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Tiempo y espacio que la Física de Isaac Newton (consultar de Paul F Schurmann, Historia de la física; y de Rita G Lerner y George L Trigg, Enciclopedia de la física) resuelve matemáticamente, la literatura soluciona creando un tiempo y un espacio para escenificar poesía y prosa, donde transcurren el amor, las pasiones (antes prohibidas, hoy permitidas como conquistas jurídico-civiles) y cuyas historias, la fantasía y las “razones del corazón que no entiende la razón”, sus autores recrean como novela. Es el caso de A la busca del tiempo perdido, de Marcel Valentin Louis Eugene George Proust Weil, mejor conocido como Marcel Proust (1871-1922). Son siete capítulos en tres tomos, con la traducción de Mauro Armiño que lleva ya cinco ediciones. Se volcó al español desde 1920 hasta 2000. Y en el suplemento del periódico El País, Babelia (17 de junio de 2000), Miguel García Posada hizo una reseña de las diferentes publicaciones (Espasa-Calpe, Alianza, Anagrama, Plaza & Janés) y hoy en espléndida presentación de editorial Valdemar.
 
Esta seductora-titánica lectura entreteje la biografía de un amor prohibido y cientos de historias como arsenal de recuerdos (este reseñador, en un boceto de novelilla inconclusa, pregunta: ¿por qué algunos se acuerdan más de los recuerdos…?), con los que construye sus 3 mil 500 páginas, donde tiempo y espacio son la memoria y la conciencia. Y la clave es: “La vida… Nuestra vida, la vida descubierta y aclarada al fin, la única vida realmente vivida”. Proust demanda tiempo para su lectura y sobre la marcha, detenerse a reflexionar y consultar sus notas, pero la belleza de su prosa es una delicia para el sentimiento. Aún ahora que los estantes del mercado del libro están a reventar (hay más escritores que lectores), es muy fácil dar con esta monumental novela de amor en un mundo de relaciones de todo tipo. Es un toma y daca de recuerdos y olvidos, como vasos comunicantes, para recordar el pasado. Para revivir lo vivido.
 
Es una sublime, magnífica y conmovedora novela sobre las relaciones humanas, siempre transitando en el olvido y regresando como recuerdos que inciden más en unos que en otros. Se dice que “recordar es vivir”. Pero nuestro amor universal propone que recordar es recobrar el tiempo y los espacios con los que construimos “la vida, nuestra vida”; activando la memoria para rescatar los acontecimientos con más sentido. Es “la única vida realmente vivida”, con los sufrimientos, encantos y decepciones… Diario vivir y convivir. El desbordamiento de la cultura que tenía Proust y su genialidad hace de A la busca del tiempo perdido una obra maestra de la literatura moderna; una enciclopedia, un alboroto de cuanto miraba, leía y escribía su autor. Se quiere anclar la novela en la realidad del tiempo y espacio de Proust, cuando éste la recrea para dejarnos un texto donde esa “noción del tiempo incorporado de los años pasados no separados de nosotros” es el tiempo perdido que recobramos recordando.
Ficha bibliográfica:
 
Autor: Marcel Proust
Título: A la busca del tiempo perdido
Editorial: Valdemar, 2002
 
*Periodista
 
 
 
Fuente: Contralínea 306 / Octubre de 2012
 
 
 

 

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