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Dice el refrán que tanto peca el que mata a la vaca, como el que le agarra la pata, y viene como anillo al dedo del calderonismo y del narcotráfico, en cuanto a los cientos de miles de homicidios por la guerra de soldados, marinos y policías contra los cárteles de las drogas y la delincuencia organizada.
 
Unos y otros asesinan con toda la impunidad en los dos gobiernos que se disputan el control del Estado, en tanto que el territorio pasa a dominio de uno o de otro, en cuyos espacios la nación, como sociedad civil, se desintegra con el terrorismo, las desapariciones, los desplazados, asilados y quienes sobreviven presas del miedo a morir como “daños colaterales”, secuestrados y violados sus derechos humanos por los uniformados que, sin órdenes de cateo, se meten en los domicilios y encarcelan, sin fundar las detenciones, a sus moradores que, además, sufren violaciones sexuales de los militares.
 
En este contexto, los periodistas también son privados de sus vidas para que no informen sobre las actividades ilícitas de delincuentes y de la corrupción de funcionarios, cuyas cabezas son Joaquín Guzmán, el Chapo, y Calderón en los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial de las entidades locales y federales. Los reporteros les estorban por igual a narcotraficantes y calderonistas porque su periodismo de investigación exhibe los abusos de ambos.
 
El calderonismo (por boca del propio Calderón y la complicidad de editores y empresarios) pidió que los medios de comunicación no dieran a conocer a través de la prensa escrita, la televisión ni la radio, cuanto genera de información la guerra entre los delincuentes y los uniformados. El Chapo (al que el foxismo dejó huir) y los demás capos, con sus asaltos, crímenes y amenazas contra los medios de comunicación a veces implícita, a veces explícitamente, exigen que se autocensuren y no den a conocer las atrocidades sangrientas, los homicidios, los descuartizados y todos los crímenes que ejecutan los sicarios, el ejército sin uniforme de los cárteles. Esto quiere decir que los periodistas, reporteros en activo o que lo fueron, por el sólo hecho de haber sido periodistas, han sido asesinados por la negligencia e indiferencia de Calderón, por funcionarios que se deshacen de ellos y por la delincuencia organizada en los términos de que tanto peca el que mata a la vaca, como el que le agarra la pata.
 
En los casi 12 años de la derecha panista en el poder presidencial y otros enclaves políticos y económicos (para favorecer a banqueros, empresarios y patrones e inversionistas de aquí y de allá) han privado de la vida a más de 100 periodistas, específicamente reporteros, que en el cumplimiento de su deber profesional están dando la cara para informar a la opinión pública. Contralínea ha documentado de 2001 a lo que va de 2012 (entre homicidios y desapariciones forzadas contra periodistas) 109 casos, con el nombre del reportero y el medio de comunicación en que laboraba, en el reportaje de Mariela Paredes, en su edición 282, correspondiente al 29 de abril de este año.
 
De los más de 60 mil muertos por las balas de Calderón y su casi golpismo militar, y por los cuernos de chivo y los cuchillos de los delincuentes, están los 109 periodistas que por informar han sido asesinados. El Chapo Guzmán, sus cómplices y los amigos del narcotráfico, y Calderón con sus ejércitos militares y policiacos, son los únicos responsables de esa masacre que enluta sangrientamente a la nación. El policía Poiré, el quinto encargado de la Secretaría de Gobernación, ha dicho con cinismo que solamente están en actos de “contención” contra la delincuencia organizada y que por ningún motivo quieren acabar con ese “desafío” que es ya un gobierno de facto con el Chapo como presidente, contra un gobierno ilegítimo de Calderón, como otro presidente. El de Calderón es un gobierno fallido; el del Chapo, eficaz y expandiéndose territorialmente.
 
*Periodista
 
 
 
 
Fuente: Contralínea 289