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Las mujeres son las más afectadas en las Áreas Tribales Administradas Federalmente de Paquistán, una zona de violencia extrema. Muchas de ellas han perdido hijos, esposos, hermanos. Las embarazadas deben sortear el periodo de gestación en peligro permanente de morir. La ocupación estadunidense profundizó la inseguridad y la violencia de género

 
Ashfaq Yusufzai/IPS
 
Peshawar, Paquistán. La “guerra contra el terrorismo”, lanzada por Estados Unidos y sus aliados en 2001, ha causado estragos en miles de mujeres del Noroeste de Pakistán, quienes sufren profundos problemas sicológicos.
 
“La prolongada guerra dejó secuelas en la mayoría de los residentes de las Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA, por su sigla en inglés), en especial en las mujeres”, indica el profesor Syed Mohammad Sultan, del departamento de siquiatría del Hospital de Clínicas de Khyber (KTH, por su sigla en inglés).
 
Ubicada entre las provincias paquistaníes de Khyber Pakhtunkhwa y Balochistán, en la frontera con Afganistán, las FATA están integradas por siete agencias (distritos tribales) y seis regiones fronterizas, con una población de 3.3 millones de personas, la mayoría de distintas tribus pastún.
 
“De las 15 mil personas originarias de las FATA tratadas por profesionales de KTH en 2011, 9 mil 833 eran mujeres”, dice Sultan a Inter Press Service (IPS). “Muchas de ellas perdieron familiares o amigos a manos del ejército o de combatientes del Talibán”, el movimiento islamista afgano, explica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que el año pasado se identificaron unas 451 mil 377 personas, entre ellas 345 mil 899 mujeres, con problemas sicológicos en las FATA.
 
El médico Jamal Shah, quien trabaja con la OMS, dice a IPS que los profesionales examinan a los pacientes de las FATA para identificar problemas sicológicos. Ello, porque muchos habitantes de ese territorio presentan tendencia a sufrir depresión por la pérdida de sus seres queridos y de sus propiedades.
 
“La mayoría de las mujeres tratadas en KTH reciben antidepresivos y tranquilizantes, además de terapia sicológica”, indica Sultan.
 
Mushtari Bibi, de 45 años y residente de la agencia de Waziristán del Norte, llegó al KTH con un trauma profundo debido a que un disparo de mortero que cayó en su casa mató a su hijo de 10 años. “Llora todas las noches y no se puede dormir hasta que no le dan un sedante”, relata.
 
Rekhana Bibi, de la agencia Khyber, dice que su hijo Abdul Salam, quien cursaba noveno grado, salió de su casa una tarde de enero y nadie volvió a verlo. “Al día siguiente encontramos su cuerpo acribillado tirado cerca de nuestra casa por desconocidos”.
 
Esta mujer de 49 años, quien recibe tratamiento en KTH, dice que su esposo también murió, hace dos años, cuando quedó atrapado en un fuego cruzado entre el ejército y los combatientes del Talibán.
 
El primer ministro Yousaf Raza Gillani declaró en conferencia de prensa en Islamabad que, desde 2005, unas 35 mil personas, incluidos 5 mil soldados, murieron a consecuencia del apoyo logístico y militar dado por Paquistán a la guerra.
 
Pero tras la muerte de 24 efectivos en ataques aéreos de Estados Unidos el 26 de noviembre de 2011, Islamabad cerró la frontera con Afganistán y reclamó una disculpa que, de forma deliberada, Washington se niega a dar.
El Comité Legislativo sobre Seguridad Nacional volvió a reclamar el 12 de abril una disculpa, misma que puso como condición para reabrir la frontera. El órgano también pidió el cese de los ataques con aviones no tripulados en las FATA, donde se cree que están escondidos los dirigentes del Talibán.
 
Según el Buró de Investigación Periodística, con sede en Londres, murieron más de 2 mil 500 personas en las FATA y áreas vecinas desde que comenzaron los ataques con aviones no tripulados en 2004.
 
Los ataques no hicieron más que empeorar los traumas de la población local, un destino turístico idílico hasta fines de 2001, cuando el Talibán comenzó a cruzar la frontera tras ser expulsado de Kabul por las fuerzas de la coalición encabezada por Estados Unidos.
 
Una vez oculto en FATA, el Talibán lanzó una campaña terrorista contra la población local, atentando contra comercios de música (www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=99471), edificios estatales y escuelas femeninas (www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=99915), lo que llevó al ejército paquistaní a lanzar incursiones militares en 2007.
 
“Nuestra gente está atrapada entre el ejército y el Talibán y eso hizo miserable la vida de la población común”, indica Salima Bibi, quien perdió a su marido y dos hijos por ese motivo.
 
La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) informó en un comunicado de prensa, divulgado el 30 de marzo, que más de 100 mil personas habían sido desplazadas desde enero, principalmente de la agencia de Khyber, debido al “aumento en la intensidad de los combates de los últimos tiempos”.
 
El campamento de refugiados de Jalozai, fuera de Peshawar, alberga a unas 62 mil 818 personas, según la ACNUR. “La mayoría abandona la agencia de Khyber y opta por vivir con amigos y familiares”, indica el comunicado.
La inestabilidad hace que las mujeres de las FATA no puedan participar en acontecimientos sociales como casamientos o ceremonias religiosas, que fomentan la cohesión en las comunidades tribales, según varios siquiatras consultados.
 
Médicos del estatal Hospital Sarhad para Enfermedades Siquiátricas, con sede en Peshawar, confirman que muchas mujeres de las FATA sufren depresión y ansiedad debido al deterioro de la seguridad y la violencia.
 
“El año pasado recibimos 49 mil pacientes, entre ellos 9 mil 432 mujeres de las FATA”, señala la siquiatra Naureen Wakeel. “Los problemas que padecen requieren un fuerte apoyo familiar y social, además de asistencia médica”, explica.
 
Lubna Hassan, presidenta de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Paquistán, estima que 50 por ciento de las mujeres embarazadas en las FATA sufren estrés, depresión y traumas.
 
“El mes pasado atendimos a 3 mil 455 mujeres embarazadas de diferentes áreas de las FATA y descubrimos que casi todas necesitaban asistencia sicológica”, indica.
 
“Las embarazadas no deben sufrir estrés para dar a luz niños sanos”, indica Hassan. “Estas mujeres, acostumbradas a estar en verdaderos hogares, ahora viven en tiendas de campaña o en refugios provisorios en escuelas debido a las actuales operaciones militares”, añade.