Autor:

Para Elenita Castillo, secretaria de Julio Scherer Ibarra
 
Los poemas del libro de versos de Rosa María García-Zapata y Meza son escalonados y enlazados para subir y bajar por ellos peldaño a peldaño; como flores que al deshojarlas, sus pétalos-besos crean versos que, como dice la poeta Claudia Hernández del Valle Arizpe (en entrevista con Daniel Cisneros, El Financiero, 23 de agosto de 2012), “hay que leer 10 veces un poema si se quiere entenderlo”. Son 46 poemas que se beben en vasos desbordados al olor-calor de primaveras en verano y les entresaca una palabra clave en rojo, como una hoja al viento en páginas blancas… El viento, que sólo Vincent van Gogh, con su cuerda locura por los colores, logró recrear en sus fabulosas pinturas.
 
Museo del viento se llama. En él irrumpe un poema en prosa, dando paso a otros versos: “Subo agitada, busco veloz y elevo mis ojos en flama, que en pequeñas dosis lloran lluvia y calma/y mientras todo pasa, el ciclo de siempre: se enciende, se apaga y se enciende en una otra”. Así nos convida sus partos de amor, de sus amores, de sus sentimientos que se desvisten con sensualidad para ofrecerse casi desnudos, apenas con las prendas de las letras que crean a sus hijos-versos… “Toco tu voz/con el filo/de mi mano abierta/y la corto/en: t-i-r-a-s/de papel/para el museo/del viento”. Viento y aire son en los versos de Rosa María sinónimos, y con ellos teje un “Rosario de esperanza/tejo: a m-a-n-o/con estambre insomne/color ruido silencio/aroma a mermelada/acaricio el viento/sobre la montaña/con café caliente/por favor espera/voy hacia esa estrella/con la boca pintada”.
 
Son 100 páginas con prólogo de Fernando de Ita. Fotografía y reseña de la trayectoria de García-Zapata en la contraportada por Omar Gasca. Y un índice en orden alfabético, con arreglo al primer verso de cada poesía donde las metáforas se mezclan: “Escalo una cortina/de terciopelo y polvo/para tocar tu nombre/una araña se asoma y baila/baila y se oculta/tras un baúl/cuadros y rombos/de la pared escapan/y un radio lejano canta/la araña se oculta y baila/llorando siempre/siempre llorando/Al final/desciendo de la cortina/con cierta dosis/de eternidad”. ¿Son sus poesías, tristes? Me parece que sí. Una tristeza que va y viene entre sus versos, tejiendo nostalgias, recuerdos que se vuelven presente: “Tomados del recuerdo/cubierto por la hierba/caminamos hoy/por el suntuoso templo/de esa otra realidad…/la sostenida a fuerza/de querer prolongarte/de persona… en otra/Sueño deslavado/por el tiempo/evocación de orgasmo/olor añejo/sudor cansado”.
 
Poemas repletos de sentimientos sensuales-sexuales; de búsqueda del doble amor que sólo los versos pueden prolongar. Así vierte sus sentimientos la poeta, la mujer: “Cara blanca/inexpresiva/como palabra/en fruta/de saber a fresa y tuna/Un verde seco de pasado/Rosa tus labios de pintura y vaho/Vino tinto/Suple un beso somnoliento/Con olor a barro”. Poesías que son un canto al amor sensual, sentimental, sexual, cariñoso, enamorado, etcétera. Son confesiones de quien ama… “Y al final… aquella cita/¿la recuerdas?”. Y si los versos son besos, Rosa María Liliana puso en cada página un beso.
 
Ficha bibliográfica:
 
Autora: Rosa María Liliana García-Zapata y Meza
Título: Museo del viento (segunda edición)
Editorial: Integrarte, 2006
 
*Periodista
 
 
 
Fuente: Contralínea 303 / Septiembre de 20
 
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