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Cientos de encuestas se publicaron durante el pasado proceso electoral para elegir al presidente de la República. Muchas de ellas buscaron medir el comportamiento de la opinión pública, pero también muchas otras fueron tendenciosas o abiertamente falsas, con el objetivo de modificar las preferencias electorales. A estas últimas se les conoce como push polls y gozan de impunidad en México,  donde no se cuenta con mecanismos que regulen eficazmente la publicación de datos de encuestas reales y de las propagandísticas

  
En el proceso electoral que culminó el pasado 1 de julio, diversas casas encuestadoras trataron de pronosticar el resultado de las elecciones presidenciales a través de la medición de la opinión pública. Al menos 10 de ellas –Parametría, Ipsos Bimsa, Covarrubias, Mercael, Consulta Mitofsky, Demotecnia, Reforma, Buendía y Laredo, BGC, GEA-ISA– arrojaron datos estadísticos que colocaban al candidato del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto, hasta con 22 puntos arriba de su contendiente más próximo, Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática. Sin embargo, los resultados del Instituto Federal Electoral (IFE), luego de la jornada del 1 de julio, muestran que la diferencia entre esos contendientes no rebasaba los 6.62 puntos porcentuales.
 

Push polls

 
Existe un tipo de propaganda política elaborada a manera de encuesta que puede resultar engañosa para los electores, y cuya finalidad únicamente es impulsar a los candidatos: las push polls. A decir de expertos en el tema, este tipo de propaganda, diseñada con un formato similar al de una encuesta, se confunde con una encuesta real, pero no pude considerarse como tal, pues carece de método científico y es tendenciosa. Utiliza el formato de las encuestas reales para generar confianza, pero en realidad se trata de propaganda electoral.
 
De acuerdo con el reporte 54 Algunas notas sobre la opinión pública, del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados, las push polls tienen las siguientes características: “una o pocas preguntas sobre un solo candidato o tema; las preguntas son descripciones negativas (o positivas uniformemente) del candidato o tema; no se menciona el nombre de la organización que realiza la encuesta o se dice uno falso; el número de encuestados es muy grande; las llamadas no están basadas en una muestra aleatoria; aparecen en los tiempos cercanos a la elección, pues buscan persuadir a los votantes, crean una imagen negativa de las encuestas legítimas; buscan crear o cambiar una opinión”.
 
Uno de los principales objetivos de las push polls es modificar la intención de voto mediante llamadas hechas al azar o cuestionarios tendenciosos. A decir de Gustavo Meixueiro, investigador del CESOP, podría reconocerse una push poll cuando las preguntas son sesgadas. Es decir, cuando se hacen preguntas sobre un solo candidato y se mencionan sólo sus logros o sus puntos débiles. También suelen ser cuestionarios en los que se ofrece al encuestado información específica sobre un determinado partido político o candidato, pues, efectivamente, su función es informar y a través de ello alentar el voto por un determinado candidato o desprestigiarlo.
 
En el reporte Algunas notas sobre la opinión pública se sentencia: “las push polls no son estudios, pues representan un mal uso del método científico”. Este tipo de estrategias propagandísticas sólo pretenden que se modifique la intención del voto. Gustavo Meixueiro añade: “el empleo de push polls es poco ético”.
 

Manipulación y margen de error

 
Las encuestas en periodos electorales, además de tener como objetivo estudiar y conocer la tendencia de la opinión pública, son una herramienta empleada por los candidatos para la construcción o rediseño de campañas más efectivas que permitan conseguir el voto de los electores. Conocer las intenciones de voto les permite diseñar estrategias para tratar de incidir en los votantes.
 
Sin embargo, Gustavo Meixueiro, en entrevista con Contralínea, aclara que estas estrategias sólo serían efectivas en tres de cada 10 votantes, pues son ellos quienes toman la decisión de voto durante la campaña electoral; dos de cada 10 eligen a su candidato durante la última semana; y uno de cada 10 lo hace hasta el momento de encontrarse frente a la boleta el día de la elección. El resto de los votantes ya tiene una decisión tomada antes de que inicien las campañas electorales.
 
El conflicto de intereses es otro aspecto que tendría que atenderse durante la elaboración de encuestas, apunta Meixueiro, pues es común que una agencia encuestadora sea contratada por un partido político y por un medio de comunicación al mismo tiempo. En este caso, ambas partes tendrían intereses diferentes y es necesaria una adecuada regulación que impida que una encuesta pueda favorecer al candidato o a la tendencia del medio por el cual está siendo contratada.
 
El reporte del centro de estudios de la Cámara de Diputados explica que para fines comerciales una encuesta manipulada o tendenciosa obligaría a salir del mercado a la empresa que contrató un estudio estadístico. Sin embargo, “en el sector público, una encuesta deficiente, con resultados erróneos, puede derivar en la elaboración de políticas públicas incorrectas que afectarían a un sector amplio de la población”.
 
El comportamiento de las estadísticas, sobre todo en periodos electorales, suele revelar quién es el patrocinador del estudio, pues cuando se presentan resultados con un amplio margen de diferencia puede detectarse que la tendencia favorece a quien pagó el estudio.
 
María Esther Navarro Lara, investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y especialista en estudios de opinión pública, explica que es fundamental que en toda encuesta que pretenda tomarse con seriedad se haga público quién paga dicha encuesta, quién la realiza y la metodología aplicada.
 
Las investigaciones del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados identifican que existen, al menos, tres factores que pueden afectar los resultados de una encuesta:
 
1) La improvisación y la falta de conocimientos metodológicos. En este rubro se consideran los errores de muestreo y los errores de elaboración de cuestionario, generalmente cuando contienen preguntas sesgadas.
 
2) Falta de recursos para aplicar una metodología adecuada. La investigación por encuestas es un estudio caro y a falta de recursos se adapta el estudio y esto podría repercutir en el proceso de investigación.
 
3) Publicación de datos vencidos. En el caso de las encuestas electorales los, estudios por encuesta tienen una vigencia corta, pues las intenciones de voto pueden variar de una semana a otra. No así en otro tipo de objetos de estudio menos variables que podrían tener una vigencia mayor, incluso de años.
 
Cuando se hace uso de información estadística y se difunde como confiable a pesar de incurrir en alguna de las deficiencias anteriores, entonces “se tergiversa el sentido científico de la investigación por encuestas, pues el responsable de la publicación no busca informar ni generar conocimiento, sino que utiliza las encuestas como un instrumento de manipulación en el público, especulando con el impacto que desea que los resultados causen en los ciudadanos”, reporta el CESOP.
 
 

Calidad y regulación

 
Para leer una encuesta adecuadamente, el CESOP recomienda que el primer acercamiento debe ser a la metodología de fondo y no a los resultados finales; en la realidad, se hace de la forma inversa.
 
Se sugiere que una lectura correcta debe buscar primero la metodología con la que fueron realizadas las encuestas: la población sujeta a estudio, la fecha de levantamiento, el método de selección de la muestra, el tamaño de la muestra, el nivel de confianza y el error muestral, la técnica utilizada para la recolección de los datos, el personal involucrado en el levantamiento, la tasa general de rechazo a la entrevista, y el método de estimación de los resultados. Además, es necesario contar con información sobre la casa encuestadora que lo realizó y quién ha pagado el estudio.
 
Sin embargo, en México no existe la suficiente información y regulación para facilitar la distinción entre estudios serios y estrategias propagandísticas, o bien para prohibir el empleo de estas “encuestas” engañosas denominadas push polls.
 
Internacionalmente existen algunas organizaciones de investigación de opinión pública, como la AAPOR (American Asociation of Public Opinion Research) y la WAPOR (Word Asociation of Public Opinion Research). Éstas tienen códigos que exigen a sus miembros publicar información sobre la realización de las encuestas.
 
En el caso de México, el Instituto Federal Electoral –a través del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales– sería el órgano encargado de regular la validez y seriedad de las encuestas en el ámbito electoral. En otros rubros, la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública cuenta con lineamientos que buscan transparencia y calidad en las investigaciones de sus afiliados. El resto corresponde a la autorregulación de las casas encuestadoras, explica el doctor Gustavo Meixueiro. El reporte de el CESOP revela que en otros países las “encuestas” engañosas o push polls son incluso ilegales.
 
Las encuestas cumplen una función de transparencia, pues, en el mejor de los casos, hacen evidente una tendencia de voto que debiera confirmarse en las elecciones y así contribuir a evitar fraudes. Además, al ser instrumentos de investigación proporcionan información para el estudio de la sociedad, de la cultura política y para la elaboración de políticas públicas.
 
María Esther Navarro Lara, investigadora de la UNAM, insta a que exista mayor vigilancia y rigor por parte de instituciones como el IFE, pues hasta ahora “no se puede distinguir cuándo es un anuncio y cuándo es una encuesta”.
 
Contralínea solicitó entrevistas con las casas encuestadoras Parametría, Mitofski, Covarrubias, Demotecnia, Buendía y Laredo, BGC y Reforma sin que hasta el cierre de edición se hubiera recibido respuesta.
 
 
 
 
Diferencias, porque no todos los encuestados votaron: Ipsos Bimsa
 
Las diferencias entre los resultados de una encuesta y los de las elecciones suelen presentarse cuando la muestra encuestada no coincide con el perfil de los votantes efectivos, explica Juan Azcárraga, director general de la Unidad de Negocios de Ipsos.
 
A decir de Azcárraga, esta encuestadora dio resultados dentro del margen de error de +/- 3 puntos que anunció. Asegura que Ipsos trabajó para que los sujetos encuestados, además de ser mayores de 18 años, hombres y mujeres, con credencial de elector, fueran potencialmente votantes, pues aquellos que al responder el cuestionario reflejan desinterés o desconocimiento de las elecciones no se pueden contemplar dentro de una muestra representativa propensa a sufragar. Las diferencias que se suelen presentar en las encuestas se deben a que la selección de los participantes no siempre coincide con los votantes efectivos.
 
Con respecto de las push polls, Azcárraga asegura: “no creo que esta contienda se haya librado”.
 
 
 
Sólo algunas encuestas se equivocaron: Mercaei
 
Lauro Mercado, director general de Mercaei, asegura en entrevista con Contralínea que, si bien la mayoría de las encuestas daban resultados con un amplio margen de diferencia, esa casa encuestadora se mantuvo dentro de su margen de error de +/- 3; y asegura: “sólo algunas se equivocaron” y ello obedece a errores de metodología o un mal levantamiento de encuestas. Advierte que  las push polls  son un elemento de desprestigio para las casas encuestadoras; además de que no funcionan con tanta efectividad como se piensa.
 
 
 
Gea ISA: el perfil de los encuestados no fue el de los electores
 
La diferencia entre el resultado final de la contienda electoral y los resultados de esta casa encuestadora radica en que existió divergencia entre la población observada y la población que efectivamente sufragó. “No necesariamente el perfil de los participantes corresponde con el perfil de los electores”, explica Ricardo de la Peña, presidente ejecutivo de ISA. De la Peña reconoce que existió una limitación metodológica en la encuesta que realizó esa casa, pues se carece de un modelo probado que sistemáticamente haga coincidir el universo de participantes con el universo de votantes.
 
A decir del presidente de ISA, no hubo presencia predominante de push polls durante esta contienda electoral. Dice que, sin embargo, sí hubo ejercicios de poco rigor científico que si bien no eran push polls tampoco pueden ser consideradas como encuestas serias.
 
 
 
 
 
 
 
 
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Fuente: Contralínea 297
 
 
 

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