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Otro de los saldos de la ocupación estadunidense en Afganistán es el déficit en libertades de prensa y de expresión. Prácticamente no existen aunque una de las promesas occidentales antes de la invasión fue la promoción de todos lños derechos humanos

 
Giuliana Sgrena/IPS
 
Kabul, Afganistán. Este país se convierte rápidamente en una de las naciones más peligrosas para el trabajo de periodistas locales y extranjeros. Sólo en la última década, 16 reporteros fueron asesinados y nadie fue llevado a la justicia por esos casos.
 
El silencio del presidente de Afganistán, Hamid Karzai, frente a tal impunidad es también causa de preocupación para los defensores de la libertad de prensa.o
 
Después de la caída del movimiento islamista Talibán y la llegada de las tropas extranjeras en 2001, este país experimentó un “auge de medios”, con la proliferación de imprentas y radiodifusoras.
 
Afganistán tiene 200 medios de prensa escrita, 44 estaciones de televisión (25 de las cuales están en Kabul), 141 estaciones de radio y ocho agencias de noticias.
 
Pero este incremento no ha hecho nada para mejorar la libertad de prensa, ya que la mayoría de esos medios están relacionados con el gobierno, con señores de la guerra o con el poder económico, ninguno de los cuales permiten a los periodistas desempeñar su tarea adecuadamente.
 
A esto se le añade la censura impuesta por el Talibán. El movimiento islamista condena, por ejemplo, la difusión de cualquier imagen con desnudos.
 
Además, los periodistas trabajan en un constante ambiente de guerra, lo que dificulta su tarea.
 

Propagada censura

 
Nazir Fayaz, periodista de 34 años que trabaja desde hace años en Ariana TV, fue obligado a renunciar hace tres meses por una disputa con el embajador de Irán.
 
Durante una entrevista, el diplomático iraní acusó al pueblo afgano de “aceptar la ocupación extranjera”, una declaración que Fayaz criticó abiertamente.
 
Como su dura respuesta al embajador fue transmitida a todo el país, Fayaz fue encarcelado durante dos días, y la embajada de Irán y el gobierno afgano lo presionaron para que renunciara.
 
Ahora, el reportero recibe amenazas telefónicas no sólo de la sede diplomática iraní sino también “del gobierno, de señores de la guerra, de traficantes de drogas y del Talibán. Es muy arriesgado ser periodista en Afganistán”, dice Fayaz a Inter Press Service (IPS).
 
“No hay libertad de prensa porque todos los medios están en manos de señores de la guerra, de la mafia y de los bancos. La censura es aún más fuerte en los medios del gobierno. Ariana TV era independiente hasta que su dueño, el afgano-estadunidense Ehsan Bayat, se convirtió en senador”, añade.
 
Fayaz ahora considera abandonar completamente el periodismo y convertirse en un activista de la Comisión Afgana Independiente de Derechos Humanos, pues dice que “no hay posibilidades de hacer un trabajo honesto en los medios” de ese país.
 
Cree que el trabajo de la prensa es clave para traer paz al país, pero “si no hay libertad de expresión, el resultado será el opuesto”.
 
Algunas provincias del Sur y del Este de Afganistán, como Helmand, Ruzgan, Paktika y Farah, son inaccesibles para los reporteros.
 
El 22 de febrero fue hallado en Urgun, en la Sudoriental provincia de Paktika, el cadáver decapitado de Sadim Khan Bhadrzai, quien había sido secuestrado la noche anterior. Khan era el gerente de la popular radio local Mehman-Melma. Se trató del último de una serie de asesinatos contra trabajadores de la prensa en los últimos años.
 
Cada año hay cientos de casos de violencia contra periodistas, la mayoría de ellos en Kabul, Herat y Helmand.
 

Mujeres en riesgo

 
Mientras, las mujeres periodistas aparecen más expuestas a las amenazas. En 2007, Zakia Zaki, propietaria de Radio Peace en Kandahar, fue asesinada cuando dormía con su hijo pequeño.
 
Pero a pesar de los peligros, muchas mujeres periodistas no desisten.
 
Najeeba Feroz es una resuelta periodista de 24 años que trabaja para el servicio afgano de la cadena británica BBC, que transmite en persa y pashtún. Su oficina, en el centro de Kabul está bien protegida rodeada de guardias armados.
 
Feroz se recibió en la Universidad de Kabul y trabajó en varios medios "independientes", tanto escritos como de radio y televisión, entre ellos Tolo TV, pero se frustró ante la falta de real autonomía para informar y del fuerte control político sobre todos los medios.
 
“La única opción que tienes es elegir entre la censura (impuesta) o la autocensura. Es por eso que me pasé a la BBC”, dice a IPS.
 
Aquí “verificamos todas nuestras fuentes y no nos preocupamos si tenemos que informar sobre corrupción en el gobierno o de los señores de la guerra, mientras lo que informemos corresponda con la realidad”, aseguró.
 
Pero Feroz, como muchos otros periodistas, ahora quiere dejar el país.
 
“Después de trabajar tres años (en la BBC) tenemos la oportunidad de pasar un año fuera. Es una buena oportunidad, pero después de eso regresaré a ayudar a mi pueblo”, dice la periodista, quien se dedica en especial a cubrir temas relacionados con mujeres, no siempre atendidos en los medios.
 
La senadora Belqis Roshan, también una intrépida periodista, explica a IPS que viaja por la provincia de Farah reuniendo historias sobre violencia contra las mujeres y llevando la voz de las víctimas al Senado: “En Farah no tenemos ningún medio” [de prensa], dice.
 
Afganistán posee una tasa de analfabetismo del 72 por ciento, por lo que la televisión y la radio son las vías más efectivas de difundir noticias en ese país.
 
 
 
 
 
 

FUENTE: Revista Contralínea 282 /
29 de abril de 2012
Contralínea 281