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Aún con una producción aceitera disminuida, el próximo gobierno seguirá disfrutando de cuantiosos ingresos petroleros, pero tendrá que enfrentar retos que ninguno de sus predecesores tuvo en el pasado. Éste es el tema que desarrollaremos apoyándonos en los últimos datos sobre reservas y el potencial petrolero.
 
Primero hay que subrayar que, después de las enormes inversiones realizadas en el gobierno de Felipe Calderón, ya quedaron muy disminuidas las esperanzas en aguas profundas; desde luego, sin olvidar que se ha agregado a los activos la nueva provincia de ultrapesados y que permanece la incógnita de la zona fronteriza en el Norte del Golfo de México (aunque Caxa-1 fracasó). Pero el Golfo profundo ha dejado de ser el principal proyecto para mantener al país entre los grandes exportadores.
 
No está de más recordar que por los montos de inversión adelantados llegamos a llamar a ese proyecto la joya de la corona. En los días de la reforma energética, las proyecciones más delirantes esperaban producción aceitera para este mismo sexenio. La Secretaría de Energía llegó a plantear la perforación de 3 mil pozos.
 
Por otro lado, los proyectos de exploración y desarrollo de gas están hoy en grave predicamento ante el derrumbe de los precios, que en el momento actual oscilan alrededor de los 3 dólares el millar de pies cúbicos.
 
En esas condiciones es difícil que el próximo gobierno continúe las perforaciones en zonas del Golfo profundo, que la sísmica y las perforaciones han revelado como gaseras. No fuimos capaces de prever la nueva situación.
 
Además, están surgiendo nuevos problemas: el Senado de Estados Unidos está resistiéndose a aprobar el Acuerdo sobre Yacimientos Transfronterizos; el secretario de Energía del gobierno de Barack Obama ya ha formulado dos reclamos al Senado de aquel país urgiéndolo a ratificar el tratado en este año. El último, el  24 de abril pasado. En tales condiciones es improbable que el gobierno de México se atreva a emprender, sin socios extranjeros, la perforación de “Maximino” si el problema se prolonga. Lo más probable es que el nuevo gobierno acepte lo que le exijan, incluyendo reformas constitucionales que serían garantías suficientes para las petroleras yanquis.
 
Descartadas las aguas profundas, ¿ahora cuáles son las grandes apuestas? En primer lugar el complejo Ku Zaap Maloob (KZM). Petróleos Mexicanos le deja al próximo gobierno proyecciones en las que plantea la posibilidad de que, aunque iniciará su declive quizá este año, podría tener una declinación controlada, es decir una caída suave; sus proyecciones suponen que al final del siguiente sexenio, es decir en 2018, KZM continúe produciendo 627 mil barriles diarios.
 
Ello requiere una explotación racional, moderada, algo que nunca hemos visto en este país. ¿Pero existen en KZM reservas que respalden las proyecciones que el gobierno de Calderón herede a su sucesor? Desde luego, además se han descubierto extensiones de Maloob en tirantes más profundos, aunque de crudo más pesado.
 
En la Región Marina Noreste se han descubierto, entre 2004 y 2010, un paquete de 23 campos que constituyen el llamado Proyecto de ultra pesados Campeche Oriente, que comenzaría con Ayatsil-Tekel, de crudos de 10 grados y en tirantes de 120 metros. El siguiente gobierno tendría que comenzar ordenando la construcción en México (hay los patios en Tuxpan y Tampico) de plataformas de esas nuevas dimensiones que, si arrancan en 2014, para 2018 estarían produciendo más de 100 mil barriles diarios.
 
Un tercer gran proyecto es Cantarell. Su caída ya no se puede detener pero continúa produciendo. Sólo Akal produce 300 mil barriles diarios y el conjunto del complejo, más de 400 mil. No hay ningún campo gringo que produzca esos volúmenes. Pemex espera para 2018, al finalizar el siguiente sexenio, que aún aporte 240 mil barriles. En 2011 se descubrieron extensiones de Sihil, lo que otorga viabilidad a las proyecciones actuales.
 
Otro gran proyecto es el de crudos ligeros frente a Tabasco, ahora éste se fortalece con la explotación del complejo Tsmin Xux. Se espera su arranque con producción muy modesta: 2 mil barriles diarios en este 2012. En cuatro años, es decir en 2015, alcanzaría 100 mil barriles diarios, producción que podría mantenerse si detona la llamada Fase 3 de Crudo Ligero Marino, que incorporaría ligeros de 23 pequeños campos incluyendo algunos frente a Coatzacoalcos.
 
Finalmente, Calderón hereda al nuevo gobierno el proyecto Chicontepec, donde se insiste en la posibilidad de duplicar la actual producción, de 50 mil barriles diarios en los próximos seis años. Muchos respetables analistas lo dudan. La verdad es que ese conjunto ha mejorado su aporte, que hoy es igual a toda la producción cubana terrestre y marina.
 
Algunos creen que los retos en esa área son el desarrollo de nuevas tecnologías y desde luego sería absurdo negar rezagos, pero ese planteamiento oculta que desde hace tiempo los llamados laboratorios consisten en las pruebas para adecuar los ácidos y otros geles que se inyectan al subsuelo en la fractura hidráulica masiva. Esos métodos hoy están siendo cuestionados en muchos países. Es el llamado fracking que ha permitido la explotación de lutitas (shell gas). En resumen, en Chicontepec, los retos son ambientales: el envenenamiento de acuíferos y la destrucción de amplias áreas ganaderas y agrícolas veracruzanas, como ha ocurrido en el Sureste.
 
Dadas las tendencias políticas actuales es indudable que el próximo gobierno no resistirá las tentaciones rentistas y las presiones internacionales por ampliar, hacia las áreas de lutitas, los experimentos con el fracking, vía pozos horizontales, ya probados exitosamente en Chicontepec; aunque es muy prematuro hablar de reservas y potencial en las mismas.
 
Pero de lo que no cabe duda es que, aun cuando decline la producción, la renta petrolera seguirá siendo cuantiosa por lo que es necesaria su utilización más racional. No es un problema de optimismo o pesimismo, sino de vigilancia, de pedir cuentas constantemente y de reconocer que los recursos naturales no son eternos y que ha llegado el tiempo de las energías alternativas y de reformas para establecer nuevos esquemas de financiamiento del gasto fiscal.
 
*Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México