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Toda especulación mercantil que hago a expensas de la vida de mis semejantes no es tráfico, es bandidaje y fratricidio (…) ¿Por qué no deben las leyes detener la mano homicida del monopolista, del mismo modo que lo hacen con el asesino ordinario?
 
Robespierre
 
El pasado 20 junio, Wolfgang Münchau, coeditor del Financial Times y columnista de Der Spiegel, se preguntaba: “¿Qué deberíamos preferir en la crisis del euro? ¿Acaso un final espantoso, antes que un espanto sin final? La política de ganar tiempo practicada por Angela Merkel es todavía más ruinosa. Cada mes que pasa, las cargas soportadas por Alemania en el sistema son más pesadas. Un ejemplo de esa locura lo da la explosión de la deuda griega. Cuando comenzó la crisis, el peso de [su] deuda era sólo del ciento por ciento. Tras varios años de ahorro y austeridad, y a pesar de la quita de deuda, es ahora más elevada. Si ahora España e Italia tienen que entrar a cobijarse igualmente bajo el paraguas, eso significa que Alemania y Francia tendrán que garantizar más de 4 billones de euros de deudas. Eso es más que el ingreso anual de los dos países juntos. Estamos en rumbo a la mayor bancarrota estatal de la historia universal. Y la política Merkel nos lleva derechamente al infierno de Dante: “quien aquí entre, abandone toda esperanza”.
 
Tiene sobradas razones Münchau para estar aterrorizado ante el “infierno dantesco” que acecha a la Eurozona. Pero su horizonte analítico también es estrecho como el de la señora Merkel, aunque en otro sentido, al suponer que las soluciones que propone, la adopción de la deuda por parte del Banco Central Europeo (BCE) o la mutualización parcial de las deudas a través de eurobonos y una unión bancaria, serán suficientes para despejar a los “espeluznantes fantasmas”. Esas medidas sólo retrasarían el derrumbe de esa zona geopolítica y económica. Sólo ampliarían el compás de espera, porque únicamente atienden una parte de las expresiones más visibles de la crisis estructural y, al tiempo, dejan de lado sus causas. Y la responsabilidad no recae exclusivamente en Merkel: es compartida por los demás dirigentes de la región y el capitalismo (el BCE, el parlamento, el consejo y la comisión europeos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, dominados por la derecha; David Cameron y Barack Obama, que han sido cegados por su ideología ortodoxa y los intereses que defienden; los buitres financieros que con su rapiña detonaron el colapso sistémico; y los apologistas de la “financiarización” de la acumulación mundial.
 
En realidad, el desastre de la Eurozona sólo es un componente de la crisis que abarca a la Unión Europea y, en una perspectiva más amplia, al sistema capitalista global-neoliberal, el cual se encuentra hundido en su interminable segunda gran depresión, cuyo final es impredecible, al igual que el futuro mismo del capitalismo. Mientras permanezca la política económica dominante y no se modifique la estructura de funcionamiento del “libre mercado” –para seguir con la imagen de Münchau– continuará el descenso por los nueve círculos del infierno, donde son castigados los condenados, de acuerdo con la gravedad de sus pecados cometidos en vida, según La divina comedia de Dante. O, si se prefiere, seguirá hundiéndose en las profundidades del desesperante infierno descrito por John Milton en El paraíso perdido, donde el buen Satanás se venga indirecta y deliciosamente de Dios, atormentando a su sagrado rebaño caído en desgracia.
 
Entre la permanencia de la apología del ajuste fiscal, más terapias de choque y más dólares para alimentar a los buitres financieros.
 
Las recientes reuniones del Grupo de los Ocho (G8), Grupo de los 20 (G20), de Río+20 (Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable) y de los cuatro principales países de la Eurozona llegaron y se fueron sin novedad en el frente. En la primera, y sin trascendencia, François Hollande, presidente de Francia, dijo que no se puede transferir más soberanía sin mayor solidaridad en la Unión Europea y propuso trabajar en una agenda de crecimiento junto a los planes fiscales responsables. Más preocupado en su reelección, Obama sólo aleccionó: “si se limitan a recortar y recortar, y su tasa de desempleo sube y sube, y la gente decide continuar restringiendo sus gastos porque siente mucha presión, irónicamente esto podría hacer más difícil que [esos países] puedan instrumentar algunas de esas reformas a largo plazo”. Vladimir Putin, de Rusia, propuso vanamente la regulación financiera, nuevas divisas de reserva y una mayor participación de otros países en las decisiones de los organismos multilaterales. Merkel mantuvo neciamente inflexible disciplina de hierro presupuestal para la Eurozona y su rechazo a cualquier garantía de depósitos conjunta o fondo de resolución bancario, o a la transformación de la deuda de la zona euro en mutua. Su ministro de finanzas, Wolfgang Schaeuble, reiteró: “el dinero por sí solo, o los rescates, o la política monetaria del BCE nunca resolverán el problema. Hay que resolver las causas”, sin mencionar a éstas. Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que exigían más cuotas de poder, terminaron por aportar 75 mil millones de dólares, de los 456 mil millones de dólares exigidos y obtenidos por el FMI, que servirán para alimentar a los buitres e imponer sus programas de choque en los próximos rescates financieros.
 
La segunda reunión transcurrió como si no existiera la segunda gran depresión. Los burócratas ambientalistas de la Organización de las Naciones Unidas presentaron una gran idea para alcanzar la “economía verde” mundial: la “financiarización” de la naturaleza. Abrir “mercados novedosos” a los buitres para sus “orgías” especulativas: bonos verdes, bonos de carbono, REDD+, activos de “propiedad verde”… Como si no se padeciera su genocida especulación en los mercados de futuros de alimentos y materias primas, responsable del alza de sus precios y las hambrunas. La última terminó rápidamente porque Merkel llevaba prisa para ver el partido de futbol entre Alemania y Grecia. Volvió a reiterar su fundamentalismo fiscal como condición previa para el crecimiento y su rechazo a “mutualizar” las garantías financieras si no se acepta la cesión de las soberanías y las políticas económicas, bancarias y fiscales comunes, bajo la tiranía de los ortodoxos. Hollande insistió en que “el crecimiento significa que la seriedad en los balances no sea austeridad. Yo soy contrario a la austeridad”. Christine Lagarde quiso enmendarle la plana a Merkel y sugirió una “creativa e ingeniosa” idea: la inyección de capital directa a los bancos europeos en apuros para evitar que se afecten aún más las cuentas fiscales, la compra directa de deuda pública de los países con dificultades, la consolidación de los presupuestos nacionales en el marco del pacto fiscal y la creación de una unión bancaria europea con control y garantía de depósitos.
 
Los Edward Smith prosiguen sus tertulias, cenan, fuman y descansan en primera clase, e ignoran deliberadamente que el Titanic de la Eurozona hace agua y se hunde, luego que “chocó” con el iceberg de la crisis, en 2008. La reactivación económica, los trabajadores y las naciones quedaron atrapados en la jaula ideológica presupuestal y la trampa de la depresión agravadas por las políticas recesivas. Los gobiernos en ruinas se regodean en su síndrome de Estocolmo. Sumisos, aceptan las sacudidas de los especuladores, el restallar del látigo del FMI sobre sus lomos e imponen a su población los castigos que les exige ese organismo, por “derrochadores”, según Lagarde: mayores impuestos, precios y despidos; menor salario y gasto social; más años de trabajo, para reducir la edad de jubilación y para que se mueran más rápido y el pago de las pensiones no sean tan onerosas. Menor consumo, inversión y déficit fiscal y más capacidad de pago.
 
¿Efectos obtenidos? El reinicio de la recesión desde finales de 2011 en la Eurozona y la Unión Europea. En 2012 se contraerán en el orden de 1 por ciento, la segunda tasa negativa desde 2009, cuando fue de -4.4 por ciento. Estados Unidos también se desacelera junto con China, la India y otros países. En 2012, la economía y el comercio mundiales crecerán 3.2 y 4 por ciento, su tasa más baja desde 2010, cuando lo hicieron en 5.1 y 14 por ciento.
 

El efecto dominó: hay quinto malo. Y sexto…

 

Los sobresaltos están a la orden del día. Aún se trata de digerir el cuarto derrumbe, el español, y se respiraba con mayor tranquilidad luego de que los griegos se rindieron ante el espantapájaros que le agitaron los capos de la Eurozona: austeridad o caos. Los votantes tomaron la cicuta ofrecida por la derecha gobernante, que había provocado la quiebra. ¿Cuánto tiempo falta para que Antonis Samaras y pandilla salgan huyendo como ratas, perseguidos por los griegos? Y entonces llega el nuevo aviso de incendio desde el Mediterráneo… Se esperaba que el quinto malo fuera Italia, pero se alteró el orden previsto. Se adelantó Chipre, debido a la exposición de sus bancos con bonos griegos desvalorizados después de la reestructuración de la deuda helena. Su colapso es digerible para la Eurozona, dado lo pequeño de su economía y la magnitud de sus problemas financieros. Pero no para Chipre. La deuda griega en los bancos chipriotas asciende a unos 3.5 mil millones de euros, equivalente a la mitad del presupuesto nacional. El gobierno ya había apoyado su recapitalización con 1.8 mil millones de euros. Con el apoyo, Chipre será arrojado al sumidero recesivo.
 
Lo que estremece es que la extremaunción itálica llegará en cualquier momento. Su nombre está ya listo, temblando en las esquelas.
 

El infierno para unos, el paraíso para otros

 

Para que funcione el capitalismo tiene que haber perdedores y ganadores. De 2008 a la fecha, los nuevos desempleados en el mundo suman 21 millones y totalizan alrededor de 207 millones. Los jóvenes sin empleo pasaron de 71.3 millones a más de 74.6 millones. Los empleos vulnerables (trabajadores independientes y los que no reciben remuneraciones) subieron en unos 22 millones y afectan a poco más de 1 mil 516 millones de personas. Equivalen a la mitad de los ocupados. Los trabajadores miserables que ganan 1.25 dólares diarios llegaron a 456 millones en 2011. Los menos miserables que perciben hasta 2 dólares diarios ascienden a poco más de 912 millones. Para ellos es el infierno.
 
El paraíso es para los ganadores en la era del diluvio del capitalismo salvaje y la rapiña financiera. En 2008, según la revista Forbes, 793 personas acumulaban una riqueza por 2.4 billones de dólares; y en 2011, 1 mil 226 sumaron 3.8 billones de dólares. En su Worldultrawealth Report 2011, Wealth-X estimó que en el mundo existen 185 mil 795 personas que poseen activos superiores a 30 millones de dólares, sin contabilizar sus casas y bienes de colección (obras de arte, entre otros) y de consumo durable (autos, aviones, yates). Sólo se contabiliza el efectivo y los activos de fácil realización. El total de esa riqueza es de 25 billones de dólares. Para dar una idea de qué se habla: en ese año, el valor de la economía de Estados Unidos, la mayor del mundo, sumó 15 billones; el del Grupo de los Siete, 31 billones; y el de toda América Latina, 4.9 billones de dólares. En 2008, según Merrill Lynch y Capgemini, 8.6 millones de personas poseían una riqueza global por 32.8 billones de dólares. En 2010, 10.9 millones concentraron 42.7 billones.
 
Se equivocaron los Indignados. Los ricos equivalen a 0.16 por ciento de la población mundial de ese año, estimada en 6 mil 705 millones de personas.
¿Acaso alguien puede imaginarse que ellos quieren que se acabe la crisis que les ha resultado benéfica?
 
*Economista
  
Fuente: Contralínea 292