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Elba Esther Gordillo fue cómplice y protegida de Felipe Calderón, a quien ayudó en las cuestionadas elecciones de 2006.               
 
El mandatario espurio supo recompensarla por su colaboración, de tal suerte que no sólo creció el poder, la fortuna y la influencia de la exlideresa vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, sino que su gobierno, que pregonaba una supuesta “lucha” contra el crimen organizado, nunca se preocupó por indagar los negocios turbios de su aliada.
 
Gordillo comenzó su carrera sindical en la década de 1970, pero su crecimiento vertiginoso lo tuvo en el periodo de Carlos Salinas de Gortari, y posteriormente con los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón.
 
Ahora, por las razones que sean, Gordillo ha perdido la protección que disfrutó bajo gobiernos anteriores, especialmente bajo el de Calderón, quien debería ser llamado a cuentas por los crímenes y abusos auspiciados por él y sus testaferros durante el sexenio pasado.
 

La derecha y la clase política

 
Independientemente de la multimillonaria desviación de fondos de la que se le acusa, y de los escandalosos episodios de corrupción y despilfarro que protagonizó, la detención de Gordillo es consecuencia de que ella perdió la protección política que gozaba en el gobierno anterior.
 
El episodio viene a romper con la impunidad de la que no sólo Gordillo, sino en general encumbrados políticos disfrutaron con los gobiernos panistas, mismos que convirtieron en blanco cotidiano de sus ataques a los trabajadores y a los sectores más desprotegidos de la población.
 
Mientras Gordillo amasaba muchos millones de pesos, el pueblo sufría aumentos en los precios de los artículos de primera necesidad, los crecientes impuestos, el decomiso de las pequeñas cuentas de ahorros bajo el pretexto de que no las podían incrementar, etcétera.
 
Lo anterior es natural dentro de gobiernos plutocráticos y conservadores como los de la derecha: protegen a los ricos y despojan a los pobres.
 
La política es fábrica de millonarios, por ello el episodio resulta incómodo para muchos políticos, a quienes no les gustaría que su gremio perdiera la protección y privilegios que han disfrutado al cobijo de la derecha.
 
En contraste, mucha gente del pueblo ve con alivio y satisfacción el hecho, a todas luces justo y razonable, de que por fin el gobierno actúe contra los abusos de los privilegiados, como son los políticos corruptos y criminales, acción que debería de extenderse al propio Calderón y sus secuaces.
 

Calderón, Cordero y Gordillo

 
Durante el conflicto postelectoral de 2006, Andrés Manuel López Obrador denunció en uno de sus multitudinarios actos dominicales en el Zócalo de la Ciudad de México, que Elba Esther Gordillo había promovido el apoyo de importantes políticos hacia Calderón y había hablado incluso de traficar con los votos.
 
En esa ocasión, Andrés Manuel exhibió pruebas irrefutables, como varias grabaciones de conversaciones. Una de ellas entre Elba Esther Gordillo y el entonces gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores.
 
Me permito transcribir un segmento de ese testimonio (La Jornada, 9 de julio de 2006):
 
“Elba Esther Gordillo (EEG): Nuestra encuesta tiene, por una red que armamos en todo el país –ándele, interrumpió el gobernador–, de 6 mil 364 cuestionarios apenas llevamos… De 14 mil llevamos 6 mil, perdón. Y van así: 34.1, PAN [Partido Acción Nacional]; 22.96, PRI [Partido Revolucionario Institucional]; 33.68, PRD [Partido de la Revolución Democrática]. Ya se cayó el PRI, eh –muy bien, dijo Hernández–. Entonces hay que saber cómo actuar.
 
“Exgobernador Eugenio Hernández Flores (EHF): Así es, maestra.
 
“EEG: Hay que saber cómo actuar y aquí sí viene la decisión de fondo, porque la información que hay acá en los estados de nuestros amigos –ajá, cortó de nuevo– Tamaulipas y Coahuila están con todo por el PRI y van a hablar, no sé si ya hablaron, vale más que ustedes se adelanten, si así lo deciden, con Felipe, para vender lo que tengan; el PRI ya se cayó, ¿eh?
 
“EHF: No, eso nos queda muy claro.
 
“EEG: No sé por dónde andes, por azul o por amarillo, pero si va por azul es lo que pensamos, vale más hablarle a Felipe y decirle algo para no quedar mal.
 
“EHF: Sí, yo creo que todo va bien.
 
“EEG: Vamos a sacar ahorita todo el voto ciudadano.
 
“EHF: Aquí estamos haciendo la chamba, eh, por ahí…. este.
 
“EEG: Por eso quise hablar, porque el informe que tienen es que todo para el PRI, y no es verdad, porque eso es institucional. Ante la caída, creo que lo interesante es hablar con Felipe y vendérselo.
 
“EHF: Así es.” [sic]
 
En esa época, Gordillo reconoció, incluso en entrevistas con los medios, el papel que desempeñó en apoyo al PAN en los comicios y que, evidentemente, no fue desinteresado ni gratuito.
 
El primer pago que recibió del gobierno panista fue la impunidad: nunca indagaron sobre ella, aunque los principales hechos sobre su inmensa fortuna, sus manejos corruptos, etcétera, eran temas conocidos y repetidos por todos.
 
Por eso es muy revelador que luego de la detención de Gordillo, el panista Ernesto Cordero se haya apresurado a victimizar a la exlideresa y a defender a su amo Calderón.
 
Cordero alegó que en el periodo de Calderón no se actuó contra Gordillo –su cómplice en el fraude electoral de 2006– porque en el sexenio anterior “nunca detectaron irregularidades o desvío de recursos del patrimonio [del Sindicato] magisterial” (La Jornada, 27 de febrero de 2013).
 
Es decir, el gobierno de Calderón actuó con negligencia atribuible a la complicidad del expresidente espurio con Elba Esther, que le ayudó a llegar al poder en 2006.
 
Cordero fue secretario de Hacienda y Crédito Público en el gabinete de Calderón, y como tal, afirmaba que a una familia deberían bastarle 6 mil pesos al mes para vivir cómodamente. Era una burla hacia la precaria economía de los trabajadores.
 
Ahora dice que el gobierno de Calderón no sabía, ni se había tomado la molestia de investigar lo que todo el mundo comentaba en la calle y en los medios alternativos de comunicación acerca de la inmensa fortuna de Gordillo.
 
Y, como reconoce el propio Cordero, el gobierno del que formó parte, en contraste con el actual, no fue capaz de descubrir los malos manejos de la llamada Maestra.
 
Obviamente, tampoco iba a investigar con detalle en qué formas –incluido el otorgarle la impunidad y disponer de cargos públicos en dependencias federales– le pudo haber pagado Calderón su papel en las elecciones de 2006.
 
Entrevistado poco después de la detención de Gordillo, Cordero afirmó que “en el pasado sexenio nunca se actuó por consigna ni se detenía a las personas simple y sencillamente por percepción pública, sino de acuerdo a la ley” [sic].
 
Con ese lenguaje tramposo, el panista está señalando un hecho muy claro: durante el gobierno de Calderón, a los grandes políticos y a los magnates se les dejó en paz, ellos no tenían nada que temer de un gobierno que protegía a los privilegiados.
 
Con motivo de la detención de Gordillo, Cordero lanzó este truculento mensaje: “que no se convierta esto en una persecución política, porque nadie en México quiere eso”.
 
Él, otro de los favorecidos en el sexenio anterior, alega que “nadie en México” quiere –lo que llama– una “persecución política”. En realidad, a la mayoría de los mexicanos no nos afecta ni nos intimida que se actúe contra los políticos y empresarios corruptos, eso es algo que sólo a los poderosos les puede inquietar.
 
Lo que casi nadie quiere en México es otro gobierno como el de Calderón, que cotidianamente perjudique al pueblo y que a la vez brinde impunidad a los políticos corruptos y a los ricos.
 
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México
 
 
 
 
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Fuente: Contralínea 326 / marzo 2013
 
 
 

 

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