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Para las amigas Analí y Raquel, lectoras
 
Como pensador y como poeta, ¿pudo usted siempre reconocer claramente los rayos de su estrella?
 
Franz Liszt
 
De muy completa cultura, su estrella polar para viajar como pensador, escritor y combatiente por las libertades republicanas y democráticas, Heinrich Heine (1797-1856) tuvo como guía la obra de Immanuel Kant de quien escribió en su libro Alemania (editorial UNAM): “¡Atrás, fantasmas! Voy a hablar de un hombre cuyo sólo nombre ejerce exorcismo poderoso: me refiero a Immanuel Kant…”. Creador en la poesía del romanticismo universal, cantor del amor a la mujer (su continuador es Pablo Neruda), Heine, nacido alemán, se convirtió posteriormente en ciudadano europeo y, finalmente, en ciudadano universal.
 
Pensador en el más amplio significado de la Ilustración, enriqueció a ésta con su prosa magistral y sensuales versos como eterna primavera que atraviesa las demás estaciones y las pone sobre el fuego de las manifestaciones del amor.
 
Los traductores al español de sus obras son: Manuel Sacristán (Obras, editorial Vergara); Berit Balzer (Antología poética, Ediciones de la Torre); Román Setton (La escuela romántica, editorial Biblos); Jesús Munárriz (Alemania, un cuento de invierno, que es un poema clásico de carácter político, en edición bilingüe, editorial Hiperión); Manuel García Morente (Cuadros de viaje, edición bilingüe, editorial Austral); Luis Guarner (Libro de canciones, Noches florentinas y Espíritus elementales, Aguilar de Ediciones); y otros varios traductores (Sus mejores obras, editorial El Ateneo).
 
Heine sólo tiene un igual: George Gordon Byron (1788-1824). Son los dos remos del romanticismo. Heine escribe: “El cuerpo de mujer es el supremo/Cantar de los cantares: ¡qué primor!/En las bellas estrofas de sus miembros/Turgentes y divinos de color… Los botones de rosa de sus senos/cincelados están como canción/Y la nívea fisura que los parte/Es de un encanto arrebatador… El cuerpo de mujer es un poema/Y no un poema abstracto, sino canción/De carne y hueso y pies y corazón/Y ríe y besa con divinos labios/ Que riman con entera perfección… Oh, divina mujer/Sus miradas nos dicen/De feroces deseos: más sus labios curvados/Nos hacen la promesa/Con su dulce sonrisa/de inefables caricias e ignorados encantos”.
 
Heine dice ser el sentimiento que “se deja arrastrar por el encanto de la rima y la cadencia… Cada vez que te miro pasar eres como las rosas que cuentan cuentos perfumados y es que ella se muestra ardiente y luminosa/Contempla el cielo y vierte su mejor perfume, tiembla, se estremece y llora/Por las ansias de su amor”. Son canciones eternas para sentir, soñar e imaginar: “Tu blanca mano quisiera/Besar con mi ardiente boca/Y humedecer con mis lágrimas/tus dedos de nieve y rosa”. En su encantadora fantasía, los imposibles ensueños, deseos y anhelos… son posibles. “No me amas, no me amas/Pero eso no me importa a mí/Pues con sólo mirarte al rostro/Más alegre estoy que un rey”.
 
Ficha bibliográfica:
Autor: Heinrich Heine
Título: El libro de las canciones
Editorial: Aguilar de ediciones
 
*Periodista
 
 
[TEXTO PARA TWITTER: Henrich Heine, poeta del romanticismo, sus versos del siglo XIX son para siempre]