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Teatro. El viaje de Tina. Los costos ocultos que la migración ha traído. Esta obra parte de las preguntas ¿cómo se reconstruye la identidad y el cúmulo de sensaciones que experimentan los migrantes indocumentados?, ¿qué es ser migrante?, ¿qué es ser mexicano?
 
Entre la tristeza y la esperanza –que no son otra cosa que emociones enfrentadas a la cruda realidad para imaginar escenarios posibles: el futuro–, Tina (la adolescente de la familia Arteaga, originaria de Xochitepec) debe migrar con los suyos dada la situación de miseria en la que viven. Para huir del hambre son obligados a abandonar todo: su milpa, sus vecinos, su hogar, todo lo que conocían y que siempre habían amado. Pero ella se aferra a su tierra y a su pasado en este viaje a lo distinto: el frío, las costumbres, el idioma que desconoce, la frontera Norte, caminar en el desierto, enfermar, tener que esconderse para no ser capturada…
 
La angustia, la desilusión, los sueños y las tradiciones se hacen presentes en la caracterización de personajes que actúan cubiertos con máscaras de barro y que elogian el Día de Muertos y su coexistencia con el Halloween.
 
Aunque el viaje es el de toda la familia Arteaga, Tina experimentará lo que significa conectarse con dos mundos (un mal necesario e inútil) y saber quién es ella realmente y cuáles serán ahora los horizontes de su vida, esa dispersión y reunificación en el tiempo.
 
En suma, la migración no es una pérdida de identidad para Tina ni de rasgos que desaparecen y ya, sino que hay otros nuevos que toman lugar y que se integran con los que ya existían, por ejemplo: los muertitos, tío Torcuato y la abuela Evodia seguirán el camino de flores de cempasúchil que ella dejará en su trayecto para que sepan a dónde llegar el Día de Muertos y así no perderse, como si ambos universos convivieran en esta aventura hacia lo inexplorado, una odisea peligrosa, iniciática.
 
La obra retrata un viaje agotador, es una fábrica de imágenes vivas, con música de marimba en vivo y grabada del pianista y compositor de jazz  y música de cámara mexicano Eugenio Toussaint, a la vez divertida e inquietante que obliga a reflexionar qué pasa con las emociones de los cientos de mexicanos que deben hilar un mundo con otro.
 
 Quizá es un recordatorio de que la identidad es un movimiento, algo que no es permanente ni definido, que cuando los migrantes han llegado a un nuevo espacio –a través del cruce de la frontera– se deben enfrentar al nuevo medio social, el cual es un punto de partida para reconstruir su idea de sí mismos al vivir fuera de su país, de lo que conocían y querían.
 
Si bien esta obra permite evaluar un escenario a través de las emociones de Tina y de cómo se intenta desenvolver en la irresolución de lo que será ahora en su nueva vida (concretamente), sus sentimientos narran la manera en la que se percibe a sí misma y el nuevo mundo alrededor, en un contexto de vulnerabilidad y de cómo tiene que esforzarse por volver a resignificar su entorno, su identidad de adolescente y migrante; por eso Tina no quiere olvidar sus raíces ni su cultura, porque el recuerdo del “aquí (la identificación con las circunstancias actuales) y ahora” es dominante.
 
Esta obra muestra, más allá del viaje introspectivo de la joven Tina, la lucha interna y constante que implica reintegrar la identidad en la condición de ser migrante a la vez que se incorpora y se supera el pasado; el constante viaje retrospectivo al lugar de nacimiento, a la nostalgia de lo que se tuvo y se amó, a lo que los Arteaga abandonaron, sujetos situados en un espacio vasto de asimetrías sociales, forzados a ser desplazados y a asumir una nueva vida que no eligieron.
 
Los migrantes deberán experimentar una serie de emociones una y otra vez, amortiguar lo negativo de la nueva vida porque el terreno es el que ata aunque ya no exista.
 
En el caso de la migración no hay una muerte física, pero sí una pérdida, confusa, intangible: la tierra, el país, los lugares y los seres queridos están ausentes, eso engloba la obra. Aunque sea divertida y entretenida, deja entrever lo estresante que es un evento vital como la migración y las preocupaciones de un migrante al aprender un nuevo idioma, costumbres, formas de vida, hábitos, rutinas y un conjunto de normas y valores; a la vez, el migrante debe funcionar con eficacia, lidiar con las dificultades del día a día (cuando se está en otro país) sin que se sienta abrumado o afligido, mucho menos triste o nostálgico, dado que la emigración puede llevar a la pérdida o al alejamiento de las tradiciones y las creencias, incluso aquéllas que permiten la tranquilidad y la fuerza interior, la sensación de pertenencia.
 
El viaje de Tina es asimismo una muestra de lo incierto de nuestro futuro y del aislamiento, de la adversidad socioecónomica, la expulsión de seres humanos que buscan condiciones para subsistir y un mejor nivel de vida, esperanzados en que eso está en otro país y en una lucha por conservar su unidad cultural en busca del sueño americano (the american dream), que muchas veces termina siendo más bien un mito.
 
Versión y dirección: Alicia Martínez Álvarez
 
Con las actuaciones de Sofía Beatriz López, Alfonso Dosal, Pilar Villanueva, Norma Duarte, Martín Pérez, Ruth R Rosales, Jorge A Caballero, Jimena Delgadillo, Sixto Castro Santillán, Óscar Serrano Cotán, Israel Balcázar, Griselda Ashari Martínez.
 
Centro Cultural Helénico, Teatro Helénico, Avenida Revolución 1500, esquina con Manuel M Ponce, Guadalupe Inn, Álvaro Obregón (domingos, 13:00 horas. Hasta el 14 de abril de 2013).
 
 
 
 
Fuente: Contralínea 326 / marzo 2013
 
 
 
 
 
 

 

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