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Ya en otra entrega y con información de la reportera Patricia Muñoz Ríos (La Jornada, 25 de octubre de 2011) remaché el informe La libertad de expresión en México. Misión de las relatorías de la ONU y la CIDH, quienes precisaron que de 2000 a 2010 (la década perdida por los malos gobiernos del Partido Acción Nacional de Fox y Calderón) fueron víctimas de homicidio 66 periodistas y de desaparición, 12; y de 2011 a la fecha (antesala del final del calderonismo con un haber de más de ¡100 mil personas privadas de sus vidas por la guerra militar contra la criminalidad!), 13 periodistas más han sido asesinados.
 
La nación se encuentra atrapada por la pinza calderonista-criminalidad, la cual ha limitado el ejercicio de las libertades de prensa. Como la libertad de informar, que el propio Calderón y su coro Televisa, Tv Azteca y algunos editores intentaron censurar para que la ciudadanía no tuviera conocimiento del baño de sangre que corre por todo el territorio. Pero nunca creyeron que la misma información los iba a doblegar y se vieron obligados a no cumplir ese pacto neofascista. Además de la libertad para opinar, analizar, criticar y las de quienes prefieren justificar y hasta elogiar los actos y omisiones de los gobernantes. Todo ello, pues, en el contexto de la célebre frase atribuida a François Marie Arouet Le Jeune, alias Voltaire (1694-1778): “Estaré hasta la muerte en contra de lo que dices, pero defenderé hasta la muerte el derecho que tienes para decirlo”.
 
Una vez más no se trata de poner por encima de esos 100 mil homicidios, en cinco años de calderonismo, los crímenes de periodistas. Los más de 112 millones que somos (50 millones sobreviviendo en todas las variantes de la pobreza, la miseria y la hambruna) estamos sufriendo las consecuencias de la inseguridad, de sicarios que matan por matar, de soldados y policías que combaten a los narcotraficantes, escenificando una guerra de terror.
 
Y es en esa guerra donde han caído abatidos más de 1 mil 800 niños, con mujeres, estudiantes y ciudadanos que recibieron uno o más tiros de ese fuego cruzado y que son “daños colaterales inaceptables” (Mary Kaldor, El poder y la fuerza. La seguridad de la población civil en un mundo global, Tusquets editores). El calderonismo ha entrado en la recta final de su mal gobierno –pésima administración, creciente corrupción, perversidades políticas al por mayor, favoritismo empresarial y bancario, descuido de la soberanía y todo un desastre económico, social y político que se contagia de la violencia que avanza por todo el país– y en ese caos los periodistas y reporteros que han de estar en el lugar de los hechos padecen la censura previa, las agresiones y son los primeros en ser privados de la vida y de su libertad personal. Es vital el cumplimiento de su trabajo y de su deber de informar, y con ese material el resto de los periodistas, en los medios de comunicación, reflexionan para analizar, comentar y criticar lo que hacen quienes aparecen en la escena pública: funcionarios, empresarios, banqueros, patrones y demás individuos cuyos actos son objeto de las libertades de prensa.
 
Pero la pinza calderonista-criminalidad, las dos caras de la misma moneda de violencia sangrienta, aprieta esas libertades para limitarlas a su mínima expresión. No obstante que México es el tercer o cuarto país más peligroso para ejercer el periodismo, nuestra prensa (escrita, bastante en la radio y algo en televisión) ha estado cumpliendo a pesar y muy a pesar de que el calderonismo y los gobernantes de los distintos partidos políticos nada hacen para que sean “respetados y protegidos incluso durante el desarrollo de los conflictos”, como escribió Mary Kaldor, particularmente en la parte de su ensayo dedicado a la seguridad humana, del libro antes citado.
 
*Periodista
 
 
 
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Fuent: Contralínea 299 / Agosto de 2012