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Los Seals, una suerte de kaibiles de la marina estadunidense, han resultado eficaces para destruir “enemigos” con pocos daños colaterales y, “esperanzadoramente”, con mucho menos recursos de los que implicaría una intervención tradicional de tropas. Ahora Estados Unidos afina la diseminación de estos comandos en zonas donde los intereses de ese país están en riesgo. América Latina, entre las regiones contempladas para la operación de los efectivos militares antiguerrilla y antiterrorismo más sofisticados

 

Antonio Paneque Brizuela/Prensa Latina
 
Una reciente operación comando para liberar a rehenes occidentales en Somalia estimuló el interés de analistas respecto a una suerte de minimización de ataques estadunidenses en el extranjero.
 
Distintas fuentes coinciden en que ese tipo de acción, mediante “supersoldados”, en el país africano integrará en lo adelante una filosofía global de menos recursos para alcanzar “ciertos” objetivos militares de Estados Unidos.
 
Se trata de lograr esos propósitos con pocos hombres y sin grandes gastos que, aunque casi nunca importan mucho cuando se trata de “eliminar” al enemigo, afectan al ya no tan pasivo y anodino “contribuyente” estadunidense.
 
El rescate, a fines de enero de 2012, de la estadunidense Jessica Buchanan y del danés Poul Thisted, ambos especialistas en teorías sobre esa institucional “economía de medios”, entusiasmó a estudiosos y expertos militares: comprobaron que el grupo empleado en la localidad norteña somalí de Galcayo fue el mismo que mató a Osama bin Laden, en Pakistán, en mayo de 2011.
 
La acción-relámpago promovió asertos y especulaciones respecto a que el nuevo uso de los mismos comandos de siempre cuenta con un creciente respaldo del alto mando estadunidense.
 
Pero lo novedoso no es ni el “método” ni las también llamadas tropas Seals de la Secretaría Armada de Estados Unidos –cuerpo de elite cuyo acrónimo se forma de sea (mar), air (aire) y land (tierra)–, sino los fines estratégicos con que se les piensa utilizar ahora en el resto del mundo.
 

Tesis sobre “economía de medios”

 
En el artículo Rescate en Somalia indica futuras acciones de comandos de Estados Unidos, los periodistas estadunidenses Kimberly Dossier y Robert Burns actualizan anteriores enfoques sobre el asunto.
 
Los analistas de la agencia Associated Press (AP) coinciden en que “el asalto del comando especial de la Armada estadunidense, en Somalia, es representativo de la nueva política del gobierno de Barack Obama”.
 
Dossier y Burns, indican en su artículo, un anterior compromiso de Obama acerca de “una fuerza militar más pequeña y ágil, capaz de realizar operaciones contraterroristas quirúrgicas para golpear al enemigo”. Los reporteros observan las ventajas de esas operaciones en comparación con el despliegue de las invasiones a Irak y Afganistán, “que le han costado a Washington tanta sangre y recursos durante el decenio pasado”.
 
Agregan que “el contraste con una invasión es claro: un comando pequeño y audaz asalta un campamento pirata en una noche oscura, mata a nueve secuestradores y se lleva a los rehenes a puerto seguro”.
 
La forma en que ocurrieron los hechos en Somalia parece darles la razón a Dossier y Burns, pues el operativo solo duró algo más de 60 minutos y encontró escasa resistencia entre los secuestradores.
 
Los comandos descendieron en paracaídas desde helicópteros Black Hawk del Ejército y avanzaron a pie hasta el campamento. Se dice que un secuestrador disparó y fue sometido. No hubo prisioneros.
 
 

Algo mejor que invasiones

 
Dossier y Burns coinciden en que se espera para los próximos años nuevos anuncios oficiales de Washington sobre mayores inversiones respecto a esos equipos de tropas especiales.
 
Las fuerzas entrenadas para misiones clandestinas –explican– han adquirido mayor prominencia desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, que fueron tomados como pretexto para desatar la guerra aún en curso en Afganistán.
 
Para concederles a sus afirmaciones un carácter más diverso, cosmopolita y hasta científico, los autores citan aportes de otros colegas destacados en distintas latitudes:
 
“Los periodistas de The Associated Press, Lolita Baldor y Julie Pace, en Washington; Jason Straziuso y Katharine Houreld, en Nairobi, Kenia; y Jan M Olsen, en Copenhague, Dinamarca, contribuyeron a este trabajo”.
 
Con ese apoyo, los gestores de esta suerte de “artículo-estudio” citan a “dos fuentes estadunidenses” que hablaron bajo la condición de anonimato “por tratarse de una misión secreta”, para concluir que “[…] después de planes y ensayos, el Equipo Seal 6, cuyo nombre oficial es Grupo Naval de Desarrollo de Operaciones Especiales, realizó el rescate en Somalia”.
 
Otros analistas estiman que las misiones Seals ayudan “a amortiguar el golpe” de los recortes para gastos de defensa solicitados por la Casa Blanca.
 
Pero lo que sí es innegable es la sensación que generan esas acciones exitosas en la opinión pública estadunidense, en contraposición con las bajas constantes, por ejemplo, en Afganistán.
 

¿Cuál será la próxima misión?

 
El Comando de Operaciones Especiales se creó en la década de 1980, tras el fallido intento de rescate de los rehenes estadunidenses en la embajada de ese país en Irán.
 
El concepto de entonces se basaba en una tarea muy específica en cuanto a la protección de ciudadanos estadunidenses en el extranjero, sobre todo de aquéllos con vínculos con el gobierno.
 
El objetivo no tiene por qué haber cambiado, pero la acción de Washington hacia el exterior sí evolucionó después del 11 de septiembre de 2001, hacia un mayor protagonismo de esos pequeños grupos comandos contra entes “terroristas”.
 
Esa estrategia invasiva a gran escala llevó a implementar operaciones con el pretexto de capturar y ajusticiar a enemigos como Bin Laden y Sadam Husein.
Pero a Bin Laden no lo mató una invasión, sino un comando especial. Entonces, ¿cuáles serán ahora las misiones de los halcones-Seals y en qué “oscuro rincón”?
 
La respuesta (o al menos parte de ésta) la ofrece el jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, cuyo nombre no fue revelado, aunque sus declaraciones recorrieron el mundo hace unos días: las Fuerzas Especiales, que rastrearon y mataron a Osama bin Laden, en Pakistán, tendrán mayor agilidad, rapidez y flexibilidad para expandir sus operativos a otras zonas de América Latina, Asia y África.
 
Regiones en donde hasta ahora sus actividades habían sido limitadas, pues debían pasar por las vías de aprobación que exige el Pentágono. El nuevo panorama de acción en ellas encaja con la nueva doctrina de defensa de Estados Unidos.
 

Los “tipos” más duros del mundo

 
Los comandos Navy Seals son una sección de elite de la Marina de Estados Unidos cuya preparación, destinada, de acuerdo con sus instructores, a “la guerra más sucia posible”, pocos pueden lograr y muchos menos terminar.
 
El término Seal es un acrónimo de sea, air y land (mar, aire y tierra), ya que un comando bajo ese nombre tiene que estar preparado para operar (lo que casi siempre significa “matar”) en cualquiera de esos tres espacios.
 
Los instructores de esa fuerza la califican como “el cuerpo de operaciones especiales más duro del mundo”, para la lucha contra guerrillas y grupos terroristas.
 
Un candidato a comando Seal debe pasar ocho meses en un campo de entrenamiento de la Isla Coronado, en San Diego, Estados Unidos, cuya sigla en inglés lo explica todo: BUD (Basic Underwater Demolition o Demolición Submarina Básica).
 
Entre las divisas que se les inculca a los reclutas hay una principal: “El dolor es temporal. El orgullo dura toda la vida”.
 
El entrenamiento tiene tres fases con una duración de 10 semanas cada una y antes de terminar la primera, el 95 por ciento de los candidatos ya ha renunciado o ha sido expulsado.
 
Se enseñan técnicas de navegación a ciegas, colocación de explosivos marinos y terrestres, manejo de todo tipo de armas y trucos para el camuflaje. Antes de ganar el símbolo de legítimo Seal, el distintivo dorado conocido como Budweiser, el recluta, que tiene que ser varón de hasta 28 años, cumplirá durante seis meses otras pruebas.
 
Entre esos requisitos figuran nadar 1 mil metros en menos de 12 minutos, correr 3 kilómetros en menos de 11 minutos y vencer criterios superiores de buceo a pulmón libre, agudeza visual, presión arterial y volumen pectoral.
 
Los primeros Seals se remontan a 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, con las Unidades de Combate y Demolición de la Armada (Navy Combat Demolition Units) para “limpiar” playas y crear zonas libres para el desembarco.
 
La idea de crear ese cuerpo dentro de la Armada surgió en 1960, porque ya los demás cuerpos militares tenían sus propios grupos elites.
 
De acuerdo con documentos revelados después, el fracaso estadunidense en 1961, en Bahía de Cochinos, Cuba, llevó al entonces presidente John F Kennedy a la creación de una fuerza de choque exclusiva.
 
En 1962 fueron fundados dos grupos especiales Seals (uno para el Pacífico y otro para el Atlántico) con una orden tajante: “Ser seleccionados, cuidadosamente, bajo el criterio de la mayor agresividad y determinación”.