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La Guardia de Hierro, que floreció en la década de 1930 en Rumania, fue un grupo de extrema derecha, antisemita, anticomunista, militarista, opuesto a la democracia, y que tenía como prioridad la defensa del cristianismo.       
 
Sus métodos iban desde el asesinato y el terrorismo hasta la participación electoral.
 
Formó parte de los movimientos totalitarios de la época, como el fascismo, el nazismo y el falangismo, con los que tuvo fuertes afinidades, a la vez que representó una de las expresiones de la lucha racial y religiosa que tiene una historia secular en esa región.
 
Hoy se encuentran brotes de ese movimiento ultraderechista de origen rumano lo mismo en internet que en alguna población de nuestro país.
 

Codreanu en Alto Lucero

 
En 2010, en Alto Lucero, Veracruz, Ediciones U, que difunde textos de tendencias pronazis y profascistas, publicó una reedición del libro de Carlo Sburlati, titulado Codreanu: el capitán. Vida y muerte de Codreanu, fundador y jefe de la Guardia de Hierro rumana.
 
Curiosamente, la ultraderecha rumana de la primera mitad del siglo XX encuentra promotores en ese poblado, situado a 35 kilómetros de Jalapa, y que es cabecera del municipio Alto Lucero de Gutiérrez Barrios, en honor al político Fernando Gutiérrez Barrios (1927-2000), oriundo de ese lugar.
 
Evidenciada la forma de pensar de sus editores, la obra mencionada, que es una biografía muy elogiosa del fundador de la Guardia de Hierro, lleva como pie de imprenta: “…se acabó de imprimir el día 12 de octubre de 2010, Día de Nuestra Señora del Pilar, Día de la Hispanidad, Otoño Celta de 2010”.
 
Corneliu Zelea Codreanu (1899-1938) participó a corta edad en la Primera Guerra Mundial y posteriormente estudió en el Liceo Militar donde, en 1918, junto con una veintena de sus compañeros, fundó una organización secreta, “disfrazándola con fines culturales” (página 29).
 
A lo largo de su vida, Codreanu promovió el nacionalismo, antisemitismo y anticomunismo; la defensa radical de la religión cristiana y el autoritarismo, a la vez que se opuso a la democracia.
 
En 1920, cuando era estudiante de derecho, encabezó un movimiento para exigir que se llevaran a cabo ceremonias religiosas (de la Iglesia Ortodoxa, hegemónica en Rumania) en los recintos universitarios.
 
En 1922 participó en disturbios antisemitas que habían surgido en las universidades rumanas; al año siguiente se fundó la Liga de Defensa Nacional Cristiana (LANC, por su sigla en rumano), presidida por el profesor Cuza, mentor de Codreanu. Esa organización, al igual que Codreanu, se oponía a que la Constitución de Rumania otorgara derechos civiles a los judíos “sin discriminación alguna” (página 48).
 
El 24 de junio de 1927, Día de San Juan Bautista, Codreanu fundó la Legión de San Miguel Arcángel, con una rama para adolescentes de 14 a 18 años, denominada Cofradía de la Cruz. En esos grupos se firmaban con sangre pactos de fidelidad y se inducía a los adeptos al sacrificio y a la “continua autodisciplina” (página 70).
 
De acuerdo con las ideas que lo inspiraban, su organización era totalmente jerárquica, basada en núcleos, o “nidos”, cada uno de los cuales es “un grupo de hombres al mando de uno solo. No tiene consejo; tiene únicamente un jefe que coordina…” (página 73). Sus reuniones eran presididas por un icono de San Miguel, un retrato de Codreanu (pues su organización rendía culto a su personalidad) y una cruz.
 

Terrorismo en nombre de Dios

 
Frecuentemente, esos militantes recurrieron al terrorismo e incluso al asesinato de sus adversarios, entre los que se contaban políticos, periodistas, policías, así como los disidentes de su propio grupo, cuya “traición” se llegaba a castigar con la muerte.
 
No obstante, Codreanu apelaba a una retórica profusa de “Dios” y del “amor”, y para evitar la contradicción de matar en nombre de Dios y del amor, los asesinos pertenecientes a la Legión solían entregarse a las autoridades luego de cometido el crimen y pedían que se les castigara, con lo que, según ellos, quedaban perdonados.
 
Eso ocurrió luego del asesinato del primer ministro, el liberal Ion Gheorghe Duca, el 30 de diciembre de 1933, a manos de un “comando” de las huestes de Codreanu.
 
El apologista de Codreanu relata otro de esos asesinatos, el de Stelescu, un disidente de la Legión:
 
“Stelescu, que se encontraba en el hospital […] convaleciente de una vulgar operación de apendicitis, recibió, el 16 de julio de 1936, la visita de aquel grupo de legionarios llamados Los Vengadores o Los Decenviros. Le liquidaron sin piedad en el lecho que ocupaba y, lo que es peor, se ensañaron con su cadáver. Los 10 autores del atentado, de acuerdo con la costumbre legionaria, se presentaron a las autoridades; [fueron] condenados a trabajos forzados a perpetuidad […]” (página 138).
 
El 20 de junio de 1930, Codreanu había constituido oficialmente la Guardia de Hierro, rama paramilitar de la Legión, que convocaba a los rumanos a cerrar filas “en torno a Dios, al Ejército y al País” (sic, página 106).
 
A sus integrantes también se les conoció como camisas verdes, porque vestían uniformes de ese color; usaban el saludo romano y su símbolo, “la Cruz de San Miguel Arcángel”, era el dibujo de un enrejado que representaba la prisión que Codreanu y muchos de sus seguidores habían sufrido, por sus actividades políticas y atentados terroristas.
 
En 1934, Codreanu fundó el partido Todo por la Patria; en 1938 fue encarcelado nuevamente y el 30 de noviembre de ese año fue ejecutado junto con 13 de sus partidarios en un supuesto intento de fuga.
 
A la muerte de Codreanu, la Guardia de Hierro subsistió algunos años en su país, presidida por Horia Sima, quien por cierto escribió un prólogo al libro de Sburlati. La organización de ultraderecha pasó al exilio con el triunfo de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial y la consecuente implantación del régimen socialista en Rumania.
 

Con Hitler, Franco, Mussolini y Bush

 
La Guardia de Hierro encarnó uno de los movimientos totalitarios de la época, al igual que el nazismo, el fascismo y el falangismo, con el que se consideraba más cercano por su defensa de la religión.
 
Los militantes de la ultraderecha rumana participaron al lado de las tropas franquistas en la guerra civil española, donde murieron Ion Mota y Vasile Marin, dos de los principales colaboradores de Codreanu.
 
También combatieron en la Segunda Guerra Mundial, contra el ejército soviético y al lado de los nazis.
 
En aquellos tiempos, algunos intelectuales que luego fueron muy famosos pertenecieron a la Guardia de Hierro, como el filósofo Emil Cioran (1911-1995), y el estudioso de las religiones Mircea Elíade (1907-1986).
 
Posteriormente, renegaron de ese episodio de su pasado, que quedó como uno de sus errores de juventud (Claude Contine, El fascismo rumano y los intelectuales, http://juliusevola.blogia.com/2006/100501-el-fascismo-rumano-y-los-intelectuales.php).
 
Militantes de la Guardia de Hierro, como Florian Galdau y Valerio Trifa, se trasladaron a Estados Unidos, donde trataron de crear una rama de esa organización reclutando a rumanos emigrados a ese país. Trifa, quien participó activamente en crímenes de guerra en la época de los nazis, fue nombrado en 1952 arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Rumana en Estados Unidos. Por su parte, el también clérigo Galdau, excapellán de la Guardia de Hierro, se dedicó a facilitar la huida a Estados Unidos de rumanos que colaboraron con el nazismo; fue partidario de Ronald Reagan y promotor de la campaña presidencial de George Bush padre, en 1988 (http://www.antipasministries.com/html/file0000049.htm).
 
A la fecha, en páginas en internet de corte neonazi se pueden leer encendidas apologías de la Guardia de Hierro (véase por ejemplo la página “Brigadas fascistas de México”: www.paginasprodigy.com/eolmos74/ textosvariosylinks.html), e incluso exhortaciones a formar parte de la legión fundada por Codreanu.
 
En una página en internet de la ultraderecha española, se compara a los militantes de la Guardia de Hierro con los cristeros, por su defensa de la religión: “… Codreanu es claro: no se puede separar a Dios de lo meramente político; porque la misión a desarrollar es precisamente enarbolar su bandera. Los cristeros de México (antiguo virreinato de la Nueva España) ya regaron su tierra con su sangre ante la furibunda masonería por la defensa del reinado social de Cristo…” (http://hispanismo.org/politica-y-sociedad/2228-legion-de-san-miguel-arcangel-e-hispanismo.html).
 
De hecho, el Sinarquismo, movimiento de la derecha católica mexicana, nacido en la década de  1930, de orígenes cristeros y tintes fascistas, muestra semejanzas con ideas y prácticas de la Guardia de Hierro, como la exaltación del martirio, el uso de atuendos y marchas militares y de tácticas de provocación, así como el énfasis en la defensa de la religión y el antisemitismo de corte religioso más que racial.
 
Un portal en internet de los fascistas mexicanos reproduce estas declaraciones de uno de sus jefes en Jalisco:
 
“El Fascismo es la única solución para nuestro Pueblo y nuestra Patria… llamamos Fascismo a la cosmovisión que aglutinó a los distintos pueblos del globo con un socialismo propio, verdadero y nacional, (Nacional-Socialismo en Alemania, Rexismo en Bélgica, Falangismo y Nacional-Sindicalismo en España, La guardia de Hierro en Rumanía, y el Fascismo Italiano, entre otros tantos)…” (sic, 6 de enero de 2012: “Confederación Nacionalista Orgullo por México”, www.confederacionnomex.mex.tl/blog_36338_Ensayo–de–Como-Veo–a-Mexico—del-Lider-de-l-Estado-de-Jalisco.html).
 

¿Hijos de Drácula?

 
Por otra parte, según algunas versiones, la Guardia de Hierro se inspiró además en la Orden del Dragón, encabezada en el siglo XV por el famoso y sanguinario príncipe Vlad Tepes, el Empalador, también conocido como Drácula.
 
Esa orden pregonaba la defensa del cristianismo en las luchas contra los turcos, donde Tepes mostró una gran ferocidad, al grado de empalar a miles de sus enemigos, lo mismo que a delincuentes, mendigos, gitanos, y otros grupos perseguidos, así como a las mujeres acusadas de adulterio y a familias enteras, incluso a los bebés, si consideraba que lo merecían.
 
En ese personaje se inspiró Bram Stoker para crear su famoso personaje, el sanguinario conde Drácula. Leemos en esa obra literaria: “ese vampiro debe ser aquel Voivo de Drácula, famoso por sus luchas contra los turcos… Poseía un poderoso cerebro, y un corazón que no conocía el miedo ni el arrepentimiento”.
 
En el plano ideológico, Vlad Tepes y su orden quedaron como símbolos de la aniquilación de los “infieles” y de los disidentes del orden establecido en esas regiones.
 
En su obra, Carlo Sburlati menciona que luego de la fundación del Partido Todo por la Patria, de Codreanu, ingresaron a él “muchos miembros” de la Liga Vlad Tepes, “con lo que proporcionaron al capitán una victoria de incalculable valor, especialmente desde el punto de vista sicológico” (página 163).
 
Hoy, la herencia espiritual de Drácula, de Hitler, de Mussolini, de Franco y de Codreanu, resurgen como resultado de la globalización que afecta a todas las fuerzas políticas y en particular a la ultraderecha, que se expresa lo mismo en páginas en internet que en poblaciones de diferentes países.
 
*Maestro en filosofía; especialista en estudios acerca de la derecha política en México
 
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Fuente: Contralínea 305 / octubre de 2012
 

 

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