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Una nueva edición del libro Policía y sociedad democrática, con 13 completísimos ensayos, obliga a esta reseña para que los lectores se hagan de un documento necesario, hoy que en nuestro país se debate cómo resolver el gravísimo problema de la inseguridad, provocada por omisiones –no pocas veces intencionales– de los gobernantes, quienes permitieron el aumento de las delincuencias encabezadas por los cárteles del narcotráfico que desafían a las instituciones, y a las cuales también han penetrado. La nación está atenazada por mafias armadas y dispuestas a todo para mantener sus fines y defender el terreno ganado que vulnera la vigencia jurídica, ya que los delincuentes han impuesto su “ley del más fuerte”. Aterrorizan a la población, cobran “impuestos”, hacen “justicia” por propia mano y son un poder fáctico, un “Estado” dentro del Estado constitucional.
 
José María Rico compila los 13 textos, escribe el prólogo y los temas: “Presupuestos para una reforma de la policía” y “Sistemas comparados de policía”. Entre sí se complementan para una visión centrada en que “la policía debe estar al servicio de la comunidad, siendo su razón de ser la de garantizar al ciudadano el libre y pacífico ejercicio de los derechos que la ley reconoce”, pues en una sociedad abierta, el individuo y la sociedad construyen su convivencia al ejercer las libertades constitucionales en un estado de derecho. Sociedad abierta como conquista. En palabras de Immanuel Kant: “para ir del estado de naturaleza autoritario en la cual cada quien sigue sus caprichos, y debe unirse con los demás en una asociación y someterse a un orden legal de contenidos, de fines republicanos”.
 
Los autores de los otros ensayos son especialistas en teoría y práctica para mantener la paz pública. Son servidores públicos y nunca enemigos o adversarios de quienes constituyen la sociedad abierta o sociedad civil. En esos textos se obtiene una concepción de lo que debe ser el trabajo policiaco y de que el gobierno debe enterar a sus gobernados, si es que quiere su colaboración en el desempeño del poder policiaco. Una policía democrática y que no sea represiva. Que contribuya a la convivencia pública y a la tranquilidad privada, donde la calle y los domicilios sean vasos comunicantes para la máxima paz social.
 
Los ensayos van de la mano del principio fundamental propuesto por Cesare Bonesana Beccaria, marqués de Beccaria (1738-1794), en su siempre actual y moderno Tratado de los delitos y de las penas (1764), donde se estableció que “es mejor evitar los delitos que castigarlos”. Las policías en las democracias han de llevar consigo, en lugar de pistola y garrote, la Constitución Política para respetarla y hacerla respetar, con un comportamiento apegado a la ética de la honradez (para lo cual han de ser servidores públicos lo mejor remunerados y con condiciones de bienestar para ellos y su familia), al facilitar su organización con una planta de abogados para la defensa de la ley. “Actualmente, los policías no pueden vivir aislados, dándose cuenta de que el problema de la delincuencia es un fenómeno social mucho más amplio, del cual deben ocuparse todos los sectores de la sociedad, sin excepción alguna”.
 
Ficha bibliográfica:
 
Autores: José María Rico y colaboradores
Título: Policía y sociedad democrática
Editorial: Alianza Universidad, 1983
 
*Periodista
 
 
Fuente: Contralínea 327 / 24 de marzo 2013
 
 
 
 

 

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