas que la tecnología, a través de los años, pusiera al alcance de su mano.
 
Publicada a finales de 2012, y con un antecedente con el que hubiera alcanzado el mote del “mejor ilustrador de México” intitulado Operación Bolívar, Clement saca a la luz su novela gráfica Los perros salvajes, que es la primera entrega de toda una saga épica que retrata de manera fantástica, pero sin miramientos ni concesiones, la realidad de un país que “involuciona”: México.
 
Así, el relato acompañado de sorprendentes dibujos y fotografías, recorre los entresijos de la dinámica de una célula guerrillera que intenta combatir un sistema corrupto, represor e “injusto, que se niega a cambiar por las buenas”. Y aunque no es más que el deseo de muchos, es Edgar Clement quien denuncia, a través de la boca de sus personajes (que al final no son tan ficticios), la frustración de una sociedad sometida por un gobierno carente de instituciones. Disecciona una sociedad abandonada, en donde el único recurso será emprender una guerra armada para enfrentar las ignominias del sistema… Determinados e instruidos en las artes divinas de los nahuales por el kibal Juan Grande, andarán en pos de una estrategia eficiente que repliegue los embates del narcotráfico y de las Fuerzas Armadas por igual.
 
Pero cualquier célula guerrillera necesita el apoyo de la población civil, y esto lo saben las policías, el Ejército y el narcotráfico; entonces su estrategia será amedrentar a los pobladores hasta que alguien ceda y delate su posición. Se acerca la embestida. Frente a ello no queda mucho por hacer sino replegarse, ser capturados, renunciar… Sin embargo, un miembro no accede, y enfundado en su nahual, de manera individual, seguirá haciendo la guerra y liberará a sus compañeros. Respaldados por la magia de las antiguas creencias prehispánicas, los perros salvajes significarán una verdadera resistencia.
 
—¿Qué es Los perros salvajes? –se le pregunta al ilustrador.
 
—Pretende ser una novela gráfica. Éste es el primero de 12 capítulos. Todo lo que hago de historieta ha sido por iniciativa personal. Digo que es un poco para curar la esquizofrenia: antes quería escribir, dibujar, pintar, tomar fotos…, pero estaba muy disperso.
 
El autor explica: “Con la historieta logré hacer todo al mismo tiempo, todo de manera simultánea, por eso se ha convertido en la parte donde decanto más lo que pienso y quiero expresar los motivos personales”.
 
Él no tuvo epifanía, el momento en el que alguien descubre que es justo eso a lo que se quiere dedicar. Comenzó a dibujar porque “andaba de vago…”.
 
Su motivación fue sólo expresarse, “cosas que fueron progresando, desarrollándose. De hecho, el dedicarme a la historieta fue fortuito”.
 
El único espacio para él fueron los “cartones” políticos en las Histerietas de La Jornada, durante 1988; además de la revista Bronca, en donde atendió una convocatoria para un concurso de historietas, sin embargo la revista cerró y el premio quedó sin ganador.
 
La propuesta de Edgar responde a sus propias expectativas: “Quiero hacer algo que no está hecho. Siento que me gustaría mucho que me contaran una historia que me sorprendiera. Estoy tratando de escribirme y dibujar la historia que yo quiero leer”.
 
A Clement lo acompaña un amplio bagaje cultural, político, social. Éso es lo que trata de mostrar “sin la pretensión de querer adoctrinar a nadie”, reflexiona.
 
—¿Cómo abordas y vinculas lo trágico con el arte?
 
—El sexenio de [Felipe] Calderón dio mucho material para esto. Pero aun dentro de lo macabro que resulten los decapitados y todo esto, veo en la historia nacional un fetiche, con las cabezas, brutal; desde el tzompantli azteca, el rollo de poner las cabezas de los insurgentes como ejemplo, hasta la fotografía del cristero, en el libro de La Cristiada de Lorenzo Meyer, que está sosteniendo dos cabezas y las está mostrando a la cámara… A mí me parece macabro, pero también tiene su punto estético…
 
Ésa es la tónica a lo largo de la novela: ir y venir entre escenas desgarradoras, pero también artísticas, estilizadas.
 
La historia habla de personajes harto conocidos por la sociedad mexicana: San Judas Tadeo, Jesús Malverde y la Santa Muerte. Incluidos en su novela por el peso y la significación que les da en un contexto de esta sociedad desamparada, en donde esos iconos fungen como las instituciones que la han abandonado en el aspecto social, económico y la proximidad insólita con la muerte que vive cada ciudadano al salir a la calle o al estar en su casa.
 
Sean pues Los perros salvajes la oportunidad de abstraerse de la realidad sólo para contemplarla de manera más incisiva, estética y extraordinaria.
 
 
 
La novela, publicada bajo los sellos Producciones Balazo y Mafufo, se encontrará próximamente en librerías, además se puede adquirir en el blog http://cronicadecastas. blogspot.mx/2013/03/los-perros-salvajes-01.html