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Mi estimado y querido compadre Antonio O’Farril me hizo el favor de enviarme, desde Monterrey, un escrito muy interesante en esta época. Es un estudio que el sociólogo Manuel Pedro Figueroa, con un máster por la Universidad de Cambridge y quien realiza trabajos para los gobiernos de Irlanda y de Escocia “sobre ciudades latinoamericanas de alto impacto en inversiones,” reflexiona sobre lo que sucede en el estado.
 
Sócrates A Campos Lemus 
 
“Le perdimos el miedo a la inseguridad, aprendimos a vivir con ésta.
 
“En una entidad en la que más de 3 mil autos son robados cada mes, una gran cantidad de estos robos (en promedio un 15 por ciento) se realizan con lujo violencia, es decir, ladrones que apuntan con un arma al conductor. La ciudadanía ha dejado de salir y circular. ¿Qué ocurre?, ¿por qué Monterrey sigue fluyendo?”. El sociólogo explica que la razón es porque Monterrey es una joya.
 
 “Nuestros estudios indican que en la peor época, en Monterrey se redujo en un 30 por ciento la circulación vial, principalmente después de las 09:00 de la noche.
 
 “Hoy en día, los restaurantes afectados por la crisis se han recuperado al 75 por ciento de la afluencia, los espectáculos disfrutan de buena audiencia y sitios como la Arena Monterrey o el Auditorio Banamex, tienen un 85 por ciento de entradas totales aseguradas”. ¿Qué hace diferente a Monterrey de otras ciudades? Figueroa señala que “ciudades como Nuevo Laredo vieron reducida la afluencia de personas en las calles hasta en un 82 por ciento, entre 2006 y 2007, cuando la crisis de inseguridad fue más intensa […] Morelia, Michoacán, tuvieron una reducción del 46 por ciento en la afluencia de ciudadanos en las calles o en los centros de diversión y de servicios […] Hay ciudades de Guerrero en donde la afluencia ha descendido hasta en un 73 por ciento” ¿Y por qué en Monterrey nunca vimos una ciudad fantasma? Figueroa señala que la razón es por su situación cultural, dado que los ciudadanos se adaptan a todo: “Se han adaptado al clima, para comenzar, es una ciudad con el peor clima y con mayor población, es decir, es un lugar con un mal clima que tiene una mayor concentración de ciudadanos […] Seas de Monterrey o inmigrante, para quedarte en la ciudad te has tenido que adaptar a prolongadas sequías, inundaciones, calores secos de más de 40 grados, fríos intensos, a muy pocos lapsos de tiempo con temperaturas agradables […] De allí se desprende una manera de vivir, que tiene que ver con adecuarse a lo que venga, por muy negativo que sea”. Y es verdad, los regios, son recios, valientes, dúctiles.
 
Añade que “las encuestas van a pasar de moda pronto, son estudios cuyo fundamento científico ya no impacta en Europa, esta clase de estudios profesionales, como el que hicimos en Monterrey revela con mayor claridad el pulso urbano”. De acuerdo con Figueroa los resultados son:
 
1. Los ciudadanos ya consideran el robo de su automóvil bajo amenaza de violencia como una variable similar a la de un accidente vial. Cuando una mujer llama al esposo, al papá, a una persona de confianza, para avisar que le han robado el carro a punta de pistola, éste le pregunta de inmediato “pero, ¿estás bien?, y luego de que la respuesta es afirmativa, el hombre simplemente dice “ah, bueno, menos mal, llama al seguro”.
 
 2. La población ha aprendido a sacarle la vuelta a los problemas, a las patrullas de policía; si llega un elemento uniformado a comer al mismo sitio, simplemente piden la cuenta y se van al restaurante de al lado. Una de las frases que más han repetido en todos los encuentros y en charlas, es un regiomontanismo que dice “no te metas en broncas”.
 
 3. La gente ya sabe que al escuchar disparos, debe tirarse al suelo y no preguntar nada.
 
4. Los ciudadanos no ocupan demasiado tiempo en lamentarse por la falta de policías buenos. Simplemente los ignoran y no los buscan.
 
 5. La ciudadanía se sienten más segura cuando más militares y marinos ve en las calles.
 
Figueroa habla de los riesgos: “La buena noticia es que en Monterey se puede invertir, porque la gente sigue yendo a trabajar y a consumir a un ritmo igual que antes de la crisis de inseguridad”.
 
“El riesgo radica en que la ciudadanía se ha vuelto muy fría y poco solidaria. Nadie hace algo por defender a la mujer a la que están robando el automóvil a punta de pistola, porque les parece que es algo como un choque: ya vendrá el seguro, ya le repondrán el carro, lo importante es seguir”.
 
“La gente piensa primero en ponerse a salvo, como el síndrome de la despresurización de los aviones. Primero se ponen la máscara y luego piensan en ayudar”.
 
También afirma que la buena noticia es que Monterrey no se detuvo. Lo preocupante es que se ha vuelto una ciudad más fría.
 
Y tendríamos que decir que en general en el Norte, y en especial en Monterrey, las raíces se encuentran en los colonizadores, en los “marranos”, que fueron expulsados por la Corona y el catolicismo en la época de la Colonia, y que tuvieron que sobrevivir. Lo llevan en sus genes son vitales en la sobrevivencia y recios en las inclemencias. Supieron que la solidaridad entre los desiguales era básica para sostenerse en pie, por desgracia, el día de hoy, se van desuniendo, los lazos solidarios no existen y se rompen. Los famosos “empresarios de Monterrey” ya no lo son, sus descendientes han vendido sus empresas por comodidad y pereza, por inseguridad, por falta de formación de líderes empresariales y, esos descendientes, solamente son holgazanes que gozan de la riqueza acumulada por años de esfuerzo, trabajo y voluntad. Hoy, los regios pierden empresas y solidaridad, son fríos y distantes, están indefensos, tristes, aislados y acobardados.
 
 

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