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La probabilidad de una guerra mundial a causa del conflicto en Siria se incrementa. Turquía sigue ofreciendo su base logística a mercenarios provenientes de la Libia “liberada”. Arabia Saudita, la Casa de Saud, sigue suministrando el dinero para armarlos. Washington, Londres y París seguirán afinando las tácticas en lo que sigue siendo el prolongado y candente juego anticipatorio para un ataque de la OTAN contra Damasco. Pero algunos países de la zona, como Turquía, ya comienzan a sopesar las consecuencias de una mayor presencia de Occidente en la región
 
Pepe Escobar/Red Voltaire
 
El primer ministro turco Recep Tayyip Erdogán nunca pensó que eso sucedería.
        
    Supo que estaba en apuros cuando el Pentágono filtró que el Phantom RF-4E turco fue derribado a inicios de julio por artillería antiaérea siria frente a la línea costera de Siria, contradiciendo directamente el relato de Erdogán, quien afirmó que sucedió en el espacio aéreo internacional.
 
Y la cosa empeoró: Moscú, a través del ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, ofreció “datos objetivos de radar” como prueba.
 
No quedaba mucho que hacer excepto cambiar de tema. Entonces Turquía introdujo una zona tapón de facto de 6.4 kilómetros a lo largo de la frontera sirio-turca –desarrollada ahora por F-16 que despegan desde la base Incirlik de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a intervalos regulares.
 
Turquía también despachó tanques, baterías de misiles y artillería pesada a la frontera de 800 kilómetros, inmediatamente después que Erdogán calificara efectivamente a Siria como “Estado hostil”.
 
¿Cuál será el próximo paso? ¿Conmoción y pavor? Frena tus caballos (neo-otomanos).
 
¿Lord Balfour?
 
El futuro inmediato de Siria fue planeado en Ginebra, Suiza, recientemente en una de esas representaciones absurdas de la “comunidad internacional” cuando Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Turquía, Catar y Kuwait del Consejo de Cooperación del Golfo se sentaron para preparar una “solución pacífica” para el drama sirio, aunque –según se informa– la mayoría de ellos arman a la oposición contra Damasco.
 
Se podría haber pensado que hemos vuelto a los días de la Declaración Balfour, cuando potencias extranjeras decidían la suerte de un país sin la más simple consulta de su pueblo, el que, a propósito, nunca les pidió que lo hicieran en su nombre.
 
En pocas palabras: no habrá una guerra de la OTAN contra Siria, por lo menos por el momento. Más allá del hecho de que Lavrov no tiene problemas para enfrentar a la secretaria de Estado estadunidense, Rusia gana hasta ahora.
Previsiblemente, Moscú no impondrá un cambio de régimen a Asad; teme que la consecuencia sea el derrumbe total de la maquinaria estatal siria, con consecuencias catastróficas. La posición de Washington se resume a la aceptación de un Bashar al-Assad muy débil, pero no necesariamente destituido.
 
El problema es la interpretación de “consenso mutuo”, en el cual se basaría un “gobierno de transición” en Siria –la vaga formulación que emergió en Ginebra: para el gobierno de Obama significa que Assad debe partir; para Moscú y, crucialmente, para Beijing significa que la transición debe incluir a Assad.
 
Hay que contar con grandes altercados respecto a la interpretación. Porque se puede pretender que haya una nueva “zona de exclusión aérea” sobre Libia –convertida por la OTAN en una campaña de bombardeo de 30 mil vuelos– que se convierta en el “gobierno de transición” de Siria, basado en “consenso mutuo”.
 
Una cosa es segura: nada pasará antes de la elección presidencial en Estados Unidos en noviembre. Esto significa que durante unos cinco meses, Moscú intentará extraer algún tipo de “gobierno de transición” de los protagonistas sirios. Después, todo es posible. Un Washington bajo Mitt Romney podría ordenar un ataque de la OTAN a principios de 2013.
 
Es posible que se pueda llegar a un acuerdo Putin-Obama o Estados Unidos-Rusia incluso antes de Ginebra.
 
Rusia ha disminuido la presión sobre la OTAN en Afganistán. Luego hubo la acción altamente coreografiada de la oferta estadunidense de una apología formal y su aceptación por Pakistán como era de esperar, abriendo así las rutas de abastecimiento de la OTAN hacia Afganistán.
 
Es crucial recordar que Pakistán es observador e inevitable futuro miembro pleno de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), dirigida por China y Rusia, ambos miembros del BRICS (grupo de países en el que se incluye también a Brasil, India y Sudáfrica), muy interesados en que Estados Unidos y la OTAN salgan definitivamente de Afganistán.
 
El “precio” pagado por Washington es, por supuesto, la disminución de la presión sobre Damasco, por lo menos por el momento. Erdogán no puede cambiar gran cosa; en realidad no estaba informado.
 

Mantener intacta la división del trabajo

 
Ésa es la esencia perversa de Ginebra: los protagonistas (extranjeros) estuvieron de acuerdo en que no están de acuerdo, y al diablo con los civiles sirios atrapados en el fuego cruzado de la guerra civil.
 
Ante la ausencia de un ataque de la OTAN, la pregunta es ahora cómo el sistema de Assad podrá contener o ganar una guerra civil que es, según todas las razones prácticas, patrocinada por el extranjero.
 
Sí, porque la división del trabajo seguirá intacta. Turquía seguirá ofreciendo la base logística para mercenarios provenientes de la Libia “liberada”, Arabia Saudita, Irak y el Líbano. La Casa de Saud seguirá suministrando el dinero para armarlos. Y Washington, Londres y París seguirán afinando las tácticas en lo que sigue siendo el prolongado y candente juego anticipatorio para un ataque de la OTAN contra Damasco.
 
A pesar de que la oposición siria armada no controla nada que sea remotamente significativo dentro de Siria, se espera que los mercenarios supuestamente armados por la Casa de Saud y Catar se hagan cada vez más implacables. Se espera que el no tan “libre” Ejército Libre Sirio siga montando operaciones durante meses o años. Un punto clave es si seguirán existiendo suficientes líneas de aprovisionamiento, si no desde Jordania, ciertamente desde Turquía y el Líbano.
 
Es posible que Damasco no tenga el poder para atacar a los máximos protagonistas occidentales en este drama. Pero ciertamente puede causar estragos entre los actores de reparto, como en Jordania, Catar, Arabia Saudita y, por cierto, Turquía.
 
Jordania –un eslabón débil, que en el “mejor de los casos” tiene un régimen inestable– ya ha cerrado líneas de suministro. Hezbolá hará, tarde o temprano, algo respecto de las rutas libanesas. Erdogán, tarde o temprano, tendrá que ser realista sobre lo que fue decidido en Ginebra.
 
Además, no se puede olvidar que Arabia Saudita sólo estará dispuesta a combatir hasta el último estadunidense muerto; no arriesgará sauditas para combatir a sirios.
 
En cuanto a “alertas rojas” sobre tropas sauditas que se aproximarían al Sur de Siria a través de Jordania, se trata de un chiste. Los militares de la Casa de Saud ni siquiera pudieron derrotar a los abigarrados rebeldes houthi en el vecino Yemen.
 
Un último punto jugoso: la base naval rusa en Tartus aproximadamente a sólo 90 kilómetros del sitio en el que fue derribado el Panthom RF-4E, ahora tiene su radar en funcionamiento permanente. Y se necesita sólo un barco de guerra ruso anclado en aguas sirias para enviar el mensaje: si alguien tiene ideas extrañas, basta con considerar lo que le pasó a Georgia en 2008.
 

Hora de barajar esos naipes

 
A Erdogán le quedan muy pocas cartas que jugar, si es que le queda alguna. Assad, en una entrevista con el periódico turco Cumhuriyet, lamentó “ciento por ciento” el abatimiento del RF-4E y argumentó: “el avión volaba en un área previamente utilizada por la aviación israelí”.
 
Sigue existiendo el hecho de que el impulsivo Erdogán obtuvo una disculpa del astuto Assad. Al contrario, después del desastre del Mavi Mármara, Erdogán ni siquiera recibió un plátano pelado de Israel.
 
El verdadero escenario suicida sería que Erdogán ordenara otra provocación al estilo del F-4 y luego declarara la guerra a Damasco por cuenta del no tan “libre” Ejército Libre Sirio. Pero no tendrá lugar. Damasco ya ha demostrado que posee una red decente de defensa antiaérea.
 
Todo analista militar que se respete sabe que una guerra contra Siria está a años luz de distancia de las previas operaciones “de juego de niños” de Irak y Libia. Los comandantes de la OTAN, a pesar de toda su ineptitud, saben que podrían sufrir una tremenda paliza.
 
En cuanto a los militares turcos, su obsesión suprema son los kurdos en Anatolia, no Assad. Reciben alguna ayuda militar de Estados Unidos, pero lo que ansían realmente es que un ejército de drones [aviones sin tripulación] estadunidenses sea lanzado sobre Anatolia.
 
Turquía cruza rutinariamente hacia el Norte de Irak para atacar a guerrilleros del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) acusados de matar fuerzas de seguridad kurdas. Ahora se informa que guerrilleros basados en Turquía cruzan la frontera hacia Siria y matan fuerzas de seguridad sirias, e incluso civiles. Sería demasiado difícil obligar a Ankara a admitir su hipocresía.
 
Erdogán, en todo caso, debería proceder con extremo cuidado. Sus tácticas duras lo están aislando; más de dos tercios de la opinión pública turca se oponen a un ataque contra Siria.
 
Ha llegado a un punto en el cual la revista turca Radikal consultó a sus lectores si Turquía debiera ser un modelo para el nuevo Oriente Medio. Turquía solía ser “el enfermo de Europa”; ahora “se convierte en el hombre solo de Oriente Medio”, dice el trabajo periodístico.
 

Es gas, gas, gas

 
Sobre todo, Erdogán simplemente no se puede permitir antagonizar a Rusia. Hay por lo menos 100 mil rusos en Siria haciéndolo todo, desde la construcción de represas hasta el asesoramiento en la operación de sus sistemas de defensa.
 
Y luego está la inevitable cuestión de los gasoductos. Sucede que Turquía es el segundo cliente, por su tamaño, de Gazprom. Erdogán no se puede permitir rivalizar con Gazprom. Toda la arquitectura de seguridad energética turca depende del gas de Rusia –e Irán–. Hace un año se llegó a un acuerdo crucial por 10 mil millones de dólares entre Irán, Irak y Siria para un gasoducto desde el gigantesco yacimiento South Pars de Irán a Irak, Siria, y más allá hacia Turquía, conectando finalmente con Europa.
 
Durante los últimos 12 meses, mientras Siria caía en la guerra civil, protagonistas esenciales dejaron de hablar del tema. Ya no. Cualquier analista que se respete en Bruselas admite que la suprema paranoia de la Unión Europea es convertirse en un rehén de Gazprom. El gasoducto Irán-Irak-Siria sería esencial para diversificar los suministros de energía de Europa, apartándolos de Rusia.
 
Para Estados Unidos y la Unión Europea, éste es el verdadero juego, y si requiere dos o más años de Assad en el poder, así será. Y debe ser hecho de una manera que no enfrente totalmente a Rusia. Es donde entran en juego las promesas hechas en Ginebra a Rusia, de que conservaría intactos sus intereses en una Siria posterior a Assad.
 
No hay que fruncir el ceño. Es como se juega a la geopolítica ultradura entre bastidores. Queda por ver si Erdogán entiende el mensaje.
 

La guerra fantasma de Siria y Turquía

 
Érase una vez, no hace mucho tiempo, el ministro de Exteriores turco Ahmet Davutoglu era el principal proponente de una política exterior denominada “cero problemas con nuestros vecinos”, ridiculizada por muchos en Occidente como un “nuevo otomanismo”.
 
La OTAN se reúne en Bruselas no sólo para presentar su respuesta al abatimiento de un caza turco F-4 Phantom derribado por la artillería antiaérea de Siria, sino para sellar qué tipo de “nuevo otomanismo” emerge de lo que en realidad se ha convertido en una política de “gran problema con uno de nuestros vecinos”.
 
Davutoglu insiste en que el F-4 fue derribado en espacio aéreo internacional, aunque concede que había penetrado brevemente el espacio aéreo sirio. Contradiciendo la explicación oficial siria, dijo que el jet estaba claramente marcado como turco; iba en un “vuelo de entrenamiento” para probar el “sistema nacional de radar” de Turquía; y sobre todo “no tenía una misión clandestina relacionada con Siria”.
 
Previamente, el portavoz del Ministerio de Exteriores sirio, Jihad Makdissi, había subrayado que se trataba de un “accidente, no un ataque”. Según Makdissi, “un objeto no identificado entró en nuestro espacio aéreo y desgraciadamente fue abatido como resultado. Sólo después nos dimos cuenta de que era un avión turco”.
 
Davutoglu, en una guerra relámpago en los medios turcos, como informa Today’s Zaman, reiteró que se trataba de un “vuelo solitario”; que el jet “no iba armado”; que no hubo advertencia antes de que fuera derribado; y era “irrelevante” el intento de Siria de conectar la “violación no malintencionada” de su espacio aéreo con el abatimiento del F-4.
 
La violación del espacio aéreo de otro país intentando evitar sus defensas al volar a baja altitud es tan normal para Davutoglu como un shish kebab para almuerzo: “antes hubo numerosas violaciones del espacio aéreo sirio por otros países. Pero Siria derribó nuestro avión desarmado”.
 
Pero entonces el ministro de Exteriores comenzó a desviarse (o no) de su libreto. Subrayó: “No importa cómo se desarrolle la historia del jet turco derribado, siempre estaremos junto al pueblo sirio”. Y lo siguiente: “Siempre estaremos junto al pueblo sirio hasta la llegada de un régimen democrático en ese país”. Olvidar el F-4 Phantom, el “pueblo sirio” puede dormir tranquilo porque lo más importante sigue siendo el cambio de régimen.
 

Todo lo demás es irrelevante

 
La OTAN considerará el caso de Turquía según el artículo cuatro de su carta, que permite consultas cada vez que “la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes es amenazada”. No estamos –todavía– en el artículo cinco, que tiene que ver con una reacción armada. Pero podría ser, dependiendo de cómo interprete la OTAN la afirmación de Turquía de que el F-4 Phantom fue “atacado a 13 millas de la costa siria, en espacio aéreo internacional”.
 
Por lo tanto, según la historia de Davutoglu, el F-4 fue brevemente desviado al espacio aéreo sirio por alguna fuerza irresistible, enseguida se dio cuenta de su error, se fue rápidamente, pero entonces fue derribado. A propósito, no se trató de un “vuelo solitario”; testigos dijeron a la televisión turca que vieron a dos caza-bombarderos volando a baja altura que aceleraban hacia las aguas de Siria, pero sólo uno volvió.
 
De un modo tan predecible como que Inglaterra fuera eliminada de la Eurocopa 2012, las usuales mascotas belicistas europeas, del tipo William Hague, ya han intervenido culpando a Siria porque Turquía violó el espacio aéreo sirio. Sin embargo, no existe evidencia –hasta ahora– de que Ankara haya advertido al gobierno y a las fuerzas armadas sirias de que realizaría una especie de reconocimiento cerca de lo que ya es una frontera muy explosiva.
 
Es “irrelevante”, según Davutoglu, si el F-4 (o el par de F-4) iba armado o no; bastaría con tratar de contar al Pentágono, por ejemplo, que el hecho de que un objeto no identificado, volando a baja altura, rápidamente, entrara a su espacio aéreo, no constituiría una amenaza. Si se trataba de una misión de reconocimiento militar, como arguye el propio Davutoglu, el F-4 tenía que estar armado.
 
E imaginar si se hubiera tratado de un jet sirio volando sobre territorio turco o israelí.
 

Arde, Anatolia, arde

 
Ankara ciertamente solicitará a Damasco una disculpa formal y el pago de reparaciones. Teherán, que prácticamente hasta “ayer”, es decir, antes de la revuelta siria, formaba parte de un eje Ankara-Damasco-Teherán, hace un llamamiento a la serenidad.
Por mucho que los belicistas profesionales alienten un remix del Golfo de Tonkín, eso sigue siendo demencia pura. A pesar de ello, Asia Times Online ha sido informado por una fuente local de “frenéticos” movimientos en la creciente base Incirlik de la OTAN, en Turquía, desde hace días.
 
Todo el mundo sabe –pero nadie habla de ello– del centro de comando y control de la OTAN en Iskenderum, en la provincia Hatay de Turquía, cerca de la frontera siria, establecido hace meses para organizar, entrenar y armar al grupo abigarrado conocido como Ejército Libre Sirio. Todo el mundo sabe que Catar, Arabia Saudita y la CIA (Agencia Central de Inteligencia estadunidense) asesoran y arman a esos “rebeldes” sirios de la OTAN-CCG con esencial ayuda turca en el campo de la logística y del refugio.
 
Todo el mundo sabe que Washington no aceptará otra cosa que un cambio de régimen en Siria, a favor de un títere dócil, subimperial (y ciertamente no un islamista). Todo el mundo sabe que cada provocación impulsa la agenda –no tan oculta– de un ataque generalizado de la OTAN y el CCG contra Siria sin una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, soslayando a Rusia y China.
 
Si el “neo-otomanismo” persiste en su obsesión con el cambio de régimen en Siria –en gran medida vinculada al sueño turco de encontrar una solución al “problema” kurdo– más vale que comience a evaluar cómo podría Damasco hacer que lleguen fondos y logística al PKK para que desencadene un infierno en Anatolia turca.
 
Sin duda las cosas empeorarán considerablemente. Pero en términos de que la cola menee al perro –y de eso se trata– nadie sabe con seguridad: ¿trata Turquía de llevar al perro OTAN a una guerra, o es al revés?
 
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Fuente: Contralínea 293