Autor:

Miguel López Ortigoza*
Por fin, después de cumplirse más de cuatro meses de carecer de titular, la Secretaría de Educación Pública (SEP) tiene un representante que simulará ser la cabeza de la dependencia, al igual que los anteriores de este sexenio calderonista (Josefina Vázquez Mota y Alfonso Lujambio): como sus predecesores, José Ángel Córdova Villalobos no cuenta con experiencia en el ramo educativo.
Detrás de ese hombre, que ante los medios de comunicación demuestra su fidelidad y obediencia al Ejecutivo federal, existe un ser que gusta de viajes obsoletos para la dependencia que representa, pues nunca se vio una producción que impactara favorablemente en la salud de los mexicanos, pero eso sí, sus viajes los realizó con un gran gusto por las comodidades lujosas (Contralínea, 257 http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2011/10/30/cordova-villalobos-suntuosos-viajes-con-cargo-al-erario/).
El devenir histórico de la SEP se ha desarrollado en un transitar de servidores públicos sin experiencia pedagógica, que ocupan el puesto de secretario, sin tomar en cuenta que esta SEP es de gran importancia en la vida pública de México. En los últimos 40 años no ha existido uno que realmente dé solución a las problemáticas educativas a nivel nacional y que las pondere en el justo valor de la educación.
La historia nos remite por lo menos a tres grandes educadores y en su momento secretarios de Educación, quienes ofrecieron propuestas concretas, específicas y que fueron una realidad en el ámbito educativo: es imposible olvidar la labor del primer secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes (1905-1911), Justo Sierra Méndez, también conocido como el maestro de América, por el título que le otorgaron varias universidades de América Latina. Cito algunas de sus aportaciones: propugnó por la autonomía de los jardines de niños; dio a la educación primaria el carácter de nacional, integral, laica y gratuita; fue decidido promotor y fundador de la Universidad Nacional de México, hoy la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
De igual forma son las valiosas aportaciones del fundador de la SEP y, a su vez, secretario de Educación, José María Albino Vasconcelos: instauró programas de instrucción popular, edición de libros, promoción del arte y la cultura; fue autor del escudo y el lema de la UNAM y rector de ésta.
Es importante señalar también la labor de Jaime Torres Bodet. Dentro de sus grandes aportaciones se encuentra el programa de alfabetización; creó el Instituto de Capacitación del Magisterio; organizó la Comisión Revisora de Planes y Programas; construyó la Escuela Normal para Maestros y el Conservatorio Nacional de Música de México; fundó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos; y promovió la construcción del Museo Nacional de Antropología y de Arte Moderno. Fue secretario de Educación Pública de 1943 a 1946, y por segunda ocasión de 1958 a 1964.
Realmente la SEP necesita un secretario que conozca la realidad nacional del sistema educativo y no sirva únicamente para palomear las boberías de la secretaria del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, y su camarilla (Carlos Órnelas, Educación, colonización y rebeldía, la herencia del pacto Calderón-Gordillo, Siglo XXI, México, 2012).
Propongo un perfil del secretario de Educación Pública del próximo gobierno, (independientemente de quién gane las elecciones).
1. Sólida formación académica en educación, y grado de doctor en educación como mínimo.
2. Amplia experiencia en el transitar educativo: haber recorrido los colectivos desde educación básica hasta superior, ya que desde esta perspectiva contaría con un amplio panorama del sistema educativo nacional.
3. Conocimiento de la problemática de los docentes y los planteles educativos.
4. Probidad para promover y vigilar los recursos asignados a las instituciones educativas de los diferentes niveles académicos.
5. Amplio conocimiento de la didáctica y la planeación educativa.
6. Designado luego de una terna propuesta por el gremio docente magisterial, a nivel nacional de los diferentes niveles educativos (educación básica, media superior y superior).
7. Interesado en la creación de una política educativa que promueva y desarrolle una nueva ley general de educación.
8. Comprometido con el cambio rotatorio, bajo el amparo de la ley del secretario del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE.
9. Independiente de los intereses de la secretaria vitalicia del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE.
10. Experimentado en gestión educativa.
En conclusión, México necesita un verdadero secretario de Educación Pública, con un conocimiento profundo de la realidad educativa nacional, una persona (hombre o mujer) creativo, innovador; pero, sobre todo, humano, demasiado humano, que tome en cuenta a los profesores como lo que son y no como mercancía política que se vende al mejor postor. Que tenga la claridad y la capacidad para desarrollar reformas por el mejoramiento de la educación, pero con el consenso de los maestros. Las reformas deben ser producto del diálogo, la apertura y la discusión académica seria. Tampoco se puede tener un secretario que explica una realidad a medias, a través de un documental (De panzazo) del terror y la admiración creado por sujetos al servicio del monopolio televisivo que tanto daño han causado al país.
* Sicólogo educativo, candidato a doctor en enseñanza superior y profesor investigador de tiempo completo en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

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