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Una de las víctimas del incendio en el Casino Royale es recordada por su familia como una mujer feliz, que le inculcaba a sus hijos y esposo el valor de vivir cada instante al máximo; a un año de la tragedia, la justicia aún no llega para ninguna de las personas que perdieron la vida en el peor ataque de la delincuencia en contra de la población civil en la historia.

 
Por Arely Ramos
Monterrey, Nuevo León
 
Ha pasado un casi año de la tragedia en el Casino Royale y el ardor del fuego que consumió el edificio y acabó con la vida de 53 personas, aún se deja sentir, sin que las autoridades hayan hecho justicia plena.
La nebulosa gris del humo que se desprendió del incendio provocado por integrantes de la delincuencia organizada la tarde de aquel jueves 25 de agosto de 2011, sigue presente en la memoria de Héctor Lomelí y sus hijos,  quienes de manera inesperada y sin saber por qué, perdieron a su esposa y madre, Nora Elia Ortegón.
“Hemos decidido seguir adelante, no podemos estar tristes porque es parte de lo que ella sembró, tanto en mí como en mis hijos, al enseñarnos a vivir y a gozar sin importar lo que pase alrededor: ella es para nosotros un ejemplo de vida y de entrega”, destacó.
Aunado a la filosofía de vida que Nora les fomentó, la fe ha sido otro de los sentimientos que a la familia Lomelí Ortegón le ha dado fuerzas para afrontar con serenidad la ausencia del “pilar de la casa”.
“Ella siempre nos preparó increíblemente para ese día, hablaba de la muerte todos los días y decía que no te preocuparas por tal o cual cosa si a lo mejor mañana no estamos: le decía claramente a nuestros hijos que iba a morir joven y Dios se lo concedió”, manifestó el hombre de la casa.
En ese sentido y en medio de dolor, reconoció que a Nora no le hubiera gustado “llegar a los 50”, por lo que fue sorprendente recapitular y darse cuenta que los deseos de su mujer se empezaron a cumplir. El pasado 4 de agosto, apenas habrían celebrado sus 49 años.
Ha sido difícil aceptar que ya no está físicamente, pero recalcó que no hay día en que deje de pensar en ella, debido a que pasó los mejores 30 años de su vida junto a ese ser que siempre irradió felicidad. La sonrisa fue su mejor antídoto para vivir al máximo.
“Fue mi amiga, mi esposa y mi cómplice desde que la conocí hasta que se fue y estuvimos unidos prácticamente toda una vida, que incluso le llegué a decir a sus padres que era más mía que de ellos: tuvimos una historia muy padre”, recordó Lomelí.
“Esa es ella, sonriente”, destacó el ejecutivo de seguros al señalar la fotografía de su esposa que tiene en su oficina. Jamás tomaba nada en serio y así como esa imagen, añadió, tiene muchas más en su mente y en diversas facetas porque era una mujer “rara entre Dios y el mundo”.
Explicó que era profundamente religiosa y al mismo tiempo tan activa, que mezclaba bastante bien esa contrariedad de sentir y ser. El tiempo ha transcurrido y desde que la mujer a la que amó con “locura” partió al “cielo” -porque está seguro que ahí está – le ha otorgado una gran responsabilidad.
 
SER PADRE Y MADRE
 
“Eso de ser papá y mamá es complicado, la rutina cambia”, aseveró Héctor. Ya no está la encargada de mantener en orden la casa y distribuir esas dosis de alegría por cada habitación.
“Yo no sabía ir al súper, qué y cuánto comprar, no sabía qué pasaba. Ahora te preocupas por venir a trabajar e ir a la tintorería, supervisar si las hijas irán a comer a casa, entre otros aspectos como el de la convivencia diaria y los momentos en que sólo éramos ella y yo… cambió todo”, especificó.
A punto del llanto, el hombre de la casa mencionó que no sabe qué hacer o decir cuando Nora y Roberta le cuestionan cosas propias de su rol femenino. Dijo que mejor les pide le pregunten a su madre, de manera espiritual y tomen su palabra o consejo como si estuviera presente.
“(Sin ella) tenemos un hueco impresionante. Aunque esté viva en nuestra mente y en nuestro corazón, hemos aprendido que hay cosas que se acaban, pero que cuando entiendes eso, tienes que seguir la vida, tienes que trabajar y vivir”, manifestó.
“Nos domesticó a todos, sus hijos son la fiel imagen de Nora, nos hizo como ella y es muy triste lo que ha pasado, no sólo para mí,  porque hay muchas familias que están involucradas en ese acontecimiento del  ataque al Casino Royale y otras más que se suman a tragedias recientes”, apuntó Lomelí.
 
EXIGE JUSTICIA: “NO MÁS MENTIRAS” 
 
Hacer justicia ante sucesos delictivos y masivos como el ataque al Casino Royale no es cosa que le interese lo suficiente a las autoridades, puesto que no se han generado avances en el caso que aún mantiene con dudas a los familiares de las víctimas.
En su caso, Héctor Lomelí resaltó la inconformidad que siente con las mentiras que se han dicho y sobre todo de la ineficiencia de las autoridades por esclarecer las dudas, respecto al por qué se dio tan lamentable hecho en el que su amada esposa y 52 personas más dejaron de existir.
“La justicia es algo que el humano siempre necesita, justicia es cuando menos saber por qué pasó todo eso, pero aquí hay mentiras, secretos, cosas que no se dicen. Que no me engañen, que no me quieran ver la cara porque aunque hayan atrapado a algunos autores materiales, sé que hay algo más”, auguró.
¿Siente coraje o enojo?- se le cuestionó y respondió que no al argumentar que no tendría ningún beneficio, aunque sí externó tener resentimiento por las mentiras, que insiste, se han manejado en torno al suceso que marcó la vida de muchos en Monterrey.
“Con quién me voy a enojar, ¿con Dios, con el chavo que agarraron?, no voy a ganar nada, sería como estar muerto en vida, pero si nosotros investigáramos ciertamente qué pasó, tendríamos una decepción del sistema de gobierno de este país”, reveló en tono molesto.
Descubrir la verdad sería idóneo, pero para la sociedad afligida a veces vale más disfrutar de lo que es palpable y tiene ahora, como decidió hacerlo la familia Lomelí Ortegón para salir adelante con sus proyectos de vida, pese a la falta del “pilar de la casa: Nora”, reiteró Héctor.
 
MÉXICO-NUEVO LEÓN: DONDE NO PASA NADA
 
El incremento de la ola de violencia y “muertes sin sentido” en el Estado como en el país, principalmente el suceso del Casino Royale, ha quedado aparentemente escabullido entre los escombros que dejó el incendio provocado en el edificio ubicado en San Jerónimo.
“Esta es una ciudad y vivimos en un país donde no pasa nada, esas muertes sin necesidad por estar en el lugar equivocado, siguen pasando y eso no va a ceder hasta que nuestras autoridades hagan algo al menos de que estés en el equipo correcto”, dijo Lomelí.
Por lo tanto, el familiar de una de las 53 víctimas ha decidido no hacer nada, no emitir una demanda o perderse en procesos legales que sólo le quitarían tiempo e incluso dinero para finalmente no obtener la verdad y que mucho menos le regresen a quien le han arrebatado: su esposa.
“Sería perder tiempo e invertir dinero inútilmente. Me han hablado abogados para convencerme por un servicio que me traería beneficios económicos, pero no, eso no. Ya no vale la pena” reconoció el afectado.
No es apatía, pero por la desalentadora función pública de quienes tienen la obligación de hacer justicia, personas como Lomelí hacen lo suyo de otra forma, desde su yo interior y en familia, a través de lo cual les reconforte, al menos, haber perdido a un ser querido en hechos criminales.
 
“HABLO CON ELLA”
 
El sol se guarda y la luna se asoma, y en ese instante de cada anochecer, o amanecer, cuando la luna se esconde de nuevo, Héctor se ha encontrado con Nora al evocarla en su mente y en el lugar en el que tiene la certeza está, desde el pasado 25 de agosto: el cielo.
“Le platico, le cuento lo que he pasado, le hago peticiones, además, veo sus fotos porque está en todos lados y no puedo evitar recordarla, porque si de algo estoy seguro y tranquilo es que la amé con locura y le dimos todo hasta el último día”, enfatizó.
En vida y ahora que Nora no está, Héctor disfruta y busca esos momentos de soledad con quien fue su “cómplice”, a través de esa conversación diaria- espiritual y al detallar que desde su mente avizora el próximo vuelo a tomar para emprender un nuevo viaje de pareja, como lo hicieron año con año.
“Nos íbamos de vacaciones una vez al año y a cenar solos, una o dos veces por semana,  porque ella decía que necesitábamos practicar para cuando estuviéramos viejos. No nos veía sentados y cada quien por su lado: nos dimos todo cuanto se pudo”, manifestó.
“Vivo el hoy”, refrendó Lomelí como parte de la lección que aprendió de su amada. Aunque el caminar de cada día por lo escombros carbonizados quemen su corazón y el dolor no desaparezca, tampoco se elimina ese espíritu relajado y armonioso que reflejó Nora.
 
UN AÑO MÁS…
 
No todo se ha volcado a la tristeza o dolor para los Lomelí Ortega, poco a poco han recuperado su felicidad, tal como lo demostró su esposa o madre en las buenas y en las malas, que para recordarla con gusto, festejaron su cumpleaños número 50, así como su primer aniversario luctuoso con dos emotivas ceremonias.
“ El 4 de agosto cumpliría 50 años y pensamos en hacer una fiesta, pero en serio, pensamos  invitar a nuestros amigos para festejar porque finalmente está en una vida diferente y  nueva que debe seguir”, exteriorizó.
Como segunda conmemoración, añadió Héctor -en relación al primer año de haber fallecido-, efectuarán una misa en la Iglesia de Fátima, donde han depositado sus restos.
Al día de hoy, Lomelí no le debe nada a su esposa, que lo cuida desde el cielo, aunque señaló que quedó en deuda con ella por no haberle cumplido el deseo de esparcir sus cenizas en el Bellagio de las Vegas, lugar al que gustaba ir y hacer valer su suerte en los juegos de azar.
 
SE REPITE EL PATRÓN
 
A menos de un mes de que se cumplira el primer aniversario del ataque al Casino Royale, el patrón de atacar inmuebles y prenderles fuego ha regresó a Nuevo León.
El martes 31 de julio, en punto de las 10:00 horas, un grupo de cinco personas armadas ingresó a la Distribuidora de Publicaciones DIPSA, desalojó a cerca de 10 empleados y rociaron gasolina en una oficina, hasta incendiarla.
No hubo daños a personas, aunque la estructura del lugar, que se localiza en el centro de Monterrey, en Arteaga y Serafín Peña, quedó maltratada.
Un día antes, el lunes 30 de julio a las 06:30 horas tres jóvenes lanzaron dos bombas molotov en la entrada principal de Soriana, en Hacienda San Miguel de Guadalupe, y provocaron un conato de incendio que fue controlado por los guardias del negocio.
El domingo 29, el periódico El Norte fue objeto de un tercer atentado. Las instalaciones de la Edición Sierra Madre, en la Colonia del Valle, en San Pedro, fueron incendiadas por un grupo de delincuentes que rociaron gasolina en el mobiliario de la recepción.
Fue cerca de las 18:40 horas cuando el fuego alertó a las 15 personas que estaban en su lugar de trabajo y quienes resultaron ilesos al momento del incendio provocado por un comando, según reveló el video de seguridad que mostró el medio de comunicación.
El anterior acontecimiento fue el tercer atentado contra el medio local en el transcurso de 19 días, porque el 10 de julio ya se había atacado a los edificios de las ediciones La Silla (en la zona Contry de Monterrey y Linda Vista en Guadalupe).
El Casino Revolución fue embestido el viernes alrededor de las 15:30 horas, cuando un grupo de pistoleros dispararon al lugar y lanzaron una granada que no detonó. Los hechos ocurrieron en avenida Revolución, entre Morones Prieto y Chapultepec, en la zona sur de Monterrey.
 
IMPACTO NACIONAL E INTERNACIONAL
 
El atentado al Royale conmocionó a la localidad regia, a la nación y al mundo, al ser catalogado como uno de las peores tragedias a la sociedad mexicana, que llevó a líderes políticos a calificar el acontecimiento con una serie de adjetivos estremecedores.
Felipe Calderón Hinojosa, presidente de México, evaluó lo sucedido como un acto de “terrorismo” por parte del crimen organizado y ante ese panorama decretó tres días de luto nacional, aunado a la expresión de molestia con la que arremetió contra los Estados Unidos.
“México ya no puede ser la puerta de acceso, somos vecinos pero ustedes también son responsables”, manifestó al pueblo norteamericano en el mensaje que dio a conocer a la sociedad que había quedado consternada con el ataque a la casa de apuestas en Monterrey.
En ese sentido Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, reconoció que el gobierno mexicano adelanta en una “valerosa batalla” contra la delincuencia organizada y recalcó que Washington “es y seguirá siendo un socio en esta lucha”.
Obama no dejó de lamentar los hechos que denominó como algo “brutal y reprensible” y envió condolencias a los familiares de quienes resultaron víctimas, y por su parte, Bernard Valero, portavoz de Francia condenó los actos como una “barbarie”.
En la cuestión local la masacre tuvo repercusiones en eventos que se tenían programados, tales como la alfombra roja de la película “Viento en Contra”, que se presentaría en la Séptima Edición del Festival Internacional de Cine de Monterrey y por otro lado, una corrida de toros que fue cancelada.
 
CORRUPCIÓN Y NEGLIGENCIA 
 
A principios del 2011 y aunque el hecho no trascendió de manera masiva, ni causó estragos a la población, el Casino Royale ya había sido atacado. Malhechores entraron a las instalaciones para someter a las personas, aunque Enrique Hernández Navarro – apoderado legal del recinto en ese tiempo – negó lo sucedido.
Los meses pasaron y la madrugada del 25 de mayo, el amago a la casa de juegos se repitió. Agresores cometieron un asalto a los clientes y realizaron detonaciones, pero el casino ubicado en San Jerónimo y Gonzalitos no fue el único blanco ese día, los centros de entretenimiento Hollywood, Miravalle y Red fueron impactados con ráfagas.
Tiempo atrás, los hechos violentos a centrales de apuestas se escondían bajo escombros de corrupción que empezaron a dejar marcas invisibles para la sociedad, pero que quedaron el descubierto por el actuar indebido de los funcionarios, jueces y “posibles” dueños de los casinos que hicieron caso omiso a la ley.
El 4 de mayo, el municipio de Monterrey clausuró el casino debido a que carecía de permisos para ampliar sus instalaciones, tal como informó Fernando Lazarrazábal Betrón, alcalde regiomontano.
Sin embargo, para el 31 de mayo se rompieron los sellos de clausura y la negligencia se agudizó cuando Fernando Solís Navarro, magistrado de la primera sala del Tribunal de lo Contencioso Administrativo permitió que el casino siguiera abierto al otorgar un amparo.
La suspensión impedía la intervención de Protección Civil y de otras dependencias municipales para revisar el edificio que en efecto no contaba con las autorizaciones correspondientes para operar y que luego de la barbarie, dejará un saldo de más de 50 civiles muertos.
Horas después del atentado, Solís Navarro renunció a  su cargo; Rogelio Rocha Cantú, “dueño” del Casino Royale, huyó de la justicia, mientras que la empresa Atracciones y Promociones Vallarta S.A. de C. V., se deslindó de toda responsabilidad: no se conoce quién o qué corporativo es el propietario del Casino.
Desde 2007 el Casino Royale operaba sin cumplir con los requerimientos mínimos de contingencia como parte o con el nombre de Atracciones y Promociones Vallarta S.A. de C. V. pese a que se le otorgara autorización para funcionar durante la administración municipal de Adalberto Madero Quiroga.
Tiempo después y una vez que la empresa, propiedad de José Francisco Madero Dávila y Ramón Agustín Madero Dávila- estos últimos, primos del alcalde- “rentaron” el permiso a CYMSA -de Rocha Cantú- y surgiera el Casino Royale, se dispersaron y persistieron las irregularidades mencionadas.
Cabe mencionar que el control desmedido de permisos de operación a casinos en el país se promovió a partir del 2004, con la entrada en vigor de un nuevo reglamento para ley de Juegos y Sorteos que se avaló durante el gobierno federal encabezado por Vicente Fox Quesada.