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El cambio climático profundiza la pobreza y la escasez general de alimentos en África Occidental. La desnutrición ha llegado y, de no encontrar una solución en las próximas semanas, la región se verá envuelta en la hambruna

 
Albert Oppong-Ansah/IPS
 
Tamale, Ghana. Para paliar la mala cosecha de este año, el agricultor ghanés Adams Seidu lleva a cabo una estrategia de supervivencia que llama “uno-cero-uno”, para los niños, y “cero-cero-uno”, para los adultos.
 
La ecuación representa las tres ingestas diarias. Uno es comer y cero es no ingerir nada. Los hijos de Seidu desayunan, no almuerzan y luego comen algo en la noche. Él y su esposa lo hacen una vez al día, en la noche.
 
Seidu, quien reside en Fuo, un suburbio de Tamale, la capital de la región  de Ghana Septentrional, soporta problemas con las cosechas de los últimos años.
 
Lo mismo hacen otras familias de este país de África Occidental, y en especial, de las comunidades rurales de esta región, donde la escasez de alimentos se ha vuelto preocupante.
 
Una encuesta sobre nutrición realizada en marzo por el Servicio de Salud de Ghana mostró que 32.2 por ciento de los 208 mil 742 niños y niñas menores de cinco años de esta región sufren desnutrición, lo que genera retrasos en el crecimiento y en el desarrollo.
 
Las regiones de Ghana Septentrional, Alta Ghana Occidental y Alta Ghana Oriental solían ser las grandes productoras de cereales y tubérculos, entre las 10 en que se divide administrativamente el país.
 
Pero las consecuencias del cambio climático en la sabana ghanesa incluyeron escasez de lluvias, menores cosechas y la consiguiente inseguridad alimentaria.
 
“La última temporada fue uno de los periodos más devastadores y las pérdidas fueron enormes para muchos agricultores porque la falta de lluvias hizo que los cultivos se pudrieran antes de madurar”, relata Seidu, quien cultiva maíz, arroz y ñame.
 
En 2000 cayeron 1.495 milímetros de agua en el distrito de Nanumba Norte, en Ghana Septentrional, durante la estación lluviosa (abril-septiembre). Pero 10 años después, las precipitaciones descendieron a 433 milímetros en la misma temporada.
 
Las consecuencias han sido dramáticas porque Ghana Septentrional es la tercera región más poblada del país y donde el 80 por ciento de sus residentes viven de la agricultura, según el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2010.
 
La mitad de los agricultores de esta zona tienen dificultades para sobrevivir debido a la disminución de sus cosechas, indica el Servicio de Estadísticas de Ghana.
 
Seidu solamente obtuvo tres sacos de 84 kilogramos cada uno en los dos acres (0.809 hectáreas) que cultivó este año. “Hace dos años coseché siete. Algunas de las plantas no florecieron, ni hablar de dar frutos”, dice a Inter Press Service (IPS).
 
 
Estadísticas de la oficina de Ghana Septentrional del Ministerio de Agricultura y Alimentación revelan que la producción de maíz en esta región disminuyó de 164 mil 200 toneladas en 1991, a 78 mil 800 toneladas en 2000, año de los últimos datos disponibles.
 
El responsable de la Agencia Meteorológica de Ghana, Kafui Quashiga, dice a IPS que las precipitaciones disminuyeron drásticamente por el cambio climático en los últimos 10 años.
 
Las lluvias cayeron por debajo del promedio de 6.550 milímetros, que era común al comenzar el siglo, según estadísticas del organismo.
 
“Al comparar datos de las precipitaciones entre 1991 y 2010 en Wa, en Alta Ghana Occidental, Tamale, en Ghana Septentrional, Navorongo, en Alta Ghana Oriental, y Krachie, en Volta, se observa una disminución pronunciada, y es probable que la tendencia se mantenga”, indica.
 
Pobreza, analfabetismo, enfermedades y desnutrición son males comunes en esas zonas.
 
“Debido a las malas cosechas de los últimos años, sólo puedo mandar a dos de mis hijos a la escuela”, señala Seidu.
 
El agricultor Nindoo Salisu, de 60 años, también puede mandar sólo a tres de sus 10 hijos a la escuela, reconoce a IPS: “Solía bastarnos con lo que sacábamos de la tierra hasta que el clima decidió abandonarnos y dejarnos en la pobreza”, señala.
 
“La situación da miedo; cuanto antes se haga algo, mejor, pues tiene consecuencias negativas sobre nuestra existencia como seres humanos”, indica Quashiga, de la estatal Agencia Meteorológica.
 
Los proyectos de adaptación a los efectos del cambio climático no han logado revertir la situación.
 
Abubakar Sadique Haruna, un agricultor de Ghana Septentrional, alquila su tractor a los campesinos de la región.
 
Con ayuda del Programa de Desarrollo Agrícola y Mejora de la Cadena de Valor (Advance por su acrónimo en inglés), Haruna ofrece el servicio de arado a unos 400 agricultores.
 
Advance, un proyecto financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, comenzó a funcionar en 2011. La iniciativa permitió que 1 mil agricultores recibieran ayuda y se capacitaran en el uso de mejores semillas, nuevas tecnologías y mejores prácticas agrarias.
 
Haruna explica a IPS que por cada acre (0.405 hectáreas) cultivado, los agricultores le pagan cuatro dólares, que dan para 4.5 litros de combustible, o con un saco de maíz al final de la cosecha.
 
Además, Haruna ofrece semillas de mejor calidad, agroquímicos y fertilizantes, y enseña a los agricultores mejores prácticas agrícolas para ayudarlos a aumentar su producción.
 
“El problema es que algunos agricultores no pueden comprar los agroquímicos después de pagar el arado”, dice.
 
El año pasado no fue bueno para los agricultores, explica Haruna, pues unos 200 clientes no pudieron pagar por arar sus terrenos.
 
El responsable de supervisión y evaluación del Ministerio de Agricultura y Alimentación, Festus Aaron Langkuu, dice a IPS que en algunas zonas se estaban probando nuevos métodos para recolectar agua.
 
Las represas de Golinga, en Ghana Septentrional, fueron recuperadas en 2010 dentro de un proyecto sobre los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio, y ofrecen agua a algunos agricultores.
 
“El gobierno ayuda a algunos agricultores con fertilizantes, pero si no llueve, no pueden cultivar y se desbarata el objetivo de reducir la pobreza”, remarca Langkuku.
 
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Fuente: Contralínea 302 / septiembre de 2012
 
 

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