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El movimiento ha pasado por un proceso evolutivo, que tuvo un momento crítico el 1 de julio, cuando el duopolio televisivo y Felipe Calderón declararon a Peña Nieto presidente electo sin haber concluido el cómputo de los votos, lo que ya indicaba la imposición del candidato. Conforme pasan los días y se acumulan más pruebas del fraude electoral orquestado con las televisoras y los gobernadores priístas, se hacen evidentes acciones criminales en el proceso, que incluso señalan hacia el lavado de dinero, que se presume puede venir del erario de entidades gobernadas por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y, en el peor de los casos, del crimen organizado. Digo “peor” porque con la imposición habrá cobro de facturas de los grupos criminales que sufriremos los ciudadanos independientemente de nuestras preferencias electorales.
 
Por otro lado, los movimientos políticos y sociales de izquierda, antes avocados a ganar la elección, han visto trastocado su propósito y pasaron a una etapa de resistencia civil pacífica. Andrés Manuel López Obrador ha señalado la necesidad de anular la elección y llamar a un presidente interino en lo que se convoca a nuevos comicios, lo que los voceros priístas han tildado de conducta mesiánica, irresponsable y antidemocrática. Ésta es una posibilidad remota en un país donde las instituciones que deberían velar por la legalidad y la democracia de las elecciones –a saber, el Instituto Federal Electoral, la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación– son las más interesadas en acabar con el transe postelectoral sin la menor intención de limpiar la elección. El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) Cultura hizo el 5 de julio en el Monumento a la Revolución (Plaza de la República) un llamado a la unidad de todos los sectores opositores a un proceso electoral pervertido, naciendo ahí el Frente Nacional Contra la Imposición, propuesta que tuvo eco en las megamarchas del 7, 14 y 22 de julio, pero que no ha logrado concretarse debido a la diversidad ideológica de los grupos de izquierda, incluido el Yo Soy 132. Pero que fue un parteaguas fundamental donde se hicieron evidentes las coincidencias de lucha de esos movimientos.
 
El cerco a Televisa mostró la evolución de la protesta ciudadana, que el colectivo Yo Soy 132 ha dejado de ser solamente de estudiantes, pues además de éstos, durante la jornada fue evidente la participación de miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas, de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, de Morena Cultura, del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de la Otra Campaña, del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y de Cherán, así como de ciudadanos sin filiación política; en suma, personas inconformes y con conciencia crítica. Y no únicamente estudiantes de la Ibero, ni “infiltrados” del Movimiento Progresista, planteamientos que han hecho personajes como Sergio Sarmiento, que el 30 de julio en el diario Reforma, en tono de burla y menosprecio, mencionó la ternura que le generaron los integrantes del cerco, diciendo que en la Ibero les pueden enseñar ideología pero no conocimientos tecnológicos, pues no impidieron la transmisión de la inauguración de los Juegos Olímpicos y que en el movimiento hay gente que le hace el “trabajo sucio” a López Obrador, ideas que él y otros comentaristas dóciles comparten. Nada más alejado de la realidad, pues es claro que al Yo Soy 132 se suman los miembros de otras organizaciones, asumiendo sus lineamientos y no proponiendo acciones a favor de un candidato.
 
Lo que el cerco significó va más allá de las mediocres y sesgadas opiniones de los comentaristas del duopolio, pues su intención no fue impedir la transmisión de los Juegos Olímpicos, y sí mostrar la inconformidad ciudadana por la falta de democracia en los medios masivos de comunicación, lo que las principales televisoras y sus medios subordinados han intentado minimizar y desvirtuar. El cerco fue resultado del diálogo que los estudiantes han establecido con otros grupos y se erigió en elemento de cohesión de sectores inconformes de la sociedad. La participación de 10 mil ciudadanos en la capital y miles más en el resto del país evidenció que el Yo Soy 132 está trascendiendo la coyuntura electoral, que no obedece a partidos políticos, que grandes luchadores sociales se le han sumado y, lo más importante, que en éste cabemos todos los ciudadanos indignados. El colectivo ha sido replicado en otras ciudades y llevado al interior de la República en la Convención Nacional contra la Imposición de Atenco y en la Asamblea General Interuniversitaria de Morelia. Aspecto fundamental para extender la concientización en la población y apoyar a los grupos disidentes que se encuentran a merced de los gobiernos priístas estatales y de los grupos criminales que operan impunemente en sus entidades.
 
Es evidente que el Yo Soy 132 hace mucho dejó de ser de la Ibero, que crece y evoluciona, que se ha convertido en punto de convergencia de grupos e individuos inconformes, que su lucha es contra la imposición, por democratizar los medios de comunicación y en general contra la injusticia y corrupción.
 
*Maestro en ciencias; arqueólogo subacuático; diseñador gráfico; integrante del taller Madre Crónica
 
 
 

 

Contenido publicado originalmente en:  http://contralinea.info/archivo-revista/?p=23475
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