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En Guaymas, Sonora, a fines de 2011, se reunieron los directivos de Petróleos Mexicanos (Pemex), la Secretaría de Energía, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la Comisión Reguladora de Energía para ultimar lo que llamaron “un cambio estructural del mercado de gas natural en México”. Su objetivo, abatir cuellos de botella al ampliar el sistema de gasoductos y facilitar las importaciones del shale gas [gas de esquisto] de Estados Unidos. Fueron los primeros impactos de la revolución tecnológica que ocurre al otro lado del Río Bravo.
 

Penetración del gas natural en la matriz energética nacional

 
El documento que resultó de la reunión en Guaymas comienza con un diagnóstico que enfatiza el crecimiento de la demanda del gas natural y sus tendencias en la próxima década. La parte novedosa del análisis es la que detalla las diferencias regionales.
 
Muestra que en los estados del Norte, más integrados a los mercados de Estados Unidos, en las regiones exportadoras y acaso más industrializadas, el consumo de gas natural ya superó, y por mucho, al combustóleo, diésel y otros refinados, como el coque de petróleo; en Tamaulipas, Nuevo León y Querétaro, entre 70 y hasta 80 por ciento de la demanda (industrial y doméstica) está constituida por gas natural o gas LP [gas licuado del petróleo]; porcentajes iguales se constatan en el Estado de México, Durango y Querétaro. En otras entidades como Veracruz, San Luis Potosí o Guanajuato la penetración del gas oscila entre el 40 y 60 por ciento.
 
En contraste, en el Sureste del país no se ha producido la reconversión industrial al gas, sino incluso un regreso a la leña u otras englobadas como “biomasa”; en Chiapas, por ejemplo, la leña constituye el 60 por ciento de los combustibles utilizados; no tan grave, pero casi igual, ocurre en Oaxaca y Guerrero; en Tabasco es el 30 por ciento.
 
La reconversión –donde se ha dado– es un fenómeno reciente. En el periodo 2001-2010, el consumo de gas creció en 85 por ciento; pero con el desarrollo del shale gas en Estados Unidos, que adquirió volúmenes inesperados en los últimos 3 o 4 años, también se aceleraron las importaciones mexicanas. En el momento presente más del 45 por ciento del gas natural que los mexicanos consumen es extranjero, y como la situación continuará, puede adelantarse que, en este sexenio, más de la mitad del gas natural consumido en México será importado, situación que ya ocurre con el gas LP y las gasolinas. Pemex fue desbordado, incapaz de satisfacer la demanda.
 

Pemex tira la toalla

 
En la reunión de Guaymas se anunció el fin “del paradigma de desarrollo de infraestructura de gas en México, anclado en los proyectos de Pemex y la CFE que asegurarían la certidumbre sobre satisfacer la demanda”. De ese modo, Petróleos Mexicanos abandonó uno de los objetivos establecidos en su fundación: la inherente obligación de abastecer a la industria doméstica.
Pero si Pemex abdica, ¿quien se encargaría de abastecer el mercado nacional? La respuesta ya la había dado el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, presente en la reunión: “con los nuevos yacimientos de shale gas en Estados Unidos [puede] garantizarse el abasto en el largo plazo”; Malova, como le gusta que lo llamen, ha exhibido también escenarios de precios que “muestran que el gas natural continuará sustancialmente por debajo del combustóleo”. El documento de Guaymas reproduce casi textuales estas aseveraciones y concluye proponiendo incrementar la participación de las importaciones en la oferta mexicana de gas.
 
La pieza central de la nueva estrategia es la ampliación del sistema de gasoductos, tres de éstos cruzarían la frontera México-Estados Unidos con ductos de más de 1 metro de diámetro: 1) Los Ramones entraría por Texas, directo a Monterrey, para dirigirse luego al Bajío; 2) el gasoducto del Noroeste entraría por Arizona para dirigirse a la costa del Pacífico, desde luego abastecería con varios ramales a Sinaloa, cuyo gobierno ya anuncia una nueva era de prosperidad y afirma estar abrumado de ofertas de inversionistas para las nuevas industrias; 3) otro, que partiría de una planta cerca de Houston, se dirigiría a Matamoros, Tamaulipas, para encaminarse al Norte de Veracruz. En total se trata de ocho proyectos que incrementarían la red de ductos en casi un 40 por ciento adicional de la actual capacidad instalada.
 
Véase el mapa adjunto, tomado del documento que citamos. Algunas licitaciones ya están en curso, pero el problema de la escasez y las restricciones continuarán, quizá, hasta la segunda mitad del sexenio, a pesar de que la primera reunión del nuevo Consejo de Administración de Pemex, presidida por el doctor Pedro Joaquín Codwell, el pasado 16 de enero, acordó acelerar Los Ramones.
 
Naturalmente el shale gas sólo ha precipitado la decisión de depender de las importaciones y avanzar en el proceso de integración energética con Estados Unidos. En este gran cambio han intervenido otros factores, como el incremento del consumo de gas por Pemex y la CFE; el hecho de que el Programa Estratégico de Gas, iniciado desde el sexenio de Ernesto Zedillo, si bien tuvo muy importantes resultados, fue insuficiente para enfrentar el crecimiento de la demanda.
 

¿Shale gas, sustentable?

 
En contraste con las certezas de Malova, en el propio Estados Unidos existe inseguridad sobre hasta cuándo podrá prolongarse el boom del shale gas/oil; la prensa petrolera estadunidense informa de debates sobre limitar las exportaciones; algunos creen que el fracking (fracturación hidráulica), conforme se multiplique pondrá, si no fin, por lo menos límites al crecimiento de esta “revolución”.
 
El primer número de este año de la revista Energía a Debate nos ofreció a sus lectores el link de un reporte titulado Oil, Mexico, and The Transboundary Agreement;. uno de sus capítulos examina la crisis del gas en México y la salida de elevar las compras foráneas. Los senadores yanquis, autores del reporte, advierten (desde luego atribuyendo a entrevistados) que no puede construirse el futuro apoyados en gas barato importado de Estados Unidos (“you cannot build a future in Mexico based on cheap gas imports from the US”).
 
Por el momento es sólo una advertencia.
 
*Investigador en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México
 
 
 
 
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Fuente: Contralínea 322 / febrero 2013
 
 
 
 
 

 

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