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Durante más de 50 años de conflicto en el País Vasco decenas de miles han sido torturados y presos; los heridos se cuentan por miles; los muertos, por cientos. La izquierda abertzale señala que no renunciará a su objetivo: la independencia. “Aún con el fin de la lucha armada de la ETA, continúa la criminalización de la cultura vasca. El gobierno español no detiene los intentos de aniquilamiento contra todo un pueblo”, explica experto en el tema

 
El puñetazo en los testículos dobló su cuerpo. Contaba con 19 años de edad. La inquina del golpe lo hizo entender que estaba solo y en estado de indefensión. El miedo se apoderó de él, aislado, sin ningún tipo de protección. Era marzo de 1998. Se encontraba en las instalaciones de la Policía Nacional española. Era el inicio de la tortura.
 
Afuera, la vida transcurría cotidianamente en las calles de Madrid, España. Adentro, las frías paredes de una celda, un catre sin colchón, un excusado. Él, incomunicado. “Los golpes que me daban los miembros de la Policía Nacional se intensificaban con el paso de las horas”, relata Katu Arkonada a Contralínea. Han pasado ya 14 años.
 
El exasesor del viceministro de Planificación Estratégica de Bolivia, Katu Arkonada, fue también uno de los más de 10 mil vascos torturados por motivos políticos desde el surgimiento de Euskadi Ta Askatasuna (ETA, País Vasco y Libertad,) hace más de 50 años.
 
Según datos y estimaciones de la organización vasca Euskal Memoria, publicados en 2011 en el informe preliminar Tortura más que números (provisionales), serían al menos 10 mil los torturados vascos en lo que va del conflicto armado. Las cifras completas aparecerán en un informe definitivo, el cual se presentará en próximas fechas.
 
De las 1 mil 610 detenciones por motivos políticos que se registraron durante el periodo que va de 2000 a 2010, en al menos 1 mil 123 casos los detenidos fueron incomunicados con base en la ley antiterrorista. Además de la incomu nicación, 732 denunciaron otro tipo de tortura y, de éstos, 532 interpusieron querellas legales contra quien los torturó. Es decir, el 46 por ciento de los detenidos fueron torturados. Si se utiliza la estimación de Euskal Memoria respecto de la detención de 35 mil personas en los últimos 50 años, se podrían contar por lo menos 10 mil vejaciones.
 
Sin embargo, la organización señala que apenas están censados 2 mil 500 de esos 10 mil casos. Por lo tanto, ahora se están buscando testimonios pueblo por pueblo en todo el País Vasco (Euskal Herria) de personas afectadas, con el objetivo de integrarlos al informe.
 
Además, Euskal Memoria indica que no es posible tener cifras concretas y definitivas sobre el número total de los torturados. Ello porque ha sido difícil “encuadrar temporalmente el ámbito de estudio: es hasta 1999 cuando la asociación Torturaren Aurkako Taldea (TAT) comienza a publicar informes anuales, convertidos en una fuente fiable de estudio”.
 
En el informe preliminar se explica que durante las décadas de 1960 y 1970 las detenciones eran masivas, pero en el contexto de la época franquista era difícil denunciar la tortura; por lo tanto, las cifras más confiables que se tienen son del decenio que va de 2000 a 2010.
 
De los 1 mil 610 detenidos, la media de edad es de 25 años; el 75 por ciento son hombres. Además, se calcula que de cada 100 mil habitantes, existen 2.6 casos de tortura, y que es Guipúzcoa la provincia con más denuncias por encima de Álava y Vizcaya.
 
Mientras que en el siglo pasado los detenidos eran torturados por supuesta colaboración o pertenencia a la organización ETA y sabotaje, en los tres años recientes ha crecido 64 por ciento el caso de torturados relacionados con organizaciones de la izquierda nacionalista (abertzale) como Segi y Ekin, así como activistas que luchan por la liberación de presos políticos.
 
A pesar de ser la Policía Nacional el cuerpo de seguridad que más detenciones hizo, es la Guardia Nacional quien más denuncias tiene: 85 por ciento de los detenidos por esa fuerza han denunciado actos de tortura. A su vez, la policía integral del País Vasco (Ertzaintza) también ha sido denunciada: al menos 15 casos de tortura a partir de 2009.
 
Los largos periodos de incomunicación son también un factor para aumentar los crímenes de este tipo, considerados de lesa humanidad, toda vez que el porcentaje de las personas cuyo periodo de incomunicación es mayor a tres días han hecho más denuncias.
 
“Los detenidos por pertenencia a banda armada, los detenidos por la Guardia Civil, los que sufren mayores periodos de incomunicación y los que ingresan a prisión” son quienes padecen el mayor número de torturas, concluye el informe.
 
No sólo la memoria histórica motiva dicha investigación, también una convicción política para “encarar las consecuencias del conflicto”, que permita conocer al detalle lo ocurrido desde hace 50 años, señala Euskal Memoria.
En el mismo sentido, Lorena Bilbao, de la asociación TAT, escribió en un artículo para la revista de Euskal Memoria que “la memoria es una herramienta eficaz contra la tortura. Lo es para acordarnos del familiar, amigo, vecino, compañero de la universidad o fábrica que secuestraron por cinco días y que, cuando volvió, ya no era el mismo”.
 

Muertos, presos y heridos

 
Dos días antes de su detención habían aprehendido a otros de sus compañeros en Vizcaya. La detención de éstos llevó a la autoridad española a la ubicación de Katu Arkonada en la capital, ya que la angustia por tener noticias de sus compañeros lo había motivado a ir a Madrid.
 
Se encontraba a una calle del edificio de la Audiencia Nacional cuando fue detenido bajo la ley antiterrorista. Los captores formaban parte de la brigada de información de la Policía Nacional. Lo golpearon brutalmente en la detención para ser llevado a las instalaciones de la Policía. Una vez allí le quitaron los aretes que portaba en las orejas y las agujetas de sus botas.
 
En 1998, la lucha callejera (kale borroka) se intensificaba en el País Vasco. Al mismo tiempo el juez Baltasar Garzón mantenía la doctrina de “todo es ETA”, y así justificaba el encarcelamiento de jóvenes que eran acusados de terrorismo: “En ese contexto se da la detención”, explica.
 
La cifra total de fenecidos en territorio vasco debido a la represión aparece en el informe Muertos, también de Euskal Memoria. Un total de 474 ciudadanos vascos han muerto debido al conflicto. Algunos fueron asesinados a manos de cuerpos armados legales o ilegales del Estado español, la administración vasca o internacional; otros han fallecido en accidentes o incluso hay quienes se han suicidado.
 
Los cuerpos armados a los que se les atribuyen asesinatos son, entre otros, la Guardia Civil con 119 y la Policía Nacional española con 82. También aparecen en la lista los Grupos de Liberación Antiterrorista con 27 muertes, la Ertzaintza con 16, el Ejército Español con nueve y a los grupos fascistas se les atribuyen cuatro.
 
 
De lo anterior se desprende que del total de muertos, en el 48 por ciento de los casos participaron cuerpos de seguridad españoles, mientras que en el 15.6 por ciento fueron grupos con ideología de derecha los responsables; el 12 por ciento murieron en accidentes. En el resto, intervinieron causas que van desde el exilio hasta la encarcelación.
 
El informe explica que desde el inicio del conflicto a finales de la década de 1950 y hasta 1975 se registraron 86 muertes. Sin embargo, fue el periodo entre 1980 y 1984 en el que más muertes se registraron, al contabilizar 123; seguido por las 88 acaecidas de 1976 a 1979. Entre 1985 y 2010 ocurrieron 177.
 
Entre las provincias más afectadas se encuentran Guipúzcoa con 139 muertes, seguida de Vizcaya con 104. A su vez, San Sebastián y Bilbao fueron las dos localidades que más decesos registraron: 90 y 80, respectivamente. De la primera localidad eran originarias 96 personas muertas y de la segunda 87.
 
De los muertos, 412 eran hombres y 62 eran mujeres. Además, el tiroteo fue la forma en que murieron más personas, se cuentan 165; mediante emboscadas, 57; y por enfermedad, 52. También se tienen 12 defunciones por tortura, aunadas a 11 suicidios, entre otras causas.
 
Por otro lado, se le atribuyen a ETA más de 800 muertes entre atentados y asesinatos selectivos; mientras que los muertos por las fuerzas de seguridad son, en su mayoría, civiles, los muertos imputados a ETA son políticos, policías y empresarios.
 
A pesar de que la estimación es de 35 mil detenidos en 50 años, la cifra documentada por Euskal Memoria arroja que son 21 mil 230 personas entre 1959 y 2010 sólo en el País Vasco. A esta cifra se tendrían que sumar las detenciones de ciudadanos euskeras en el exilio, como se documentó en la edición 254 de Contralínea.
 
Las detenciones se organizan por año y alfabéticamente. La primera que se documenta ocurrió el 22 de febrero de 1959 contra Antonio Abad Donoso, fusilado posteriormente. La más reciente es la de Joel Zurutuza, detenido por la policía francesa el 30 de marzo de 2010 y quien ya se encuentra en libertad.
El número de heridos es de 1 mil 158, según la misma organización. La cuenta empieza a partir del 14 de enero de 1960 con Francisca Bertiz Iparraguirre, atropellada por un vehículo que le fracturó las piernas. Termina con los golpes recibidos por Joseba Leizeaga a manos de la Ertzaintza el 20 de julio de 2010.
 
Entre las heridas se encuentran las provocadas por bala y proyectiles de goma, atropellos y golpizas, que dejan como consecuencias traumatismos cerebrales, craneales, costillas rotas, pérdida de alguno de los ojos, contusiones, y extirpación de testículos, entre otras. Tal como en el caso de Txuma Gómez de la Merced, ocurrido en Bilbao el 14 de septiembre de 2002: a causa del impacto de las balas de goma perdió los genitales.
 

Criminalización de la cultura vasca

 
En una de las visitas a la sala de tortura lo desnudaron. Colocaron sus pantalones de chándal sobre su cabeza, con ellos los ahorcaron y taparon la vista. De pie, comenzaron a darle vueltas. Con las palmas de la mano le pegaban en los oídos mientras lo interrogaban. El mareo provocó que perdiera la conciencia y cayera al suelo.
 
“No sé si a esta edad podría soportar la tortura que sufrí a los 19 años, aunque yo la considero suave. Tengo una amiga que ya está libre, pero en su momento fue acusada de ser novia del supuesto número uno de ETA: fue violada con una pistola. Otro compañero fue sodomizado con un palo de escoba”, recuerda.
 
Asier Altuna Epelde –miembro de la izquierda abertzale– comenta, en entrevista con Contralínea, que la represión no es exclusiva de los últimos 50 años, sino que se remonta a siglos atrás:
 
“Un ejemplo son los presos políticos que existen desde hace por lo menos 100 años; sin embargo, se han acrecentado de la mitad del siglo XX para acá.
 
“El Estado español tiene una crisis tanto económica como institucional, pero aun así, tiene que reconocer a los gallegos, catalanes y vascos que están ahí después de tantos años de lucha; nosotros [los vascos] no renunciaremos a la independencia nunca. Como primer paso, España tiene que reconocer nuestro derecho a la autodeterminación, por eso damos la lucha en el ámbito institucional, de masas e ideológico.”
 
 
En ese sentido, Katu Arkonada –diplomado en políticas públicas por la Universidad del País Vasco, asesor del viceministro boliviano, exinvestigador en el Centro de Estudios Aplicados a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales en Bolivia– comenta que existe una criminalización por parte del Estado español contra la cultura vasca. “A partir del fin de la guerra civil se pretendió hacer un exterminio contra todo un pueblo: el vasco; se prohibió cualquier expresión de identidad de nuestro pueblo, como el euskera [lengua vasca], que se enseñaba clandestinamente; se prohibió mostrar públicamente la ikurriña [bandera vasca]. Era un exterminio físico y simbólico de los vascos.”
 
Menciona que cuando murió Franco (1975) no terminó la represión contra ese pueblo y continuó a través de la figura del rey de España, con la creación de las autonomías, que pretendían apagar las reivindicaciones nacionales, y con la puesta en marcha de divisiones territoriales sin ninguna justificación.
 
“La represión y la guerra de baja intensidad se dan aún en tiempos de paz. Hace unas semanas en un partido de futbol del Atletic de Bilbao [equipo de origen vasco], la Ertzaintza comenzó a dispersar con balas de goma ?que están prohibidas en casi todos los países de Europa? a la gente que estaba celebrando pacíficamente la victoria de su equipo; le dispararon a un joven de 28 años en la cabeza, que en seguida quedó en coma y poco después murió. No hay muertos de ETA, pero los jóvenes siguen siendo asesinados por la policía.”
 
Agrega que el pueblo vasco sufre aún un intento de aniquilamiento político, económico y cultural que se expresa en varios sentidos; uno de ellos es el monstruo de policía que han creado, dice acerca de la Ertzaintza, la cual “fue entrenada por el Mossad”, la agencia de inteligencia de Israel.
 

Futuro político en Euskal Herria

 
Katu Arkonada era trasladado constantemente de la celda a la sala de tortura, donde lo interrogaban entre cuatro y cinco policías. “A veces los torturadores cumplían el típico papel del policía bueno y el policía malo; el primero me interrogaba amablemente e incluso me ofrecía tabaco, mientras que el otro jugaba en su papel violento.
 
“Tenían información de amigos con los que solía divertirme los fines de semana; con esto empieza la tortura sicológica porque saben cosas de ti y más cuando un compañero que no ha podido soportar la tortura y te ha implicado en alguna acción. Algunos me habían inculpado y otros se habían autoinculpado.”
 
—¿Cuál es tu relación con ellos?
 
—Yo entiendo la brutalidad de la tortura que sufrieron, pero todos siguen siendo amigos míos hasta el día de hoy.
 
El 16 de abril se firmó un acuerdo entre las principales fuerzas abertzales. La Izquierda Abertzale, Euskol Arkatasuna, Aralar, Alternatiba y Abertzalen Batasuna se comprometieron en un pacto político para el próximo 28 de abril en Irún, el cual tiene como objetivo unir fuerzas para trabajar por objetivos comunes: “[Que] el pueblo vasco sea una realidad aceptada y respetada en Europa”.
 
La propuesta política “progresista y de izquierda” que piensan seguir busca crear una estrategia nacional para un fortalecimiento del proyecto independentista en donde la sociedad vasca sea el motor principal del cambio en la política interior y exterior en el proceso histórico que se vive.
 
Altuna Eldepe considera que no se ha mostrado voluntad política del Partido Popular; sin embargo, “en el País Vasco ya están dadas las condiciones para que se dé un cambio sustancial y las respuestas multitudinarias en las calles son un respaldo y signo de eso”.
 
Menciona que el proceso histórico-político no se detiene a pesar de que el presidente español Mariano Rajoy no ha dado señales claras para un acercamiento entre las fuerzas políticas, el cual podría encaminar a la resolución del conflicto.
 
“En el mundo ya son varios los ejemplos que tenemos en los que los pueblos se encaminan a su autodeterminación: Escocia decidirá mediante un referéndum en 2014 si es válida la autodeterminación de su pueblo; en Bélgica, la comunidad de Flandes también pone sobre la mesa su derecho a la autodeterminación; por otro lado hay un proceso de integración entre las dos Irlandas. En España vemos hacia dónde se encamina el pueblo vasco: la independencia.”
 

Cara a cara con Garzón

 
La tortura sicológica era administrada por medio de sonidos. Le hacían escuchar agua cayendo en una bañera de un cuarto contiguo, y luego lo amenazaban con aplicarle el método waterbording o submarino, que consiste en introducir la cabeza del reo en algún líquido hasta provocarle la asfixia sin matarlo; también escuchaba cómo los policías cargaban las pistolas.
 
Siendo un muchacho todavía, fue trasladado del centro de tortura a la Audiencia Nacional acusado de terrorismo y sabotaje. Después de negar los delitos que le imputaban ante el juez Baltasar Garzón en su despacho, denunció la tortura que había sufrido. Garzón no lo escuchó. La denuncia nunca prosperó. “Tiempo después fui acusado por uno de los policías que me detuvo. Señalaba que le lastimé una pierna”.
 
Intentaban forzar a Katu Arkonada a firmar una declaración en la cual aceptaba su culpabilidad en delitos que no había cometido. Pasaron dos días sin que probara alimentos por el temor a que lo drogaran con la comida.
 
—¿De dónde sacaste fuerzas para no firmar?
 
—Soy honesto: no lo sé. Creo que depende mucho del momento personal y emocional de cada persona. Los que torturan tratan de derrumbarte emocionalmente jugando con tu mente. Mencionan a tu familia. En mi caso, decían que detendrían a mi novia, pero yo no les creía, por lo tanto no declaraba nada.
 
—Y al no declarar, la tortura se incrementó…
 
—Sí, pero puse un muro entre ellos y yo. Ya no importaba lo que me preguntaran: a todo decía que no. Me daban ganas de golpearlos para ver si me golpeaban más y terminaban todo ya.
 
El diagnóstico de tres días de tortura: equimosis múltiple en varias zonas del cuerpo y una denuncia que jamás llegó a juicio.
 
 
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FUENTE: Revista Contralínea 283 / 
06 de mayo de 2012
Contralínea 281