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Durante la primera sesión del año del Consejo Universitario, celebrada este 25 de enero de 2013 en la Antigua Escuela de Medicina, los consejeros estudiantiles del Colegio de Ciencias y Humanidades criticaron las reformas en puerta a los planes de estudio del bachillerato. Aseguran que se ciñen a la “educación por competencias” y no a los intereses de la comunidad universitaria y de la nación
 
 
 
Fue hasta el segundo aviso de la chicharra, programada para timbrar transcurridos tres minutos de participación oral, que la joven estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), guardó silencio.
 
Por más que Anahí Citlali Martínez Díaz, consejera propietaria del Colegio de Ciencias y Humanidades apresuró la lectura de su documento, el tiempo que el Consejo Universitario le destinó para exponer la postura de la comunidad que representa, alrededor de 58 mil estudiantes, no fue suficiente.
 
Confinadas al último punto del orden del día, el de asuntos generales, las críticas de los estudiantes del CCH de la UNAM a la modificación de los planes de estudios de este sistema educativo estaban condenadas a pasar desapercibidas.
 
El reloj marcaba las 15:20 horas; el público ya no era el mismo después de poco más de seis horas de intensa plenaria: bancas vacías, estómagos hambrientos, mentes dispersas. Aún así, la estudiante del CCH, plantel Oriente, se esforzó por transmitir a los integrantes del Consejo Universitario el sentir del sector más joven de la Universidad.
 
Manifestó que a partir de 2012, la Dirección General del Colegio de Ciencias y Humanidades emprendió un proceso de revisión curricular con el objetivo de actualizar los planes de estudio, mismo que generó expectativa y después molestia entre la comunidad estudiantil.
 
A través de un impreso de dos cuartillas, los consejeros universitarios del CCH, Anahí Martínez y Ricardo Núñez, aseguran que los 12 puntos que contempla la adecuación curricular en puerta, se ciñen a la “educación por competencias y no a los intereses de la comunidad”. Tampoco responden a las necesidades de “una nación urgida de romper con los modelos económicos y educativos dictados por organismos internacionales”.
 
La situación se agrava, apuntan, como consecuencia de la forma en que se ha llevado a cabo la revisión de la actual malla curricular, “pues con el pretexto de que es un trabajo colegiado, se ha cerrado el espacio para la comunidad estudiantil, la cual quiere aportar y debatir en igualdad de circunstancias”.
 
Entre las observaciones puntales de los estudiantes del CCH, destaca su negativa de cursar obligatoriamente el inglés durante seis semestres. “No es congruente que la universidad impulse el programa México nación multicultural y que, al mismo tiempo, se infravaloren nuestras lenguas autóctonas”, argumentan.
 
Señalan, asimismo, la necesidad de que se recoja el planteamiento del Observatorio Filosófico de México, respecto de que la enseñanza de la ética, estética, filosofía y lógica sean impartidas de manera obligatoria y en materias diferenciadas.
 
Finalmente, en el marco del programa de Escuela Sana, se pronuncian por la creación, al interior de los recintos universitarios, de “comedores subsidiados, con alimentos saludables y a precio accesible para todos”.

 

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