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La cifra de hambrientos en el mundo rebasa los 870 millones. El principal problema no se encuentra en la producción de alimentos, sino en su distribución. Aunque se sabe que el impulso a la agricultura podría sacar del hambre a las comunidades rurales, en el mundo la tendencia es despojar a los pequeños productores para favorecer a las trasnacionales

 
Masiel Fernández Bolaños/Prensa Latina
 
En momentos en que la cifra de hambrientos en el mundo ronda los 870 millones de personas, el tema de la seguridad y la distribución en esa materia cobra fuerza y evidencia cuánto queda por hacer.
 
La gran mayoría de los individuos que padecen hambre viven en países en desarrollo, mientras que 16 millones habitan en naciones desarrolladas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).
 
Aunque según la FAO la cantidad de personas que sufren por ese flagelo disminuyó en los últimos años, el progreso global en su reducción también se ha ralentizado.
 
Actualmente, más de 100 millones de niños menores de 5 años padecen falta de peso, de los cuales una parte muere como consecuencia de la desnutrición, misma causa por la cual otros niños no pueden desplegar todo su potencial.
 
Para la FAO, el mundo cuenta con los conocimientos y los medios para eliminar toda forma de inseguridad alimentaria y desnutrición, por lo que llama a la comunidad internacional a realizar esfuerzos adicionales, a fin de garantizar el derecho a la alimentación adecuada.
 
En tal empeño, propone lo que considera un enfoque de “doble vía”, basado en el apoyo al crecimiento económico de base amplia (que incluye la agricultura) y redes de seguridad destinadas a los más vulnerables.
 

Potenciar el crecimiento agrícola

 
El crecimiento agrícola es considerado esencial por los expertos en la reducción del hambre y la desnutrición, sobre todo en los países más pobres, donde la subsistencia de la mayoría de las personas está vinculada a este tipo de actividad.
 
Su eficacia también está asociada a su aportación en la generación de empleos.
 
Empero, los analistas señalan que la disminución del hambre no sólo está asociada a la cantidad de alimentos producidos, sino también a su calidad en términos de diversidad, el contenido de nutrientes y la inocuidad.
 
Hasta el momento, el vínculo entre el crecimiento económico y una mejor nutrición es débil. Por esta razón los especialistas defienden un marco integrado de agricultura, nutrición y salud.
 

Sobre el día de la alimentación

 
Este año, el Día Mundial de la Alimentación celebrado el 16 de octubre en 150 países, reavivó algunos elementos importantes al respecto.
 
En dicha ocasión, el mensaje de la FAO se centró en la importancia de las cooperativas agrícolas como generadoras de ingresos destinados a millones de pequeños productores campesinos.
 
Esas cooperativas pueden expandirse y hacer una contribución mayor contra la pobreza y el hambre, dos temas clave para la efeméride.
 
La FAO subrayó la necesidad de que esas estructuras productivas reciban el apoyo adecuado de parte de los gobiernos, la sociedad civil y el mundo académico.
 
Como lema básico para 2012 aparece que las cooperativas agrícolas alimentan al mundo, cuando también se celebra su año en el orbe.
 
El director general de la FAO, José Graziano da Silva, pone en relieve el papel de dichas entidades con la finalidad de combatir la pobreza y apunta que su fortalecimiento puede ayudar a los pequeños agricultores y a la economía de las naciones más necesitadas.
 
Señala que a pesar de que obtienen la mayor parte de los alimentos en muchos países, los cultivadores disfrutan de poco acceso a los mercados para venderlos, carecen de poder de negociación para comprar insumos a mejores precios y tampoco cuentan con acceso a los servicios financieros.
Este tipo de asociaciones desempeña un papel crucial en la generación de empleos, reducción de la pobreza, mejoramiento de la seguridad alimentaria y crecimiento de la economía.
 
Entretanto, el director general de la Organización Internacional del Trabajo, Guy Ryder, también las considera esenciales con el propósito de garantizar el derecho a una vida digna, trabajo decente y al desarrollo sostenible. Muchos analistas expresan que los gobiernos y las estructuras de poder político y económico tienen la obligación de comprometerse con las necesidades de los pobres, en particular con la alimentación, para tener un mundo más equilibrado.
 

Una meta que persiste

 
Uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio es reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre en el planeta para 2015, una meta que la FAO reconoce estancada desde 2007.
 
Para el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, el desafío “hambre cero” tiene como objetivos: proveer a cada persona de alimentos suficientes durante todo el año, poner fin a la desnutrición de las embarazadas y los niños, hacer que los sistemas alimentarios sean sostenibles, apoyar a los pequeños campesinos (especialmente a las mujeres), evitar las pérdidas de alimentos tras la producción y promover un consumo responsable.
 
Llama la atención que incluso en las regiones desarrolladas aumentó el número de los que pasan hambre, de 13 millones entre 2004-2006 a 16 millones entre 2010-2012. A ello se unen los elevados precios de los alimentos.
 
Sin embargo, la mala distribución y la falta de políticas efectivas que permitan enfrentar la crisis alimentaria están en el centro del problema.
Datos recientes indican que en el mundo existe suficiente comida pese al alza del número de desnutridos por la falta de acceso de los sectores más pobres a esos bienes.
 
Se verá entonces cuánto se podrá avanzar cuando se acerque 2015.
 
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Fuente: Contralínea 314 / Diciembre de 2012
 
 
 
 
 

 

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