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Acudir o visitar el supermercado para comprar víveres resulta, para un consumidor, una pérdida económica muy sutil y oculta, de la que desgraciadamente él no se percata, y si lo hace, no se atreve a reclamar por vergüenza o falta de interés para exigir la devolución de unos centavos, en algunos casos hasta la presunción peyorativa de menospreciar estas moneditas.
 
La manera arbitraria y ventajosa en la que las empresas trasnacionales abusan de poner precios a sus productos con centavos (centésima parte de 1 peso) es una problemática social y económica que el gobierno no regula; por el contrario, otorga la permisividad para que las trasnacionales se enriquezcan de manera cínica a costa de la ignorancia o la indiferencia de los consumidores. Tal es el caso del famoso “redondeo”, que supuestamente se utiliza para causas de bienestar social que el gobierno debiera satisfacer a través de sus diferentes dependencias, y no con el dinero del ciudadano que día con día contribuye con el pago de impuestos de diferente índole.
 
Es impresionante observar que en cada compra realizada en estas tiendas, la inmensa cantidad de transacciones se hacen en centésimas de peso, motivo por el cual el cajero al servicio de éstas, de manera cínica e irresponsable, no devuelve el cambio. La mayoría de las veces, las respuestas a los reclamos son lacónicas: “No tengo cambio”, “sólo son 30 centavos”, “no tengo, qué quiere que haga”; o llegan al enfado y a cancelar el servicio o la compra de quien exige el cambio completo.
 
El cajero tampoco es consciente de que esos centavos le pertenecen al consumidor y no a la empresa.
 
Sin embargo ya se hizo costumbre para los consumidores, como para los cajeros de las tiendas, no reclamar ni entregar los centavos de cambio después de una compra por sencilla u enorme que sea, lo cual no beneficia a ninguno de los dos actores sociales, sino todo lo contrario.
 
Al realizar este ejercicio las partes involucradas y dejar los centavos en la tienda, es la trasnacional la que gana de centavo en centavo (que se convierten en pesos, luego en miles de pesos hasta llegar a millones de pesos anuales); es el dueño de esta cadena de tiendas el que gana mucho dinero de manera cínica y absurda, sea la cadena de tiendas que sea o llámese como se llame (Comercial Mexicana, Walmart, Bodega Aurrera, Chedraui, Soriana, etcétera) las cuales abundan hoy en día hasta en las colonias más vulnerables, disfrazadas de minitienditas o minisúper.
 
¿De qué manera los ciudadanos podemos contribuir a cambiar esta problemática tan absurda?
 
1. Concientizar y sensibilizar a los ciudadanos a nivel nacional de esta fuga hormiga de capital.
 
2. Conformar una comisión realmente constituida por ciudadanos que exponga y exija al gobierno una regulación de los supermercados para fijar precios.
 
3. Obligar a las empresas a que den el cambio completo y sancionarlas económicamente en caso de no hacerlo.
 
4. Exigir que ya no se fabriquen monedas fraccionarias de centavos por la Casa de Moneda de México y de este modo regular los mercados.
 
5. Concientizar a la gente de que el “redondeo” es una manera sutil de apoyar al gobierno a evadir responsabilidades de bienestar social que sólo a éste le conciernen.
 
*Sicólogo educativo; doctor en enseñanza superior y profesor investigador de tiempo completo en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México
 
 
 
 
Fuente: Contralínea 323 / febrero 2013
 
 
 
 

 

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