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El próximo 28 de octubre se cumplen 381 años de la tragedia naval más relevante para la historia y la arqueología subacuática de nuestro país: se fue a pique, en el Golfo de México, la nao almiranta de la Flota de la Nueva España de 1630-1631, Nuestra Señora del Juncal. La noche del naufragio una tormenta acometía el galeón, que sobrecargado de metales preciosos navegaba el embravecido mar. El barco estaba dañado, iba haciendo agua, el Norte lo ahuyentaba hacia la costa de Campeche, lugar que el almirante Andrés de Aristizábal, pensó, sería su salvación de la tempestad. Sólo 39 náufragos se salvaron en una lancha, el almirante se hundió con su barco.

 

Tras guarecerse un año amarradas a las argollas del muro de San Juan de Ulúa se aprestaban las naos para el regreso a España, pero el 12 de octubre de 1631 murió Miguel de Echazarreta, capitán general de la flota, quien navegara a bordo del Juncal. Así, Manuel Serrano de Rivera, quien era el almirante, asumió el cargo y trasladó la capitanía a la nave que comandaba: la Santa Teresa, la original almiranta se convertía en capitana. Con estas promociones de cargos, el capitán de mar y guerra que navegaba con Echazarreta fue nombrado almirante, con lo que el Juncal sería la nueva almiranta. El 14 de octubre esas dos naves y el resto de la flota zarpaban rumbo a la Habana, Cuba.
 
De acuerdo con Fernando Serrano Mangas, doctor en historia por la Universidad de Sevilla y profesor en la Universidad de Extremadura, el destino de las naves naufragadas y la muerte de alrededor de 1 mil personas se selló antes de iniciar el tornaviaje, debido principalmente al deceso de Echazarreta, los cambios en los mandos, el sobrepeso que llevaban las naos por transportar un enorme cargamento de metales preciosos, las modificaciones estructurales a las que fueron sometidas previamente las naves para poder portar más soldados y piezas de artillería y, sobre todo, a que aquellos navegantes se aventuraron a la mar en época de nortes, a razón de la premura de la Corona Española por tener las cuantiosas remesas de metales y mercaderías para mantener su hegemonía en Europa. La combinación de esos factores hizo naufragar a la Santa Teresa a pocas jornadas de iniciar la navegación, en una profundidad entre los 2 mil 500 y 3 mil metros; posteriormente hundió, en la Sonda de Campeche, al Juncal, en una zona entre las formaciones de Cayo Obispos, Banco Pera y Cayo Arcas en no más de 45 metros. La ubicación de esta última nave en aguas someras y el haber transportado el cargamento más cuantioso de oro y plata en la historia han hecho de este pecio uno de los más codiciados por los cazadores de tesoros y ser abordado académicamente por investigadores de diversas nacionalidades, por su innegable valor histórico y por ser un testigo único del engranaje político y naval del siglo XVII. Asimismo, el doctor Serrano indica que una tercera nave, el San Antonio, varó en la costa de Tabasco, que de otras naves no se supo nada y que algunas más lograron tocar tierra (mapa 1).
 
En México, la investigación y protección del patrimonio cultural es, supuestamente, una tarea llevada a cabo por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que, a través de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS), se encarga del patrimonio cultural sumergido. En fechas recientes ha quedado evidenciado un grave conflicto entre investigadores y directivos del INAH. Los primeros han denunciado una serie de políticas y manejos que han ido en detrimento de la investigación y preservación del patrimonio cultural, acusando a los segundos de priorizar la cuestión económica y mediática (Proceso, edición 1869, Columba Vértiz, 25 de septiembre de 2012). De esta degradación del INAH no se escapa la SAS, como ya advertí en el artículo “La infructuosa búsqueda de Nuestra Señora del Juncal” (Contralínea 289 ), en donde reflexioné sobre su mal desempeño en múltiples aspectos, pero sobre todo en lo concerniente a la investigación del Juncal y la última expedición de búsqueda, realizada en mayo y junio de este año. A lo mencionado hay que sumar que a más de cuatro meses de la expedición, la SAS no ha informado oficialmente de los resultados geofísicos que indicarían si se encontró el pecio. Es sabido que la prospección geofísica marina estuvo a cargo de especialistas de Estados Unidos, de instituciones como el Waitt Instittute y que se contó con rastreadores geofísicos profesionales de compañías particulares, como Azul Mar Research, que usualmente son con los que trabaja la SAS para suplir sus carencias académicas y técnicas.
 
 
Por lo anterior es necesario resaltar que los datos de geofísica que pudieran develar la ubicación precisa del Juncal u otros pecios en el área prospectada han sido analizados por los estadunidenses, cuando se debería tener el más estricto celo profesional y nacional, pues se trata del patrimonio arqueológico subacuático de México, y en el caso del Juncal, de acuerdo con el doctor Serrano, de un cargamento de oro y plata de 120 mil kilogramos más joyería, artefactos de metales preciosos, mercaderías, todo aquello no declarado oficialmente, así como el instrumental de navegación de la época y piezas de artillería.
 
Cabe señalar que por la reciente campaña de búsqueda del Juncal, la SAS debió erogar varios millones de pesos por la renta del Buque Oceanográfico Justo Sierra, de la Universidad Nacional Autónoma de México; los costos por la intervención de compañías de geofísica estadunidenses, renta de equipos de geofísica y transportación, entre otros. Dinero que sale de nuestros impuestos y que de terminar 2012 sin resultados, sumarán ya 19 años de patrocinios fallidos en empresas de búsqueda.
 
En opinión del historiador y periodista Santiago Mata, la expedición se intentó mantener en el más absoluto secreto y fue acelerada y promovida desde el gobierno federal, pues al presidente Felipe Calderón le hubiera gustado encontrar el pecio con el mayor tesoro subacuático de la historia antes de las elecciones presidenciales del 1 de julio (sección de cultura en el diario La Gaceta, 1 de mayo de 2012, España), en lo que interpretó como uno más de los fallidos intentos por incrementar la baja popularidad del Partido Acción Nacional en esta gestión. Cabe señalar que desde 1994, cuando la SAS inició la búsqueda del Juncal mediante la formación del Fideicomiso para el Rescate de Pecios emanado desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, la maestra Pilar Luna, titular de la dependencia, ha navegado a media agua sexenio tras sexenio, asegurando a las diversas administraciones la localización y recuperación del pecio. Por otro lado, en agosto de 2011, Alfonso de Maria y Campos , director del Instituto Nacional de Antropología e Historia, firmó un convenio con Televisa a través de la Fundación Emilio Azcárraga Vidaurreta, AC, para la búsqueda de restos arqueológicos sumergidos, pero fundamentalmente para encontrar el Juncal (Boletín del INAH, 30 de agosto de 2011, www.inah.gob.mx), a lo cual deberemos estar atentos, pues la televisora no se inmiscuye en algo si no es por dinero (como quedó de manifiesto en su ominosa participación en el proceso electoral pasado, donde sobre cualquier valor ético o moral sobrepuso el monetario), y en ese sentido el Juncal es único. Si a la empresa televisiva no le interesa el destino de la nación, menos le va a interesar el valor histórico de un pecio.
 
Llama la atención que, por cuestión de días, la salida de la expedición casi coincide con la presentación del libro Los tres credos de don Andrés de Aristizábal, de Fernando Serrano Mangas (editado por la Universidad Veracruzana), que se llevó a cabo a principios de mayo de este año. Ésta, de acuerdo con Santiago Mata, generó animadversión en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Es de suponerse que el recelo a la presentación del libro debió ser causado porque en éste Serrano Mangas detalla la posible ubicación del Juncal (mapa 2), entre muchos otros valiosos datos que reconstruyen la historia de la flota. Cabe señalar que la SAS publicó en 2003 La Flota de la Nueva España de 1630-1631, libro coordinado por Flor de María Trejo y editado por el INAH, en el que diversos autores rescatan información de la flota y en particular sobre el Juncal, pero en el que no se expone un área de ubicación del pecio como la que ha determinado Serrano Mangas. A este respecto, hasta finales de 2009, la SAS no contaba con un área de ubicación del pecio definida y, sin embargo, expedición tras expedición, variaba las zonas de búsqueda sin una metodología que lo justificara, dilapidando recursos económicos del erario.
 
El doctor Serrano Mangas colaboró con la Subdirección de Arqueología Subacuática hace algún tiempo en cuestiones referentes al Juncal. Es posible que debido a ello y ante la inminente presentación de su libro se intentara mantener en secreto las fechas de la expedición, los participantes y las áreas de prospección, si es que la SAS salió al mar a buscar el pecio en las zonas propuestas por el investigador español, quien no participó en la búsqueda. Ahora falta saber si encontraron el pecio y en qué punto. De ser el caso, podría confirmarse que fuera en alguna de las ubicaciones propuestas por el doctor Serrano. La Subdirección de Arqueología Subacuática tiene la oportunidad de hacer públicas sus áreas de prospección señalando la metodología que empleó para definirlas, y si coinciden con las del doctor Serrano explicar por qué.
 
Al respecto de la exclusión del doctor Serrano de la expedición, y con ello del Ministerio de Cultura Español, debe recalcarse que el Juncal se encuentra en aguas mexicanas, lo que automáticamente lo deslinda de España en cuanto al sentido de propiedad material, lo que no implica la exclusión de los españoles de la búsqueda y en su caso excavación del pecio. Asimismo, si de proteger el patrimonio arqueológico sumergido se tratara, y en consecuencia de mantener en secreto la expedición y sus resultados, entonces no se explicaría la participación de estadunidenses y el que ellos manejen la información estratégica. Éste es un tema que debería revestir el más alto interés de la sociedad y nuestros gobernantes, e incluso debería ser considerado asunto de seguridad nacional por el valor histórico y económico que representa.
 
Nota: el doctor Serrano Mangas autorizó a este semanario la reproducción de información contenida en su libro. Los mapas fueron facilitados por el doctor Loïc Ménanteau, investigador de LETG Nantes Géolittomer y la Universidad de Nantes, Francia.
 
Mapa 1. Hipótesis sobre las derrotas y situación de los naufragios de tres navíos de la Flota de la Nueva España de 1631, en el Sur del Golfo de México. Concepción y realización: Loïc Ménanteau (LETG Nantes Géolittomer). Fuente: Secretaría de Marina, 2006, y otras.
 
Mapa 2. Hipótesis basadas en los tres tipos de legua (inglesa, española y costera) sobre la localización del punto del naufragio de la almiranta Nuestra Señora del Juncal al Norte del Cayo Arcas. Concepción y realización: Loïc Ménanteau (LETG Nantes Géolittomer). Fuente: Secretaría de Marina, 2006, y otras. Tipos de fondo: A, arena; A Cn, arena conchífera; A Co, arena con coral; A G , arena con grava; A gr, arena gris; Co Lo, coral con lodo; Lo, lodo; Lo gr, lodo con grava; Lo Cn, lodo con coral; Lo vr, lodo verde; rc, rocoso.
 
*Maestro en ciencias; arqueólogo subacuático; diseñador gráfico; integrante del taller Madre Crónica
 
 
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Fuente: Contralínea 306 / Octubre de 2012
 
 
 

 

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